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- María nos invita a construir – Encuentro de los niños con el Obispo
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Fiesta del Divino Niño Jesús en Morón Sur MC900431561[1]
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Una forma de ayudar MC900431561[1]
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Asamblea de Catequesis – La Iniciación Cristiana en Estilo Catecumenal MC900431561[1]
                                                                                             

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Nuestra Diócesis

 

María nos invita a construir

 

Encuentro de los niños con el Obispo

 

Sábado 8 de septiembre, a las 10.00 hs.

 

Se invita a los niños en proceso de catequesis que recibieron o recibirán a Jesús Sacramentado este año.

 

En el Colegio María Auxiliadora. 25 de mayo 472, Morón

 

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Parroquia San José de Morón Sur

Av. Félix Burgos 1100, Morón - 4696-5250

 

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Fiesta del Divino Niño Jesús
 

Domingo 2 de septiembre

 

10.00 hs. Santo Rosario y Procesión

 

11.00 hs. Santa Misa

 

Compartir a la canasta

 

Convivencia con niños de 1ra. Comunión y Día del Niño.

 

La comunidad parroquial invita al rezo de la Novena, todos los días a las 18.00 hs., hasta el 1º de septiembre, en el Templo, Av. Félix Burgos 1100, Morón - 4696-5250.

 

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Sobre la Devoción a la
Santa Infancia de Jesús

 

La devoción al Divino Niño data desde muy antiguo y está fuertemente arraigada en la religiosidad del cristianismo. Su esencia ha conquistado las almas desde los albores de la fe, a partir del anuncio de los ángeles a los pastores de Belén.

 

La Iglesia dedica al Niño Jesús celebraciones especiales desde siglos atrás, especialmente en diciembre y enero recordando acontecimientos de su infancia y adolescencia.

Asimismo en los pesebres hogareños y de templos, vemos al Redentor hecho Niño, Dios Hombre, pobre y desvalido.

 

Jesús mismo, en su prédica, exaltará la sencillez y pureza de corazón de los niños, como condición para entrar en el Reino de los Cielos (Mt. 18.3).

 

El inicio del Evangelio de Juan nos señala la genealogía de Cristo ubicándolo en el tiempo histórico y expresa el origen divino: “Y el verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros”. (Jn. 1,14).

El misterio de la Encarnación se funde en el íntimo diálogo de la Santísima Trinidad. En el Espíritu Santo, el Padre llama a su Hijo a asumir un cuerpo de hombre para re-crear la humanidad caída. Enorme contradicción entre el Verbo de Dios (creador, inmortal) y la carne del hombre (creado, mortal). En una lógica desconcertante, Cristo asume la debilidad y la limitación de un Niño, cuya ternura ha conquistado los corazones de los cristianos.

    

La devoción de la Santa Infancia de Jesús se inicio con los peregrinos llegados a Tierra Santa.

 

La Orden del Carmelo vivió y propagó la devoción a los misterios de la Infancia de Señor.

 

San Francisco de Asís (1181-1226) fue iniciador de la hermosa costumbre de representar plásticamente el Pesebre o Nacimiento, construyendo uno de tamaño natural en la gruta de Greccio en la Navidad de 1225.

     

El gran franciscano San Antonio de Padua (1195-1231) tenía una profunda devoción al Niño Jesús, quien se le aparecía con frecuencia y dialogaba con él en alegre y santa sencillez.

De la misma manera gozó de estas visiones San Cayetano (1480-1547), fundador de los Teatinos, por lo cual se lo representa a estos dos santos con el Niño Jesús en los brazos.

 

Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y San Juan de la Cruz (1542-1591), los reformadores del Carmelo, tanto en su labor apostólica como en sus escritos, difundieron la devoción al Niño Jesús.

