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// 11-09-2013 //              

- Feliz de ti por haber creído” – Celebración Patronal Diocesana NSBVpatronal.jpg

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Año de la Fe


NUESTRA DIÓCESIS
 
“FELIZ DE TI POR HABER CREÍDO”
  
Fiesta Patronal Diocesana
 

Viernes 4 de octubre – 20.00 hs. – En el atrio de la Catedral

 

La celebración diocesana en honor a Nuestra Señora del Buen Viaje, cuya fecha conmemorativa es el 5 de octubre, tendrá lugar el viernes 4 de octubre, para no coincidir con la Peregrinación a pie a Luján.

 

La misma se llevará a cabo en el atrio de la Iglesia Catedral, comenzando puntualmente a las 20.00 hs. con una procesión desde la Plaza, y finalizando con un festejo popular, allí mismo, en el frente de la Catedral.

 

Posteriormente, habrá un compartir fraterno en el patio del Colegio Parroquial N. S. del Buen Viaje.

 

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Iglesia en la Argentina

BEATIFICACIÓN

José Gabriel del Rosario Brochero
Discípulo Misionero de Jesucristo

 

14 de septiembre – 10.00 hs. Santa Misa – Villa Cura Brochero
Traslasierra – Provincia de Córdoba

 

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Historias de fe y compromiso

Nicolás, el niño
de la recuperación milagrosa


Cuando tenía 11 meses perdió la mitad de su cerebro en un accidente; hoy, a los 13 años, termina la primaria; su caso convertirá en beato al cura Brochero.

 

Por Silvina Premat  | LA NACION

 

"El milagro de Nicolás no fue algo automático. Cuando le dieron de alta era como un muñeco de trapo. Nos dijeron que no iba a ver, no iba a hablar y tampoco iba a caminar. Sólo respiraba y deglutía. No tenía ninguna expresión. Cuando lloraba, se le caían las lágrimas con los ojitos abiertos como única manifestación de dolor." Así recuerda Sandra Valino de Flores los primeros momentos de la curación de su hijo, que fue reconocida por el Vaticano como un milagro obtenido por intercesión del cura José Gabriel Brochero y en virtud del cual ese sacerdote argentino será proclamado beato en poco más de dos meses en Córdoba, provincia donde nació, vivió y murió.

 

Cuando tenía 11 meses, en septiembre de 2000, Nicolás perdió gran parte de su masa encefálica -el hemisferio izquierdo del cerebro- a raíz de un golpe en la cabeza en un accidente automovilístico. Para sorpresa de todos, el bebe sobrevivió a tres paros cardíacos y, con el tiempo, aprendió a hablar, pudo caminar, ver y expresar sus emociones. Nicolás tiene hoy 13 años y un coeficiente intelectual de entre 50 y 60, cursó y aprobó sexto grado en una escuela común con la ayuda de una maestra integradora, y el próximo año podría iniciar el secundario.

 

El 14 de septiembre asistirá junto con sus padres a la misa de beatificación del cura Brochero, en calidad de "milagrado", como denomina la Iglesia al beneficiario de la intercesión divina.

 

 

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Nicolás, en el living de su casa de Córdoba,
junto a sus padres, Sandra y Osvaldo.

 

En 1973, al exhumarse los restos del sacerdote cordobés, 59 años después de su muerte, se halló intacta su masa encefálica, la que hoy se conserva en una urna en la iglesia la localidad cordobesa en la que vivió y a la que se le dio su nombre: Villa Cura Brochero. Si bien la Iglesia no considera la incorrupción como signo de santidad, se interpreta que la coincidencia con el caso de Nicolás -la virtual recuperación de su masa encefálica- porta un mensaje para la actualidad. "Brochero era muy capaz y aplicó toda su capacidad intelectual a la integración social, a la solución de los problemas de la gente, como los caminos, el agua y otras obras que lo describen como un modelo de sacerdote y de ciudadano", dice el padre Jorge Frigerio, titular del Centro de Estudios Brocherianos.

 

En la Villa Cura Brochero, sus cerca de siete mil habitantes se preparan para recibir a una multitud en septiembre, para la misa de beatificación que celebrará el enviado del Papa, el cardenal Angelo Amato, titular de la congregación pontificia para la causa de los santos.

