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// 02-12-2013 //              

- Cumpleaños del Clero y Aniversarios de Ordenación - Diciembre  MC900431561[1]

- Jornada de ayuno y oración – Oración Ecuménica ecumenica.jpg

- 50 Aniversario - SACROSANCTUM CONCILIUM Sacrosanctum Concilium.jpg

- La Palabra de Dios, el alma de la Liturgia cl.jpg

     

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Nuestra Diócesis

 

Cumpleaños del Clero

 

Diciembre

 

R.P. Diego G. Perín                               01-12

Pbro. Ricardo F. Ayala                           01-12

R. P. Arlindo Sehneider, Palotino           01-12

Pbro. Nicolás Baeza                               06-12

R.P. Jordan Ostojic OFM                       08-12

Pbro. Carlos A. Landriel                        11-12

Diác. Néstor Oscar Crespo                   13-12

R.P. Berislao Ostojic OFM                     21-12

Diac. Héctor A. Castoldi                         21-12

Aniversarios de Ordenación

 

Diciembre

 

Pbro. Carlos Baccioli                            02-12-62

Pbro. Juan José Cencig                       06-12-59

Pbro. Alcides E. Ferrando                    06-12-75

Pbro. Carlos Otero                               07-12-07

Pbro. Juan Herrera                              07-12-08

Pbro. Rodrigo Durini                            07-12-08

Pbro. Pablo Aguilar                              07-12-11

Pbro. Juan Coltro                                08-12-68

R.P.  Diego G. Perín                           08-12-00

Pbro. Emilio Moglia                             10-12-50

Pbro. Héctor Hugo Lagoria                 12-12-83

Pbro. Eduardo J. Farrell                      12-12-83

Pbro. Nicolás Baeza                            12-12-90

Pbro. Juan H. Bojcetic                         12-12-90

R.P.  Juan S. Velasco SAC                 16-12-00

Pbro. Germán I. Meling                       19-12-87

Mons. Luis G. Eichhorn                      21-12-68

Pbro. José María Recondo                22-12-79

Pbro. Darío Desperes                        26-12-99

 

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Nuestra Diócesis


Sábado 7 de diciembre

 

Ante el drama de la droga, convocatoria
a una jornada de ayuno y oración

 

Oración Ecuménica

 

Los que vivimos en los Partidos de Morón, Ituzaingó y Hurlingham, queremos rezar juntos al Dios de la Vida con los que tienen mayor responsabilidad en la erradicación del drama de la droga, con las víctimas, sus familias, y todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

 

Nos encontraremos el sábado 7 de diciembre, a las 10.00, frente a la Catedral de Morón.

 

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Decanato Hurlingham

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús

Delfor  Díaz 1640 – Hurlingham


Constitución del Concilio
Vaticano II sobre la Liturgia

4 de diciembre
 
50 Aniversario

SACROSANCTUM CONCILIUM

 

Nos reunimos el miércoles 4 de diciembre en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Delfor Díaz 1640, Hurlingham.

 

18.30 bienvenida.

19.00 Reflexión sobre la Renovación Litúrgica del Concilio Vaticano

          Testimonio: Mons. Raúl Trotz

20.00 Santa Misa en Acción de Gracias presidida por nuestro Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn.

 

Se invita especialmente a los miembros de equipos de Liturgia parroquiales y ministros de la Comunión.

 

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COMISIÓN DIOCESANA DE LITURGIA

 

“Tengo algo que decirte”

 

Encuentro diocesano de “Equipos de Liturgia”

 

En un encuentro organizado en el mes de junio, la Comisión Diocesana de Liturgia reflexionó junto al Obispo, Mons. Eichhorn, sobre el aporte de la Palabra de Dios a la Liturgia, y de la Liturgia a la Palabra de Dios. El Sr. Obispo disertó sobre la riqueza de la Lectura Orante de la Palabra de Dios en clave litúrgica, encarnada en la Liturgia.

 

La Palabra de Dios,
el alma de la Liturgia

 

(Agradecemos a Caterina Marotta su transcripción).

 

El punto de partida de Mons. Luis Guillermo fue uno de los salmos más extensos y utilizados en la Liturgia, dedicado a la Palabra de Dios, el nº 119, cuyas palabras el Señor nos regala en las Sagradas Escrituras para paladearlas, escucharlas, profundizarlas y, sobre todo, para vivirlas:

 

…“soy más prudente que todos mis maestros, porque siempre medito tus prescripciones, soy más inteligente que los ancianos porque observo tus preceptos, yo aparto mis pies del mal camino para cumplir tus palabras, no me separo de tus juicios porque eres Tú el que me enseña. Tan dulce es tu Palabra para mi boca, que es más dulce que la miel. Tus preceptos me hacen comprender, por eso aborrezco el camino de la mentira”.

