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- Con la alegría de siempre te anunciamos “Catequesis 2013”
MC900431561[1]
- Formación Bíblica Permanente – Inscripción al Ciclo 2013
MC900431561[1]
- Periodismo y Locución Periodística – Curso intensivo de un año – Cupos limitados
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- “Busquen la Fe” - 2do. Concurso de Fotografía
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- Si quieres, te acompaño en el camino
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- Artículo recomendado: El Año de la Fe y el Catecismo de la Iglesia Católica
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Seminario Catequístico San Pío X

 

¡Con la alegría de siempre te anunciamos!

 
CATEQUESIS 2013

SEMINARIO CATEQUÍSTICO SAN PÍO X

 

Celebrando el Año de la Fe  ¡Viví la alegría de ser discípulo del Señor!

 



CREATIVIDAD - DESAFÍO  

 

v  RENOVÁ TU FE Y TRANSFORMALA VIVIENDO EL KERYGMA, INICIANDO UN

VERDADERO CAMINO DE VIDA CRISTIANA.

v  EL SEMINARIO TE BRINDA LA OPORTUNIDAD DE HACER EXPERIENCIA EN

EL PROCESO DE INICIACIÓN CRISTIANA EN ESTILO CATECUMENAL,

QUE LLEVA A UNA REAL INTEGRACIÓN EN LA COMUNIDAD.

 

¡Te esperamos!

Abierta la inscripción:

Diciembre, enero y febrero, en la Curia diocesana:

Nuestra Señora del Buen Viaje 936 (Morón) – 4629-3143

Lunes a viernes, de 9 a 12 hs.

 

A partir de marzo, en el Seminario Catequístico San Pío X:

Nuestra Señora del Buen Viaje 952 (Morón) – 4489-2416

Jueves, de 18 a 21.30 hs., y sábados de 8.30 a 12.30 hs.

 

Comienzo de los encuentros:

Sábados: 2 de marzo

Jueves: 7 de marzo

 

 

 

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Pastoral Bíblica

e.pastoral.biblica@gmail.com

 

“La Palabra de Dios es viva y eficaz” (Heb 4,12)

 

Formación Bíblica Permanente

 

En el Seminario Catequístico San Pío X (Ntra. Sra. del Buen viaje 952)

 

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En 2013 reiniciaremos los encuentros el 3 de abril de 19 a 21 hs., profundizando en el Antiguo Testamento y estudiando el libro de Judit con el P. Hugo Safa.

 

Costo por encuentro: $ 7.-

 

Ya pueden inscribirse:
Contacto:
e.pastoral.biblica@gmail.com  o  15 – 4494-4904

 

 

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¡Finalizamos el ciclo 2012 celebrando!

 

 

 

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ESCUELA CRISTIANA DE COMUNICACIÓN
SOCIAL “JUAN PABLO II”

 

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PERIODISMO y LOCUCIÓN PERIODÍSTICA

 

SEMINARIO CATEQUÍSTICO SAN PÍO X

Nuestra Señora del Buen Viaje 952 – MORÓN, Bs. As.

 

MIÉRCOLES de 18.30 a 21.00 hs.

COMIENZO DE CLASES: 3 de ABRIL de 2013

 

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La Escuela Cristiana de Comunicación Social “JUAN PABLO II”
(ECCOS), en su calidad de “institución educativa y formadora”, dentro
del ámbito profesional de la Comunicación Social, fue creada para
“asumir, en su devenir actual y futuro, el compromiso laico de
predicar y ‘proclamar desde los techos el Evangelio en la era de la
comunicación global’, iluminando con él todas aquellas actividades y
manifestaciones que tienen que ver con el ejercicio de informar y
formar a través de los medios masivos de comunicación.


-Personería Jurídica Nº 26943

-Inscripta en el Ministerio de Educación y Cultura Superintendencia de Enseñanza Privada

 Expediente Nº 1033 del 02 de marzo de 1992.

-Reconocimiento del Blog de Noticias www.ecosdelmercosur.blogspot.com y del Periódico “ECOS DEL MERCOSUR” por la Secretaria de Medios de Comunicación, de la Jefatura de Gabinete de Ministros, dependiente de la PRESIDENCIA DE LA NACIÓN.