 

Cuando ocurrió el accidente Nicolás había comenzado a dar pasitos y decía algunas palabras. Al recibir el alta la perspectiva era que quedara ciego, mudo y sin poder caminar. Sin embargo, con el tiempo Nicolás comenzó nuevamente a balbucear y luego aprendió a hablar. Como también un día se incorporó y caminó.

 

"Tres médicos nos dijeron que quedaría ciego, pero seguimos consultando y uno, en Buenos Aires, nos dio alguna esperanza de que pudiera ver al menos con un ojo, porque el otro ya lo había perdido. El día de la operación nos dijo que era muy difícil, que no garantizaba nada y que la cirugía podría durar casi tres horas", recuerda Osvaldo Flores, su padre, a LA NACION, en su casa de la ciudad de Córdoba.

 

En ese momento, Sandra, que es abogada, rezó repetidamente a Brochero pidiendo que el niño recuperara la visión necesaria como para ser independiente. Apenas veinte minutos después de haber ingresado en el quirófano, el médico salió y dijo a los padres que había ido todo bien y que estaba asombrado porque nunca había realizado una operación tan veloz. Nicolás recuperó la vista de un ojo con un campo visual limitado.

 

Otro de los hechos curiosos de su historia clínica fue, según cuentan sus padres, que el orificio en el cráneo producido por el traumatismo "se cerró solo y no fue necesario ponerle una malla de titanio como se había planificado".

 

Sandra repite que la recuperación de su hijo fue lenta y fatigosa. "Eso es bien «brocheriano»: hace lo suyo pero pone a trabajar a todos", bromeó monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje y delegado del Episcopado argentino para la causa de los santos.

 

"Un milagro"

 

Un día en el que Sandra estaba muy angustiada fue con su esposo a ver al médico que atendía a Nicolás desde el accidente, Vicente Montenegro, y le preguntó si iba según lo esperado. "Sentía una mezcla de sentimientos que conjugaban la alegría y la angustia de no saber qué sería de la vida de mi hijo ni adónde podía llegar", cuenta Sandra. El doctor desconocía si eran creyentes, pero los sorprendió al decirles que, si habían hecho una promesa, tenían que cumplirla porque lo que había pasado con Nicolás era un milagro.

 

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El especialista no sabía que efectivamente Osvaldo había pedido a Brochero por la vida de su hijo en el mismo instante en el que le hacía respiración boca a boca, un instante después del accidente, y que más tarde había prometido caminar los 50 kilómetros de caminos y senderos entre las sierras que separan el paraje más alto de esa zona, El Cóndor, y la localidad que lleva el nombre de Brochero.

 

Osvaldo y Sandra son devotos del sacerdote casi por tradición de ambas familias. De hecho, sin tener domicilio en Villa Cura Brochero, la pareja se casó allí y ahí mismo volvieron cuando supieron que estaban esperando un hijo, "para poner el embarazo en manos de Brochero". Luego, también bautizaron allí a Nicolás.

 

"Es decir que Brochero ya era uno más de nuestra familia", dice Osvaldo, quien volvió a invocar la intercesión del cura serrano durante la primera cirugía de la que, según le habían dicho, si su hijo lograba sobrevivir, quedaría con graves secuelas. "Yo digo que al milagro no sólo se lo recibe sino que hay que trabajarlo día a día", afirma.

 

El reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de la intercesión de Brochero en el caso de Nicolás llegó diez años después de haber comenzado a ser analizado.

 

"En un principio me preguntaba por qué teníamos que vivir esto -dice Sandra-. Ahora pienso que fue para que Brochero pudiera ser una luz de esperanza y fe para los que no creen o para los que necesitan ver para creer.".

 

 

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Un Centro de Contención y
Rehabilitación en Haití llevará
el nombre del Cura Brochero

 

Kay Gabriel. La casa de Gabriel. Así comenzará a llamarse desde el 4 de octubre próximo un nuevo Centro de Rehabilitación y Escuela Vocacional que ayuda a los más necesitados en Haití. Es un proyecto que se gestó mirando a Brochero, y en agradecimiento por su intercesión ante el Dios de la Vida.