Como corona excelsa de tantos devotos, surge la figura de otra flor del Carmelo, Santa Teresita del Niño Jesús (1873-1897), creadora del “Caminito de la Infancia Espiritual”, síntesis de amor, entrega, ternura, disponibilidad y confianza en Dios, semejante al niño que descansa confiado en los brazos de su madre. Teresita de Lisieux decía: “¡Oh Niño Jesús, mi único tesoro! Yo me abandono a tus divinos caprichos. No quiero otra alegría que la de hacerte sonreír. Imprime en mi tu gracia y tus virtudes infantiles”.

 

(Gracias a Romero Selvetty por el aporte)

 

 

 

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Caritas Diocesana
Tel./fax: 4483-3154    Email: moron.caritas@speedy.com.ar

 

Una forma de ayudar

“Con 5 me das una mano”

 

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En memoria del nacimiento de la Madre Teresa de Calcula, el 26 de agosto se conmemoró el Día Nacional de la Solidaridad.

 

Caritas siente que la Solidaridad se construye a diario y es por eso que lanza la campaña “Con 5 me das una mano” para generar una acción solidaria entre todos.

 

Como es una campaña que se difunde por redes sociales y otros medios electrónicos, invitamos a sumarse también, enviando este mail a sus contactos, amigos, empresas y organizaciones con las que trabajan.

 

Este es un pequeño gesto para construir una cadena de amor y solidaridad.

 

¡EL CAMINO DE LA POBREZA CERO SE HACE CON VOS!

A veces sentimos que lo que hacemos

es solo una gota en el mar,

pero el mar sería menos si le falta una gota.

 

                                                                            Madre Teresa de Calcuta

 

 

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Junta de Catequesis

 

Encuentro Diocesano y
Asamblea de Catequesis

 
Vengan y vean

 

La Iniciación Cristiana en Estilo Catecumenal

 

El 25 de agosto tuvo lugar la Asamblea Diocesana del Área de Catequesis en la que, iluminados por Mons. Luis Guillermo Eichhorn y por el trabajo previo a modo de estudio y de consultas hechas a las comunidades por la Junta de Catequesis, se trabajó sobre la Iniciación Cristiana en Estilo Catecumenal.

 

No podemos hoy ser ignorantes en esta cuestión que preocupa a toda la Iglesia y que es determinante por su importancia para el momento actual”, subrayó el Sr. Obispo, al tiempo que oró al Señor para que afiance día a día en su vocación a los catequistas, y para que nunca pierdan la alegría y la esperanza en esta tarea primordial en la vida de la Iglesia. Les pidió seguir estudiando, leyendo y profundizando sobre la materia. 

 

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“Todos sabemos que  nuestra catequesis necesita una profunda revisión y renovación. Viendo positivamente lo que hacemos, hay muchos elementos, metodológicos, de contenido, de estilo que son verdaderas riquezas, incluyendo algo que es importante: Un número grande de catequistas han hecho cursos de formación, sea en el Seminario Catequístico Diocesano como en otros lugares, donde se ofrece formación adecuada.

 

Pero hoy, el mundo ha cambiado, la sociedad y su cultura nos han pasado por arriba, tirando abajo y volviendo estériles muchas de nuestras respuestas pastorales y acciones catequísticas. No existe más la cristiandad y de una pastoral de mantenimiento, fundada en la cultura social predominantemente cristiana y centrada en un cristiano que vivía su fe en el cumplimiento de recibir regularmente los sacramentos, hoy debemos pasar a una pastoral misionera, evangelizadora, de comunidades dinámicas que den verdadero testimonio de fe, haciendo de su transmisión su tarea principal, prioritaria. 

 

Es el desafío de la nueva evangelización, de anunciar el Evangelio de Jesucristo no sólo a quienes nunca lo recibieron, sino, principalmente, a aquellos de lo han olvidado o desechado, o no han sido suficientemente evangelizados, aún cuando hayan recibido algunos sacramentos. De esto somos conscientes y nos preocupa encontrar caminos nuevos de renovación en la misión evangelizadora y en la catequesis consecuente”.