 

…“Por eso amo tus mandamientos y los prefiero al oro más fino, por eso me guío por tus preceptos y aborrezco todo camino engañoso. Tus prescripciones son admirables por eso las observo. La explicación de tu Palabra ilumina y da inteligencia al ignorante, abro mi boca y aspiro hondamente porque anhelo tus mandamientos. Vuelve tu rostro y ten piedad de mí, porque es justo que lo hagas con los que aman tu nombre. Afirma mis pasos conforme a tu Palabra, para que no me domine la maldad, librame de la opresión de los hombres y cumpliré tus mandamientos que brille sobre mí la luz de tu rostro y enséñame tus preceptos”.

 

Compartió seguidamente un texto de San Bernardo, Doctor de la Iglesia que dedicó su vida a meditar y orar con la Palabra, extraído de un sermón en tiempo de Adviento:

 

“…el que me ama guardará mi Palabra, mi Padre lo amará y vendremos a fijar en él nuestra morada”. He leído también en otra parte: “…el que teme al Señor obrará bien”, pero veo que se dice algo más acerca del que ama a Dios y guarda su palabra.

 

 ¿Dónde debe guardarla? No hay duda que en el corazón como dice el profeta, “en mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti, conserva tu también la Palabra de Dios porque son dichosos los que la conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma, que penetre tus afectos y hasta tus mismas costumbres. Come lo bueno y tu alma se deleitará como si comiera un alimento sabroso, no te olvides de comer tu pan no sea que se seque tu corazón; antes bien, sacia tu alma con este manjar delicioso. Si guardas así la Palabra de Dios, es indudable que Dios te guardará a ti, vendrá a ti el hijo con el Padre, vendrá el gran profeta que renovará a Jerusalén y hará nuevas todas las cosas. Gracias a esta venida, nosotros que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial”.

 

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La Palabra de Dios es el alma misma en la Liturgia

 

Tenemos que redescubrir en toda su riqueza y profundidad la Palabra de Dios. Palabra que se proclama en la liturgia, que resuena y se escucha, esa es la Palabra de Dios, no el papel y la tinta, palabra viva y eficaz inspirada por el mismo Espíritu, que Dios dirige a cada uno de nosotros, a toda su Iglesia, a toda su comunidad.

 

Por eso, al terminar la proclamación de la Palabra se dice: “Es Palabra de Dios”. Es la Palabra que se proclamó, que escuchamos, que tocó nuestro corazón, que recibimos con fe, es Dios que habló a la comunidad, a sus hijos.

 

Como dice la Carta a los Hebreos: ‘Viva y eficaz’, es decir, no una letra muerta, no es lo mismo leer un texto por más santo que sea o una noticia del diario, que leer la Palabra de Dios. Es Dios que habla y esa Palabra, como dice el Salmo: “…dulce como la miel. …la prefiero más que el oro fino”, es la que nos alimenta.

 

El Concilio Vaticano II tiene cuatro Constituciones, cuatro textos que desarrollan su columna vertebral, su corazón teológico: Constitución sobre la Iglesia (Lumen Gentium); sobre la Revelación Divina (Dei Verbum); sobre la Iglesia en el Mundo Actual (Gaudium et Spes); y sobre la Sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium)

 

Dei Verbum, en el nº 21 señala: “La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el Pan de Vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia”.

 

Así como nosotros adoramos el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía, así también tenemos que amar y escuchar la Palabra de Dios, que es también presencia de Cristo.

 

Más adelante, en Dei Verbum se expresa: “En los Libros Sagrados, el Padre que está en el Cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos”.

 

Es la primera actitud que tenemos que tener con la Palabra de Dios. Ya que es el Padre que nos habla y tenemos algo que decirle. Es el Padre que está en el Cielo que quiere conversar con nosotros.

 

Y sigue diciendo Dei Verbum para hacer pensar: “…es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de toda la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual”.

 

La historia de la espiritualidad cristiana a través de las diversas épocas, circunstancias y situaciones culturales, fue adquiriendo notas y características muy especiales. Cuando entró la ‘devoción moderna’, hace varios siglos, en vez de ser la Palabra de Dios la fuente de la vida espiritual, lo fue algún escrito piadoso, o de algún Santo, o alguna cosa que mueva el corazón. Así, aparecen cantidad de devociones buenas y necesarias pero que alejaron de la Palabra de Dios. Se sumó el sisma de Lutero que derivó en que el pueblo no pudiera tener acceso a las Sagradas Escrituras. El Concilio Vaticano II ha dado vuelta las cosas y, ahora, todos pueden tener su Biblia.