-Inscripta en FORO DEL SECTOR SOCIAL Federación de Asociaciones Civiles y Fundaciones. www.forodelsectorsocial.org.ar 

-Solicitud inscripción en el Ministerio de Trabajo de la Nación como Entidad de Capacitación y Empleo.

-Solicitud de ampliación del proyecto en el marco de los Programas Institucionales de Extensión y Promoción, Investigación y Desarrollo de la Educación en la Dirección Provincial de Educación de Gestión Privada dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.

 

CURSO INTENSIVO – DURACIÓN: 1 AÑO
CUPOS LIMITADOS

 

SE OTORGA Carnet de PERIODISTAS PROFESIONALES DEL MERCOSUR, Carnet de LOCUTOR PERIODÍSTICO, y Título Oficial Privado con Validez Nacional de Aptitud Profesional.

 

Informes e Inscripción:

Oficina de Prensa del Obispado de Morón:

Nuestra Señora del Buen Viaje 936 – Morón. Lun a vie. de 9.00 a 12.00 hs. 4629-3143

por e-mail: obmoronprensa@gmail.com  

 

 

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Iglesia Catedral de Morón
Centro de Espiritualidad “María, Madre del Buen Viaje”
y Pastoral de Embarazadas de la Catedral


2012 - 2013 “Año de la Fe”

 
Busquen la Fe

(cf 2tm.  2, 22)

 
2do. Concurso de Fotografía

 

 

Bases www.catedraldemoron.org.ar

Informes: catedraldemoron@gmail.com

 

Muestra y entrega de premios: 16 de diciembre, de 9.00 a 12.30 hs.

 

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Es un concurso amateur. ¡Todos pueden participar! ¡Los alentamos a hacerlo!

Las bases deben pedirse por email a: catedraldemoron@gmail.com

Los trabajos deben ser acercados a la Secretaría Parroquial.

 

Se entregarán 3 premios y las fotos serán expuestas en la muestra del domingo 16 de diciembre, en el Salón Parroquial.

 

 

 

 

 

 

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Iglesia Catedral de Morón
Comunidad Educativa Nuestra Señora del Buen Viaje

 

PROYECTO PASTORAL DE CONFIRMACIÓN

 

Si quieres, te acompaño en el camino

 

La Pastoral del Colegio Parroquial Nuestra Señora del Buen Viaje tiene en su visión descubrir al gran compañero, Jesús; y en ese descubrirlo, que los jóvenes le abran el corazón y se animen a seguirlo.

 

Para los jóvenes de 4° año, las confirmaciones celebradas los días 14 y 15 de noviembre, fueron una oportunidad para expresar estos deseos. Ellos caminaron en una ‘comunidad de vida’ en la que fueron descubriendo esta presencia de ‘Jesús compañero de la vida’ junto a otros jóvenes, la mayoría exalumnos, quienes tuvieron la misión de ayudarlos a encontrarse con Él, según señaló el P. Mariano del Río, quien colabora con Mons. Raúl Trotz en la Pastoral del Colegio.

 

Son muchos los compañeros en este camino que los ayudan a crecer, como las Autoridades, los catequistas, el equipo de pastoral, los coordinadores y sus delegados. En el Proyecto de Confirmaciones, la comunidad de 4º año tiene cuatro coordinadores, Celeste, Maira, Maxi y Chapu; y junto a ellos colaboran ocho jóvenes ‘Delegados’ que comparten o están más en contacto con los chicos en pequeños grupos.

 

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¡No podía decir que no a la convocatoria!

 

Christian López (Chapu), de 20 años, en su primer año como coordinador en el Proyecto Pastoral de Confirmaciones,  nos compartió sus sentimientos al concluir el año de trabajo y nos explica sobre el Proyecto.

Siempre participó en todas las propuestas que le ofreció la Pastoral del Colegio y descubrió una vida más plena. Se sintió mucho más feliz y seguro al estar cerca de Dios. “La Pastoral del Parroquial me unió al camino que mis padres siempre quisieron presentarme. Me invitaron a acompañar a los chicos de 4° en el proceso de la confirmación y después de todo lo que me regalaron a mí, de la alegría que yo sentí, no pude decir que no. Tenía que devolverlo de alguna forma, tenía que decir que sí”, remarcó.