 

Lo que dice el documento de Aparecida al respecto basta como análisis y diagnóstico general:

 

“Son muchos los creyentes que no participan en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se insertan activamente en la comunidad eclesial. Sin olvidar la importancia de la familia en la iniciación cristiana,  este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable (286).

 

Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que, en muchas partes, la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que, además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza. Así, asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados (287)".

 

Esta realidad descripta por Aparecida, con diversos matices y grados de intensidad se dan en cada una de nuestras comunidades: Basta mirar con realismo lo que pasa a nuestro alrededor. Nadie está exento de esto, y debemos confesar que aún no tenemos respuestas completas e integrales al desafío. Hay intentos, búsquedas, ensayos; estamos caminando pero faltan aún algunos elementos sustanciales. Y, debemos reconocerlo, a veces nos conformamos con lo que hacemos, y sin cuestionarnos a fondo, simplemente terminamos cambiando el nombre a nuestra catequesis, la llamamos “iniciación cristiana” incluso agregamos el adjetivo “catecumenal”, sin saber ni pensar lo que esto significa; así, todo sigue igual y seguimos instalados en nuestra comodidad, en lo que “siempre se hizo”.

 

“¿Tendremos la capacidad de reaccionar? ¿La voluntad de analizar, de estudiar, para cambiar aquello que ya no funciona? ¿Abandonamos las “estructuras caducas”, como nos dice el documento de Aparecida (365)?” interpeló Mons. Luis Guillermo a sus catequistas.

 

“El gran problema es ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo implementar y poner en práctica esto? El peligro es que nos contentemos con buscar y aplicar meras recetas, cuando en realidad, lo único que puede renovar nuestra catequesis y transformarla en una auténtica Catequesis de Iniciación Cristiana, es nuestra conversión personal y pastoral. Sólo desde profundas convicciones podremos asumir con creatividad el desafío, como nos dice Aparecida”, sostuvo Monseñor, aclarando que por esta razón insiste en la necesidad del estudio.

 

“El documento ‘Lineamientos y Orientaciones para la renovación de la Catequesis de Iniciación Cristiana’ nos brinda material para iniciar nuestro estudio. Nuestro Seminario Catequístico, nos brinda la oportunidad de hacer la experiencia de la Iniciación Cristiana en estilo catecumenal. Los encuentros kerygmáticos que la Junta Diocesana está realizando son momentos para aprender a realizar el primer anuncio (el kerygma) y así instalarlo en nuestras comunidades, teniendo presente que  sin este primer anuncio, es imposible iniciar el proceso de iniciación cristiana, y más aún, toda actividad pastoral lo requiere, como nos lo enseña el documento de Aparecida:

 

“Sin el kerygma, los demás aspectos de este proceso (evangelizador, catequístico) están condenados a la esterilidad, sin corazones verdaderamente convertidos al Señor. Sólo desde el kerygma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso, la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones” (278ª)”. 

 

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Tenemos elementos, sepamos utilizarlos

 

El Sr. Obispo señaló elementos esenciales sin los cuales, no se puede ni pensar en la implementación de la iniciación cristiana. Estos deberán ser motivo de estudio, de análisis, de ver desde ellos la realidad de nuestra propia comunidad, y desde allí, ir dando pasos concretos, posibles, adecuados, para ir mejorando nuestra catequesis:

            

1°: Replantear el objetivo de la catequesis
de iniciación cristiana

Es el “para qué” de lo que hacemos. ¿Para qué hacemos catequesis y qué sentido tiene tanto trabajo que nos tomamos? Cualquier catequista que haya estudiado o al menos pensado con detenimiento, acierta en una respuesta adecuada; pero en la realidad hacemos una cosa totalmente distinta; por eso hablo de una necesaria conversión: el problema es mental, es de convicciones y principios, más que realizar una tarea de manera acostumbrada y tradicional, que hemos perfeccionado extraordinariamente, pero que en el fondo no da en el blanco, en el objetivo que se busca. Normalmente nuestra catequesis es “para niños o adolescentes”, y “para la primera comunión o para la confirmación”; y esto hacemos, de forma perfectamente planificada. Es lo que buscan y piden los padres, es lo que ofrecemos y venimos haciendo desde hace décadas. Debemos atender esto y pensarlo bien.