 

Hoy en día, estamos como descubriendo cada día más esta riqueza, estamos recién en los comienzos.

 

Dei Verbum insiste, en el nº 25, en la necesidad asidua en la lectura de la Palabra de Dios: “Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el dialogo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos y a Dios escuchamos cuando leemos sus Palabras”.

 

Frase sencilla, pero que enseña algo muy importante: Esto no es un libro de estudio, no es un libro de historia, no es un libro de cosmología, es la Palabra de Dios para orar, para escucharla con amor y responderle con amor.

 

No buscamos cómo fue la creación del hombre, sino ¿Qué nos quiere decir Dios con eso, cómo oramos con la Palabra?

Para los católicos de los primeros siglos, la lectura orante de la Palabra es la práctica habitual. Cuando entra la devoción moderna, se acabo a nivel del pueblo. Gracias a Dios, los monjes siguieron con la tradición y son ellos quienes nos entregan esta tradición que viene de los primeros siglos. Es lo que, hoy, nosotros tenemos que aprender a hacer: A orar con la Palabra.

 

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Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios.

La exhortación apostólica post sinodal Verbum Domini

 

En el nº 72 dice: “Si bien es verdad que en la liturgia es el lugar privilegiado para la proclamación, la escucha y la celebración de la Palabra de Dios, es cierto también que este encuentro debe ser preparado en los corazones de los fieles, y sobre todo profundizado y asimilado por ellos”.

 

Tarea de un equipo de liturgia, este encuentro con la Palabra, el encuentro con Dios que me habla en su Palabra, ha de ser preparado en los corazones de los fieles y sobre todo, profundizado y asimilado por ellos.

 

Muchas veces se proclama la Palabra y ni el lector entiende lo que está leyendo, por eso la proclama mal, entonces es como si leyera el periódico. Pero además de eso, la gente muchas veces no sabe de qué se está hablando porque está distraída, no se escucha bien, los micrófonos no andan bien, el equipo de audio tampoco, etc.. ¿Qué tiene que hacer el equipo de liturgia? Preparar el corazón de los fieles.

 

Preparar significa ‘antes de’, implica pensar cómo se va a hacer esto que después será el momento de profundizar la Palabra, asimilarla, esa es la tarea en la homilía y en el después. Por ejemplo, cuando se hizo el Tedeum en la Basílica de Lujan, se hace la primera lectura y se la piden a un pastor evangélico. Era sobre un texto de Isaías. Llama la atención lo que hizo el pastor que tomó el libro y explicó que el profeta dirigió estas palabras al pueblo de Dios porque estaban en tal situación… y luego leyó el texto ¿Qué hizo el pastor? Ubicó a la gente para que comprendiera por qué ese texto se lee en el Tedeum. Y se entendió el mensaje sin necesidad de que lo expliquen.

 

En cambio, nuestros guiones dicen: “Vamos a escuchar el momento en que la mujer se encontró con Jesús y le lavó los pies con sus lágrimas”… para qué, si lo van a escuchar después. Por eso, la importancia en la Liturgia de una preparación, aquí está el desafió.

 

¿Cómo nos preparamos, profundizamos y asimilamos? Ahí está la clave.

 

 La celebración dominical es el centro de la vida de toda la comunidad, es el momento en que se manifiesta la Iglesia en toda su plenitud. Si hay algo en lo cual tenemos que gastar todos los cartuchos, es en la celebración dominical, que tenemos que prepararla en la oración y en la oración con la Palabra.

 

El Papa Benedicto en el documento Verbum Domini, dice lo siguiente: “El Sínodo de los Obispos ha vuelto a insistir más de una vez en la exigencia de un acercamiento orante al texto sagrado, como factor fundamental de la vida de todo creyente, en los diferentes ministerios y estados de vida con particular referencia a la lectio divina”.

 

La Palabra de Dios está, en efecto, en la base de toda espiritualidad auténticamente cristiana, y dice citando a Dei Verbum: “Todos los fieles acudan de buena gana al texto mismo en la liturgia, tan llena del lenguaje de Dios…”…Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración”.

 

Y cita también un texto de un padre de la Iglesia en los primeros siglos, Orígenes, que dice:

 

“Dedicate a la lectura de las Divinas Escrituras, aplícate a esto con perseverancia. Esforzate en la lectio con la intensión de creer y agradar a Dios. 