 

Y al ver los frutos, Christian manifiesta su gratitud por poder compartir la vida con los chicos y acompañarlos en sus dificultades (que son muchas). Porque lo ha comprobado, afirma que vale la pena ocuparse de los jóvenes más problemáticos, resaltando lo gratificante que es ver los cambios en ellos para bien.

 

El proceso comienza con un retiro en abril para mostrar a los jóvenes la propuesta de Jesús. Quienes se sienten a gusto o se les despierta alguna inquietud, son los que luego se integran y hacen todo el proceso del año. “Impacta que la gran mayoría, en medio de sus  búsquedas personales, tomen esa gran decisión de decirle a que sí a Cristo. Elaboran una respuesta que no la toman a la ligera; la van trabajando y, a la hora de la confirmación, están seguros de decir que sí.

 

Es impactante ver como esos chicos resignan su tiempo libre para acercarse un sábado a la tarde al colegio, para charlar sobre su vida en comunidad con Jesús; ver como dan su sí cada sábado; ver los cambios que se han dado en pocos meses, desde el comienzo del Proyecto; ver cómo se acompañan y se generan lazos de amistad, incluso en chicos de cursos diferentes”, recalca Christian, subrayando que muchos, hasta los más conflictivos, al descubrir cómo se preocupan por ellos, se integran y se ponen la remera de la Pastoral y no vuelven a ser las mismas personas. Algunos cambios son muy profundos.

 

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Luego del proceso de la confirmación, viene la perseverancia.

En esto se caracteriza la comunidad de 5° año, en un proceso que les ayuda a no bajar los brazos, tratando de comenzar a llevarle a los demás todo lo bueno vivido, todos esos regalos que Dios da.

 

Quinto es un tiempo también para hacer apostolados, como las visitas a comedores. “Emociona ver cómo se juntan y se preparan en sus casas para hacer por otras personas, lo mismo que nosotros hicimos por ellos. Para los chicos redunda en mucha alegría”.

 

Y la comunidad de sexto incorpora la preparación para la Misión. Este año continúa en Santiago del Estero. “Para los que le dicen que sí a Jesús y salen a su encuentro en los hermanos más necesitados de aquella provincia ¡Ya no hay vuelta atrás!”

 

Finalmente, hay una comunidad de egresados quienes se suman también a la Misión, ayudan en los retiros y se les delega la coordinación.

“El grupo de coordinadores integra el Consejo de Pastoral, donde ellos mismos se acompañan y viven en comunidad, planificando las actividades y resolviendo sus problemáticas, entre otras cosas”, concluye Christian, invitando a colaborar con la próxima Misión para reunir los recursos necesarios:  

 

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Desde el mes de septiembre, el Grupo Misionero del Colegio Nuestra Señora del Buen Viaje viene preparando y orando por la Misión 2013 a Santiago del Estero, donde visitarán y atenderán a pueblos muy carenciados.

Para ello, necesitan la colaboración de toda la comunidad, y una forma de ayudar, es a través de un bono contribución que puede ser adquirido durante las Misas de los próximos fines de semana, en la Iglesia Catedral. 

 

                                                

Una vida nueva

 

Los Sacramentos se entienden si consideramos la vida cristiana como un camino y no como un estado institucional. Significa que hay un movimiento, un progreso, que hay etapas. La vida que empieza con la fecundación, va madurando hasta dar frutos. De la misma manera, en la vida cristiana hay un dinamismo, una fuerza que nos mueve a caminar y surge un momento en el que todo comienza.

 

En el Evangelio de Juan, hay un pasaje de la vida de Jesús que señala este momento: Un día por la noche, un hombre llamado Nicodemo, uno de los principales fariseos, fue a hablar con Jesús, cuestionado en su vida religiosa por lo que hoye y le ve hacer.

 

Le dice: “Maestro, sabemos que vienes de Dios porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él”. Jesús lo descoloca con su respuesta: “En verdad te digo que si no naces de nuevo, no puedes entrar en el Reino”.

Nicodemo no entiende lo que dice Jesús, y le pregunta: “¿Cómo puede un hombre ya viejo volver a entrar en el seno de su madre para volver a nacer?” “El que no nace del agua y del Espíritu no es digno del Reino”, le responde Jesús.