 

La catequesis de iniciación cristiana pretende “hacer un cristiano” (“Cristiano  no se nace, se hace”, decía Tertuliano); esto es, una persona que descubra a Jesucristo, crea en Él, se convierta y lo siga como discípulo. La catequesis, luego de un primer momento kerygmático, de encuentro con Jesucristo, deberá iniciar en el conocimiento de la fe cristiana, en su celebración, en el asumirla como estilo de vida, en su espiritualidad. Abarca toda la dimensión de la tarea catequística: enseñanza de la fe, iniciación al misterio litúrgico celebrando la fe, a vivir en forma coherente con esa fe asumiendo una moral cristiana, y una espiritualidad que me ayude a madurar y a vivir esa fe como un verdadero camino de santidad. Una fe que se recibe de la Iglesia y se vive en la Iglesia, una fe que crece cuando sabemos compartirla y dar un auténtico testimonio de ella, una fe que me compromete como discípulo misionero, a la instalación del Reino de Dios en este mundo. Es algo más que “tomar la comunión”. Es iniciar a los catequizandos en la vida de fe, en una vida cristiana eucarística, integrados en una comunidad, celebrando la fe y comprometiéndose a vivirla en toda ocasión y lugar, con verdadera coherencia de vida.

            

Esto tiene enormes consecuencias: Nos lleva a pensar el lugar central de la liturgia eucarística dominical de nuestra catequesis, la acción pastoral tendiente a la integración y participación comunitaria, la centralidad de la Palabra de Dios (que no es sólo la Sagrada Escritura). Más aún, la catequesis es un proceso de maduración de la fe inicial, proceso que debe tener en consideración la situación personal de cada uno de los catequizandos, lo cual nos lleva a plantear itinerarios personalizados y un acompañamiento muy cercano por parte del equipo de catequistas y del párroco (o asesor o sacerdote responsable), junto con un diálogo muy asiduo con los padres o del padrino del catequizando.

 

2°: La forma principal de catequesis
es la catequesis de adultos

El Sr. Obispo hizo hincapié en este punto: “Si bien es real que nuestra catequesis está orientada a los niños, nunca debemos olvidar que “la forma principal de catequesis es la catequesis de adultos”, como nos dice el Bto. Juan Pablo II en Cathequesi Tradenade (N° 43).

Más, el DGC enseña que la catequesis de adultos (en especial el catecumenado) es el paradigma de toda catequesis. ¡Y es una ausencia notoria en nuestras comunidades! Lo más común es una catequesis de adultos pre-sacramental, o para completar la iniciación cristiana porque algún evento lo exige. Son muy raros los grupos de adultos que reciban sistemáticamente una catequesis: el ICP, uno de los temas de nuestro III CCN, es aún una mera ilusión con mucho de utopía.

 

Esto requiere asumir este desafío con entusiasmo y decisión, desde una pastoral misionera, animarnos a formar comunidades que sean espacios de crecimiento y maduración en la vida de fe, siguiendo con fidelidad los pasos e indicaciones que nos ofrece magistralmente el documento de Aparecida en su capítulo sexto. Si desarrollamos un proceso auténtico de Iniciación Cristiana en estilo catecumenal con los adultos, esto tarde o temprano, además de renovar la vida de nuestras comunidades, va a decantar en nuestra catequesis de niños. Es paradigma, modelo, pauta de catequesis. Si no tenemos un buen modelo ¿Cómo vamos a delinear nuestra Catequesis de Iniciación Cristiana de niños? Más aún, la catequesis da origen a la comunidad cristiana, que es la meta de la catequesis. Y esta comunidad es el origen y cauce necesario para la catequesis de niños.