 

Si durante la lectio te encuentras ante una puerta cerrada llama y te abrirá el guardián que Jesús ha dicho: ‘el guardián abrirá, llamen y se les abrirá, pidan y se les dará’. Aplicándote así a la lectio, busca con lealtad y confianza inquebrantable en Dios el sentido de las Divinas Escrituras, que se encierra en ellas con abundancia. Pero no has de contentarte con llamar y buscar, para comprender las cosas de Dios es absolutamente necesaria la oración.

 

Precisamente para exhortarnos a ella, el Salvador no solamente nos ha dicho: ‘Buscad y hallareis, llamad y se os abrirá’, sino que ha añadido: ‘pedid y recibireis’”.

 

 

Palabra que construye la Iglesia

 

La palabra de Dios se nos da para construir comunión, para unirnos en la verdad en nuestro camino hacia Dios, es una Palabra que se dirige personalmente a cada uno, pero también es una Palabra que construye comunidad que construye la Iglesia. Si se desea una comunidad viva, la clave es la Palabra de Dios, la lectio divina.

 

Y Jesús lo ha dicho: “No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino, sino aquel que escucha la Palabra y la pone en práctica. Es como aquel hombre que edificó su casa sobre roca, vinieron las tormentas, los vientos y la casa permaneció firme porque está cimentada sobre la Palabra”.

 

Una comunidad crece y se asienta sobre roca cuando está sobre la Palabra de Dios. Para construir la comunidad, tenemos aquí la clave.

 

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La sacramentalidad de la Palabra

 

El Papa dice: “En la lectura orante de la Sagrada Escritura, el lugar privilegiado es la liturgia, especialmente la Eucaristía, en la cual celebrando el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Sacramento, se actualiza en nosotros la Palabra misma”.

 

Muestra una realidad profunda en la Liturgia, el misterio que se celebra se realiza, se actualiza para nosotros.

 

La Palabra de Dios proclamada en la liturgia tiene una sacramentalidad, es decir que es proclamación eficaz, que realiza, actualiza ese misterio que se está celebrando. Como hizo Jesús cuando estaba en la sinagoga de Cafarnaum: San Lucas dice que se adelanto para hacer la lectura y le alcanzaron el rollo de las Escrituras. Él lo abrió y encontró en el profeta Isaías, esas palabras: ‘El Espíritu del Señor esta sobre mí porque me ha consagrado por la unción y me ha enviado a evangelizar a los pobres, a dar la vista a los ciegos…’, y termina diciendo Jesús: ‘Esto, hoy se ha cumplido acá’

 

Cuando leemos, surge la Palabra de Dios que es viva y eficaz, Palabra creadora, Palabra que recuerda y actualiza, por eso, el lugar privilegiado es la Liturgia, no tenemos necesidad de buscar en otros lados. Es la riqueza que tiene nuestra Liturgia que nos ofrece como pedía el Concilio Vaticano II, más abundantemente la Palabra de Dios. Nos ofrece en tres años, en los tres ciclos dominicales a, b y c, el Nuevo Testamento y las partes fundamentales del Antiguo, prácticamente toda la Biblia. Y si durante dos años vamos entre semana de lunes a sábados a Misa, leemos toda la Biblia, tenemos esa riqueza en nuestra vida.

 

Nadie puede dar lo que no tiene

 

Es un espíritu que debe impregnar nuestra vida, nuestra comunidad. Amar la Palabra, vivir con la Palabra, orar con ella, meterse en el mundo de la lectio, aprender. El equipo de liturgia tiene que orar con la Palabra, preparando así el corazón de cada uno. Y de esto va a surgir lo que den en la celebración. Lo que va a decir el animador, la música, etc… Es vivir ustedes mismos este misterio que celebramos litúrgico - eucarístico, con la Palabra, y esto es lo que después tienen que comunicarlo y compartirlo con los demás.

 

El guía, el animador, no puede leer una palabra que no entiende, no se puede repetir el mismo guión de las Parroquias vecinas.

 

El animador, cuando lo hace bien, anima a la participación consciente, activa y fructosa, como dice el Concilio Vaticano II… Y si la comunidad vive esto, yo también voy a vivirlo, entonces esa comunidad se edifica sobre roca.

 

Que haya una participación consciente, activa y fructosa, es lo que tienen que desvelar al equipo litúrgico. Y en la Palabra de Dios: Preparar, profundizar y asimilar”.

 

______________________________________________________

 

El Sr. Obispo recomendó dos Documentos importantes para la gente que trabaja en Liturgia: “Las Instrucciones Generales para el Misal Romano”, y el otro es el “Ordenamiento de las Lecturas en la Liturgia”.

 

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