 

Jesús se refiere a los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, subrayó Mons. Luis Guillermo Eichhorn, quien administró el Sacramento de la Confirmación a los jóvenes, e indicó que nacer del agua y del Espíritu significa vivir el misterio de la Pascua:

 

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“Jesús entregó su vida en la cruz para salvarnos y resucitó. La resurrección es vida nueva. Es una nueva manera de existir. Para poder participar de esta vida gloriosa de Jesús, necesitamos morir y resucitar.

 

En el bautismo, al zambullirnos en el agua, muere el hombre viejo y resucita, renace un hombre nuevo semejante a Cristo resucitado. Es la vida nueva que el bautismo nos da. Comenzamos así a vivir esta vida nueva como miembros de la familia de Dios, herederos de la vida eterna, de la vida plena.

 

Y la vida cristiana también tiene que crecer, madurar y dar frutos. Por eso, Jesús derrama sobre nosotros el Espíritu Santo. Espíritu que crea, da vida, fortalece, ilumina con la luz de la fe, cambia el corazón para amar como amó Jesús, que nos transforma interiormente haciéndonos semejantes a Jesús.

 

La fuerza del Espíritu que hace que podamos vivir en plenitud este estilo, esta forma nueva de vida. Vivir la comunión con Jesús por medio del Espíritu, hace que podamos vivir como otros cristos en medio del mundo. Somos ‘testigos’, aquellos que con nuestra manera de vivir, mostramos el rostro de Dios. Manifestamos y mostramos lo que es el amor de Dios.

 

El Espíritu nos ayuda a identificarnos con Jesús y vivir de tal manera, que los demás descubran a Cristo por nuestra forma de vivir. Cuántos hombres, cuántas mujeres nunca han leído una página del Evangelio. Nosotros somos hoy, quizás, la única página del Evangelio que puedan leer muchos.

 

Es el testimonio de una vida cristiana que se juega por Jesucristo, por los valores del Evangelio, que se juega por vivir el mandamiento supremo que Jesús nos enseñó: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y al prójimo como a ti mismo. En esto se resume toda la ley de los profetas’”.

 

El Sr. Obispo, resaltó la importancia de escuchar a Jesús: ‘Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les digo. Yo los elegí, no me eligieron ustedes. Y los he llamado para que den fruto y fruto abundante. Y este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros como yo los amé’.

 

Estas palabras de Jesús son para nosotros un proyecto y un programa de vida”, manifestó Mons. Luis, enviando a los jóvenes a llenar el mundo del amor de Cristo.

 

 

 

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EL AÑO DE LA FE Y EL CATECISMO
DE LA IGLESIA CATÓLICA

 

Primera Prédica de Adviento 2012

 

P. Raniero Cantalamessa, OFM Cap

 

De la mano de Zenit, compartimos un nuevo ciclo de las predicaciones del padre Raniero Cantalamessa, OFM, Cap, predicador de la Casa Pontificia, que inicia el tiempo litúrgico de Adviento.

 

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1. El libro "comido"


En la predicación a la Casa Pontificia, trato de dejarme guiar, en la elección de temas, por las gracias o los eventos especiales que la Iglesia vive en un momento dado de su historia. Recientemente tuvimos la inauguración del Año de la Fe, el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, y el Sínodo sobre la nueva evangelización y la transmisión de la fe cristiana. Pensé, por lo tanto, desarrollar en el Adviento una reflexión sobre cada uno de estos tres eventos.

 

Empiezo con el Año de la Fe. Para no perderme en un tema, la fe, que es tan vasto como el mar, me centro en un punto de la Carta Porta Fidei del santo padre, precisamente allí donde insta a hacer del Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) (en el vigésimo aniversario de su publicación), el instrumento privilegiado para vivir fructuosamente la gracia de este año.

 

El papa escribe en su Carta:

"El Año de la Fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los maestros de teología a los santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe." 1

 

No hablaré ciertamente sobre el contenido del CEC, de sus divisiones, de sus criterios informativos; sería como tratar de explicar la Divina Comedia a Dante Alighieri. Prefiero hacer un esfuerzo por mostrar cómo hacer para que este libro, de instrumento tan silencioso, como un violín bien apoyado sobre un paño de terciopelo, se transforme en un instrumento que suene y sacuda los corazones. La Pasión de San Mateo de Bach, permaneció durante un siglo como una partitura escrita, conservada en los archivos de la música, hasta que en 1829 Felix Mendelssohn en Berlín hizo de ella una ejecución magistral, y desde ese día el mundo se enteró de qué melodías y coros sublimes, estaban contenidos en aquellas páginas que hasta entonces permanecían mudas.