 

3°: Un proceso catequístico de iniciación
que sea verificable

La catequesis en estilo catecumenal es un proceso por etapas y gradual, lo cual supone un crecimiento y maduración de la vida cristiana del catequizando. Y esto desde el primer momento del anuncio kerygmático, que tiene como objetivo la transmisión de la fe y la conversión del interlocutor. ¿Hay verdadera fe, hay conversión, hay una vida renovada? Muchas veces dejamos esto recluido a la interioridad del catequizando, o lo damos por supuesto. Siempre evaluamos la tarea que realizamos, pero nos olvidamos de verificar el grado de compromiso auténtico de nuestros cristianos. Aquí es donde se ve lo determinante que es el papel del catequista que verdaderamente acompaña en el itinerario, y el rol que juega el padrino (o los padres) del catequizando. Esto también cuestiona los esquemas mentales con los cuales planificamos: ¿Quién nos garantiza que dentro de tanto tiempo todo este grupo de niños o adultos habrá alcanzado la madurez y convicción necesarias para terminar su proceso, generalmente coronado con la recepción de un sacramento de iniciación?

 

Nos olvidamos que los sacramentos de iniciación no son la meta de la Catequesis de Iniciación; ellos tienen su dinamismo, su fuerza y su gracia iniciadora propias, en una unidad teológica fundamental, que hemos, de hecho, fragmentado en nuestra catequesis actual. Esto se aprecia especialmente en la catequesis que se hace con motivo de la Confirmación, la cual queda aislada y como un acontecimiento autónomo, cuando en realidad es la reafirmación de la vocación bautismal del cristiano.

 

4°: La unidad y mutua compenetración
de los sacramentos de iniciación cristiana

Iniciar en la vida de fe es iniciar, introducir en la experiencia del misterio de Dios que se nos manifiesta y hace presente en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Por esto, es que decimos que la catequesis busca poner en contacto, en intimidad, en comunión con Cristo; es cristocéntrica, teniendo el misterio de la Pascua como referencia continua y necesaria. Toda la vida cristiana gira en torno al misterio pascual de Jesucristo. La celebración de la Pascua es el centro vital de toda comunidad cristiana. Más aún, la vida del cristiano es una vida pascual. La Catequesis de Iniciación cristiana tiene como eje nuestra inserción en el misterio pascual en el bautismo; esto es, ser incorporados a la Iglesia como miembros del Cuerpo de Cristo, templos del Espíritu; es la Vida nueva. Como dice san Pablo: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente”(2 Cor 5, 17).

 

Este cristiano necesita, por la Confirmación que completa el Bautismo, toda la fuerza del Espíritu Santo con sus dones, para poder vivir en plenitud su vida cristiana, siendo un testigo de Cristo y de su Evangelio en el mundo; esa Vida nueva se celebra, se comparte, en la comunidad eucarística cristiana, donde nos alimentamos con la Palabra y con la comida del Cuerpo del Señor. Los tres sacramentos son inseparables, y los tres hacen al cristiano, verdadero discípulo misionero, viviendo su fe, su esperanza y su caridad que tienen su fuente en este misterio de la Pascua que se celebra especialmente en la Eucaristía, fuente y culmen de toda la vida y actividad de la Iglesia (cf.: SC 10).

            

5°: El estilo catecumenal

La catequesis de iniciación cristiana tiene su paradigma en el catecumenado bautismal de adultos, con la nota característica de ser un catecumenado pos-bautismal. No es una copia del catecumenado de los primeros siglos de la Iglesia, sino una adaptación adecuada a los tiempos y al hombre contemporáneo.

 

El Concilio Vaticano II nos decía: “El catecumenado, el cual no es mero exposición de dogmas y preceptos, sino formación y noviciado convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, con la que los discípulos se unen a Cristo, su Maestro” (Ver: Decrt. Ad Gentes, N° 14; vale la pena leer el número entero).