 

Son realidades muy diferentes, es cierto, pero algo así pasa con cada libro que habla de la fe, como es el CEC: se debe pasar de la partitura a la ejecución, de la página muda a algo vivo que sacuda el alma. La visión de Ezequiel de la mano extendida sosteniendo un rollo, nos ayuda a entender lo que se requiere para que esto suceda:

"Yo miré: vi una mano tendida hacia mí, que sostenía un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito “Lamentaciones, gemidos y ayees”. Y me dijo: “Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo, y ve luego a hablar a la casa de Israel.” Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, y me dijo: “Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.”Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel" (Ez. 2,9-3,3).

 

El Sumo Pontífice es la mano que, en este año, ofrece de nuevo a la Iglesia el CEC, diciendo a cada su miembro: "Toma este libro, cómetelo, llénate el estómago". ¿Qué significa comerse un libro? No es solo estudiarlo, analizarlo, memorizarlo, sino hacerlo carne de la propia carne y sangre de la propia sangre, "asimilarlo", como se hace con los alimentos que comemos. Transformarlo de fe estudiada, a fe vivida.

 

Esto no se puede hacer con toda la dimensión del libro, y con todas y cada una de las cosas en ella contenidas. No se puede hacer analíticamente, sino solo sintéticamente. Me explico. Debemos comprender el principio que informa y une todo, en suma, el corazón del CEC. ¿Y cuál es ese corazón? No es un dogma, o una verdad, una doctrina o un principio ético; es una persona: ¡Jesucristo! "Página tras página --escribe el santo padre a propósito del CEC, en la misma carta apostólica--, resulta que lo que se presenta no es una teoría, sino un encuentro con una persona que vive en la Iglesia."

 

Si toda la Escritura, como dice Jesús mismo, habla de él (cf. Jn. 5,39), si está preñada de Cristo y si todo se resume en él, ¿podría ser de otro modo para el CEC, que, de las Escrituras mismas, quiere ser una exposición sistemática, elaborada a partir de la Tradición, bajo la guía del Magisterio?

 

En la Primera parte, dedicada a la fe, el CEC recuerda el gran principio de santo Tomás de Aquino según el cual "el acto de fe del creyente no se detiene ante el enunciado, sino que alcanza la realidad" (Fides non terminatur ad enunciabile sed ad rem)2. Ahora, ¿cuál es la realidad, la "cosa" última de la fe? ¡Dios, por supuesto! Pero no un dios cualquiera que cada uno se retrata a su gusto y voluntad, sino el Dios que se ha revelado en Cristo, que se "identifica" con él hasta el punto de poder decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" y "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado" (Jn. 1,18).

 

Cuando hablamos de fe "en Jesucristo" no separamos el Nuevo del Antiguo Testamento, no comenzamos la verdadera fe con la llegada de Cristo a la tierra. Si fuera así, sería como excluir del número de creyentes al mismo Abraham, a quien llamamos “nuestro padre en la fe” (cf. Rm. 4,16). Al identificar a su Padre con "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" (Mt. 22, 32) y con el Dios "de la ley y los profetas" (Mt. 22, 40), Jesús autentificó la fe judía, mostró su carácter profético, diciendo que ellos hablaban de él (cf. Lc. 24, 27.44; Jn. 5, 46). Esto es lo que hace a la fe judía diferente a los ojos de los cristianos, de cualquier otra fe, y que justifica la condición especial de que goza, después del Concilio Vaticano II, el diálogo con los judíos respecto a otras religiones.

 

 

2. Kerigma y Didaché

 

Al inicio de la Iglesia era clara la distinción entre kerigma y didaché. El kerigma, que Pablo llama también "el evangelio", se refería a la obra de Dios en Cristo Jesús, el misterio pascual de la muerte y resurrección, y consistía en fórmulas breves de fe, como la que se puede deducir del discurso de Pedro en el día de Pentecostés: "Ustedes lo mataron clavándole en la cruz, Dios le resucitó y lo ha constituido Señor" (cf. Hch. 2, 23-36), o también: "Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (Rm. 10,9).

 

La didaché indicaba, en cambio, la enseñanza sucesiva a la llegada de la fe, el desarrollo y la formación completa del creyente. Estaban convencidos (especialmente Pablo) que la fe, como tal, germinaba solo en presencia del kerigma. Este no era un resumen de la fe o una parte de la misma, sino la semilla de la cual nace todo lo demás. También los cuatro evangelios fueron escritos más tarde, precisamente con el fin de explicar el kerigma.

 

Incluso el más antiguo núcleo del credo hacía referencia a Cristo, de quien metía en luz el doble componente: humano y divino. Un ejemplo de ello es considerado el verso de la Carta a los Romanos que habla de Cristo "nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos" (Rm. 1,3-4 ). Pronto este núcleo primitivo, o credo cristológico, fue incluido en un contexto más amplio como el segundo artículo del símbolo de la fe. Nacen, incluso por exigencias relativas al bautismo, los símbolos trinitarios llegados hasta nosotros.

 

Este proceso es parte de lo que Newman llama "el desarrollo de la doctrina cristiana"; es una riqueza, no un alejamiento de la fe original. Nos corresponde a nosotros hoy en día --y en primer lugar a los obispos, a los predicadores, a los catequistas--, distinguir el carácter "aparte" del kerigma como momento germinal de la fe.

 

En una ópera, para retomar la metáfora musical, está el recitado y el cantado; y en el cantado están los "agudos" que conmueven a la audiencia y provocan emociones fuertes, a veces incluso escalofríos. Ahora sabemos cuál es el agudo de cada catequesis.

 

Nuestra situación ha vuelto a ser la misma que en el tiempo de los apóstoles. Ellos tenían ante sí un mundo precristiano para predicar el evangelio; nosotros tenemos ante nosotros, al menos en cierta medida y en algunos sectores, un mundo poscristiano para reevangelizar. Tenemos que regresar a su método, sacar a la luz "la espada del Espíritu", que es el anuncio, en Espíritu y poder, de Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rm. 4,25).

 

El kerigma no es sólo el anuncio de algunos hechos o verdades de fe claramente definidas; es también una atmósfera espiritual que se puede crear según lo que se diga, un contexto en el que todo se dispone. Está en el que anuncia, mediante su fe, permitirle al Espíritu Santo crear esta atmósfera.

 

Entonces, nos preguntamos, ¿cuál es el sentido del CEC? Lo mismo que en la Iglesia apostólica fue la didaché: formar la fe, dándole un contenido, mostrando sus exigencias éticas y prácticas, volviéndola una fe que "actúa por la caridad" (cf. Ga. 5,6). Lo clarifica bien un párrafo del mismo CEC. Después de recordar el principio tomista de que "la fe no termina en las formulaciones, sino en la realidad", añade:

"Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más"3.

 

Esta es la importancia del adjetivo "católico" en el título del libro. La fuerza de algunas iglesias no católicas es poner todo el énfasis en el momento inicial, en la llegada a la fe, en la adhesión al kerigma y en la aceptación de Jesús como Señor, visto, todo esto, como un "nacer de nuevo", o como "una segunda conversión". Sin embargo, esto puede convertirse en una limitación, si se detiene en eso y todo sigue girando en torno a eso.

Nosotros los católicos tenemos algo que aprender de estas iglesias, pero también tenemos mucho que dar. En la Iglesia católica esto es el comienzo, no el final de la vida cristiana. Después de esa decisión, se abre el camino hacia el crecimiento y la plenitud de la vida cristiana y, gracias a su riqueza sacramental, al magisterio, al ejemplo de muchos santos, la Iglesia católica se encuentra en una posición privilegiada para llevar a los creyentes a la perfección de la vida de fe.

 

El papa escribe en la citada carta Porta Fidei:

"A partir de la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los maestros de la teología a los santos que han pasado a través de los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de las muchas maneras en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina para dar certeza a los creyentes en su vida de fe."