 

Hay ciertos elementos que no deben olvidarse: Es un itinerario catequístico y litúrgico, centrado en el domingo y el año litúrgico, así como en las celebraciones propias que van jalonando el proceso. La comunidad es fuente, cauce y meta del proceso; se requiere una participación activa de toda la comunidad; esto se verifica especialmente a través de la participación del padrino o la familia del catequizando y en la celebración eucarística dominical, donde tienen lugar las celebraciones propias del catecumenado.

 

Además, no es tarea individual de un catequista, sino toda un equipo comunitario de catequistas que lleva adelante el proceso catecumenal. La centralidad de la Palabra de Dios como fuente de la catequesis. La gradualidad del proceso y sus etapas sucesivas. Tiene presente las cuatro dimensiones inseparables de toda iniciación cristiana: El conocimiento y enseñanza de la Fe, la celebración litúrgica comunitaria, la vida moral como actitud que manifiesta la conversión sincera y la vida espiritual que se manifiesta en la oración  y caridad.

 

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6°: La participación de la familia en el proceso
de iniciación cristiana de los niños
.

Sabemos que esto es un problema, y no siempre encontramos la solución. El desafío primero es como evangelizar a la familia de nuestros niños de catequesis, para que así asuman responsablemente su compromiso de acompañar y educar en la fe a sus hijos. El hombre o la mujer adultos no aceptan una imposición ni menos una obligación. Si vienen es porque no tienen más remedio. Es fundamental un cambio de actitud hacia ellos, sabiendo que la fe no se impone sino que se propone, y que la comunidad cristiana debe atraer por el testimonio vivo de caridad fraterna, como nos dice Aparecida (cf.: N°159). La propuesta, el testimonio, la acogida cordial, el recrear vínculos, la experiencia alegre de vida en comunidad, son todos elementos que habrá que poner en juego. Es todo un desafío, pero no debemos olvidar la importancia que tiene para esto el respetar el proceso evangelizador, comenzando siempre con el primer anuncio del Evangelio, el kerygma.

            

7°: Instalar en cada comunidad la instancia kerygmática.

Esto es hoy una necesidad, en un trabajo orgánico con la misión permanente, la catequesis, la liturgia.

 

Quizá el tiempo de Cuaresma sea el momento oportuno, culminando en la Vigilia Pascual, para dar lugar a una catequesis mistagógica en el tiempo de Pascua. La experiencia para esto es necesaria, y es lo que está brindando la Junta Diocesana con  los Jornadas kerygmáticas. Lo ideal es que toda la comunidad vaya participando en ellas, comenzando por los mismos catequistas y agentes pastorales. Todo fiel cristiano debe ser invitado a estos encuentros, para renovar y reanimar su vida de Fe y su integración en la comunidad. Esto es algo que podemos implementar ya, poniéndose a trabajar todos juntos en cada comunidad parroquial.

 

Como ven, no he brindado recetas ni soluciones concretas a la pregunta ¿Cómo implementamos la iniciación cristiana? Estos siete puntos que desarrollé son para pensarlos, y juntos ver como concretarlos y adecuarlos a la realidad de cada parroquia. El camino es largo, hay que tener mucha paciencia y perseverancia. Pero no desanimarnos, sabiendo que estamos en el camino correcto.

 

Como dice el documento de Aparecida, nuestra Iglesia necesita una renovaciónuna conversión pastoral. “Todos debemos recomenzar desde Cristo”, nos dice el Papa Benedicto y lo repite Aparecida.

 

Terminó con una frase de Aparecida: 

 

“Una comunidad que asume la iniciación cristiana renueva su vida comunitaria y despierta su carácter misionero. Esto requiere nuevas actitudes pastorales de parte de obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral” (DA 291).

 

 

 

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Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón

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OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN

Sr. Fabián Parodi.

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

Buen Viaje 936 - Morón     

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