 

3. La unción de la fe

 

He hablado del kerigma como del "agudo" de la catequesis. Pero para producir este agudo no es suficiente levantar el tono de la voz, se necesita más. "Nadie puede decir '¡Jesús es Señor!' [¡esto es, por excelencia, el agudo!] sino en el Espíritu Santo" (1 Co. 15,3). El evangelista Juan hace una aplicación del tema de la unción, que se presenta particularmente actual en este Año de la fe. Él escribe:

"Ustedes tienen la unción del Santo, y todos ustedes lo saben [...] La unción que de él han recibido permanece en ustedes, y no necesitan que nadie se lo enseñe. Pero como su unción les enseña acerca de todas las cosas --y es verdadera y no es mentirosa--, como les ha enseñado, permanezcan en él" (1 Jn. 2, 20.27).

 

El autor de esta unción es el Espíritu Santo, como se deduce del hecho de que en otra parte, la función de "enseñar todas las cosas" es atribuida al Paráclito como "Espíritu de verdad" (Jn. 14, 26). Se trata, como escriben diferentes Padres, de una "unción de la fe": "La unción que viene del Santo –escribe Clemente de Alejandría--, se realiza en la fe"; "La unción es la fe en Cristo", dice otro escritor de la misma escuela4.

 

En su comentario, Agustín dirige en este sentido, una pregunta al evangelista. ¿Por qué, dice, has escrito tu carta, si aquellos a los que te dirigías habían recibido la unción que enseña acerca de todo, y no tenían necesidad de que nadie les instruyese? ¿Por qué este nuestro mismo hablar e instruir a los fieles? Y he aquí su respuesta, basada en el tema del maestro interior:

"El sonido de nuestras palabras golpea el oído, pero el verdadero maestro está dentro [...] Yo he hablado a todos, pero aquellos a los que no habla esa unción, a aquellos que el Espíritu no instruye internamente, se van sin haber aprendido nada [...] Por tanto, es el maestro interior el que realmente enseña; es Cristo, es su inspiración la que enseña."5

 

Hay una necesidad de instrucción desde fuera, necesitamos maestros; pero sus voces penetran en el corazón solo si se le añade aquella interior del Espíritu. "Y nosotros somos testigos de estos hechos, y también el Espíritu Santo que ha dado a los que le obedecen" (Hch. 5,32). Con estas palabras, pronunciadas ante el Sanedrín, el apóstol Pedro no solo afirma la necesidad del testimonio interno del Espíritu, sino también indica cuál es la condición para recibirlo: la voluntad de obedecer, de someterse a la Palabra.

 

Es la unción del Espíritu Santo que hace pasar de los enunciados de la fe a su realidad. El evangelista Juan habla de un creer que es también conocer: "Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene" (1 Jn. 4,16). "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn. 6, 69). "Conocer", en este caso, como en general en toda la Escritura, no significa lo que hoy significa para nosotros, es decir, tener la idea o el concepto de una cosa. Significa experimentar, entrar en relación con la cosa o con la persona. La afirmación de la Virgen: "Yo no conozco varón", no quería decir que no sé lo que es un hombre...

 

Fue un caso de evidente unción de fe lo que Pascal experimentó en la noche del 23 de noviembre de 1654 y que fijó con cortas frases exclamativas en un texto encontrado después de su muerte, cosido en el interior de su chaqueta:

"Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos ni eruditos. Certeza. Certeza. Sentimiento. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo [...] Se le encuentra solamente en los caminos del Evangelio. [...] Alegría, alegría. Alegría, lágrimas de alegría. [...] Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y aquel a quien tú has enviado: Jesucristo".6

 

La unción de la fe se da generalmente cuando, sobre una palabra de Dios o sobre una declaración de fe, cae repentinamente la iluminación del Espíritu Santo, por lo general acompañado por una fuerte emoción. Me acuerdo que un año, en la fiesta de Cristo Rey, escuchaba en la primera lectura de la misa la profecía de Daniel sobre el Hijo del Hombre:

"Yo seguía mirando, y en la visión nocturna, vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido al Hijo del hombre, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido" (Dn. 7,13-14).

 

El Nuevo Testamento, se sabe, ha visto realizada la profecía de Daniel en Jesús; él mismo ante el Sanedrín, la hace suya (cf. Mt. 26, 64); una frase del texto ha entrado incluso en el Credo: “y su reino no tendrá fin”, ("cuius regnum non erit finis").

 

Yo sabía, por mis estudios, todo esto, pero en ese momento era otra cosa. Era como si la escena tuviera lugar allí, ante mis ojos. Sí, el Hijo del hombre que avanzaba era él, Jesús. Todas las dudas y las explicaciones alternativas de los eruditos, que también conocía, me parecían, en ese momento, excusas para no creer. Experimentaba, sin saberlo, la unción de la fe.

 

En otra ocasión (creo que he compartido ya esta experiencia en el pasado, pero ayuda a entender el asunto presente), asistía a la Misa de Gallo presidida por Juan Pablo II en San Pedro. Llegó el momento del canto de la Calenda, es decir, la proclamación solemne del nacimiento del Salvador, presente en el Martirologio antiguo y reintroducida en la liturgia de Navidad después del Concilio Vaticano II:

"Muchos siglos después de la creación del mundo... Trece siglos después del Éxodo de Egipto... En la centésima nonagésima quinta Olimpiada, en el año 752 de la fundación de Roma... En el quadragésimo segundo año del imperio de César Augusto, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, después de nueve meses, nació en Belén de Judea, de la Virgen María, hecho hombre".

 

Al llegar a estas últimas palabras sentí una repentina claridad interior, por lo que recuerdo haber dicho a mí mismo: "¡Es cierto! ¡Es verdad todo esto que se canta! No son solo palabras. El Eterno entra en el tiempo. El último evento de la serie rompió la serie; ha creado un "antes" y un "después" irreversibles; el cómputo del tiempo que antes tenía lugar en relación a diferentes eventos (los Juegos Olímpicos tales, el reino de aquel), ahora se lleva a cabo en relación con un evento único": antes de él, después de él. Una conmoción repentina me atravesó totalmente, y sólo pude decir: "¡Gracias, Santísima Trinidad, y también gracias a ti, Santa Madre de Dios!".

 

La unción del Espíritu Santo también produce un efecto, por así decirlo, "colateral" en el que anuncia: le hace experimentar la alegría de anunciar a Cristo y su Evangelio. Transforma la tarea de la evangelización de solo incumbencia y deber, a un honor y un motivo de gozo. Es la alegría que conoce bien el mensajero que lleva a una ciudad sitiada, el anuncio de que el asedio fue levantado; o el heraldo que en la antigüedad corría por delante, para llevarle a la gente el anuncio de una victoria decisiva obtenida en el campo de su propio ejército. La "buena noticia", incluso antes de que al destinatario que la recibe, hace feliz al que la porta.

 

La visión de Ezequiel del rollo que se come, ha sucedido una vez en la historia en el sentido literal y no sólo metafóricamente. Fue cuando el libro de la palabra de Dios ha resumido en una sola Palabra, el Verbo. El Padre lo ha portado a María; María lo ha acogido, ha llenado de él, incluso físicamente, su vientre, y luego se lo dio al mundo. Ella es el modelo de todo evangelizador y de todo catequista. Nos enseña a llenarnos con Jesús para darlo a los otros. María concibió a Jesús "por obra del Espíritu Santo", y así debe ser en cada predicador.

 

El santo padre concluye su carta de convocatoria al Año de la fe con una referencia a la Virgen: "Confiamos, escribe, a la Madre de Dios, proclamada "bendita" porque" ha creído" (Lc. 1,45), este tiempo de gracia"7. Le pedimos que nos obtenga la gracia de experimentar, en este año, muchos momentos de unción de la fe. "Virgo Fidelis, ora pro nobis." Virgen creyente, ruega por nosotros.

 

 

Traducción del original italiano por José Antonio Varela V.

 

 

1 Benedicto XVI, Carta apost. Porta Fidei, n.11

2 S. Tomás de Aquino, Summa theologiae, II-II, 1,2,ad 2; cit. in CCC, n.170.

3 CEC, n. 170

4 Clemente Al. Adumbrationes in 1 Johannis (PG 9, 737B); Homéliies paschales (SCh 36, p.40): testi citati da I. de la Potterie, L’unzione del cristiano con la fede, in Biblica 40, 1959, 12-69.

5 S. Agostino, Comentario a la Primera Carta de Juan 3,13 (PL 35, 2004 s).

6 B. Pascal, Memorial, ed. Brunschvicg.

7 “Porta fidei”, nr. 15.

 

 

 

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