 

Esta es la historia contada en primera persona por Norma López, fisioterapeuta argentina que en uno de los países más pobres del mundo trabaja con un equipo de voluntarios, y se entrega en el servicio de contener y sostener a personas adultas con trastornos neurológicos, a jóvenes con necesidades especiales, y a sus familias, calmando el dolor del cuerpo y del alma…

 

Haití,  9 de septiembre de 2013

 

“Hace 3 años y medio que el polvo oscurecía el sol en una tarde del 10 de enero del 2010. Un día como tantos, en el que el atardecer se volvió oscuro, la tierra tembló. Recuerdo el llanto silencioso, las plegarias desesperadas, las manos levantadas al cielo, cuando la tierra se sacudía otra vez.

 

Los heridos llegaban al Hospital Saint Damien, un niño con profundos cortes en su cabeza, el joven traído por sus amigos, con sus brazos y piernas rotos, respirando con esfuerzo, luchando por sobrevivir  por solo unos minutos.

 

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La imagen continua de gente desesperada, con los brazos o piernas fracturados, sangrando, en el silencio del shock. Las manos no alcanzaban para detener la sangre que corría sin control por los cuerpos,  la muerte se acercaba  a aquellos niños que fueron evacuados del hospital y que requerían de cuidados intensivos.

 

Es difícil recordar los detalles, cuando se intentaba, por la cantidad de heridos que llegaban esas primeras horas después del terremoto, cerrar las heridas, inmovilizar  fracturas o calmar el dolor, el físico, porque el otro dolor, el de la pérdida de los seres amados, ese dolor, sigue  latente. La incertidumbre del  instante, del no saber si los temblores cesarían o quizás la destrucción, la muerte nos alcanzaría. Pero había tanto por hacer…

 

Un niño argentino, de nombre Nicolás. Un sacerdote argentino, que vivió hace 100 años en un pueblo de las montañas de la provincia de Córdoba, el padre José Gabriel del Rosario Brochero.

 

Un accidente de auto, Nicolás sufre un traumatismo craneal severo, su padre pide al padre Brochero que mantenga a su hijo con vida y que quede con las menores secuelas posible.

 

Una niña haitiana, Johane. Su casa se desmoronó durante el terremoto y sufrió de un traumatismo craneal severo. Ningún doctor le daba esperanza de vida. Su abuela y su madre, estuvieron a su lado día y noche. Dormían en el suelo. Johane tenía su cuerpo rígido, apenas respiraba, tenía una sonda naso gástrica porque no había otra manera de alimentarla. Johane hubiera necesitado una cirugía en su cerebro porque sufrió de una hemorragia masiva, pero no había neurocirujanos para hacerla y no tenía esperanza de sobrevivir. Johane tuvo tratamiento de rehabilitación cada día, desde que la encontramos, en una sala del hospital. La desesperación, la impotencia, la fe, el recuerdo del pedido del padre de Nicolás, el milagro por la vida de este niño y el haber sido testigo del mismo, me condujeron desde lo más profundo de mi ser a pedir a Dios por intercesión del cura Gabriel Brochero, que Johane sobreviviera al daño tan severo que manifestaba en su cerebro. La condición de Johane, los pronósticos médicos y mi razón me decían que Johane tenía muchas más probabilidades de morir que de vivir. Aún así seguimos trabajando con Johane. Un día, un equipo de cirujanos italianos decidió hacer una intervención quirúrgica paliativa, para descomprimir su cerebro de la hemorragia y darle alguna posibilidad de recuperación, aunque su pronóstico seguía siendo reservado. La cirugía salió de acuerdo a lo esperado y Johane tuvo una leve mejoría. Su madre y su abuela sostenían su fe y  esperanza.

 

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En el hospital Saint Damien se atendió a una enorme cantidad de pacientes, de niños y adultos que requirieron ser amputados, por las severas fracturas o mutilaciones de sus extremidades. Los que no requirieron de amputación quedaron con secuelas muy importantes, por sus traumatismos.  Nuestra misión fue tratar a todos los pacientes que encontráramos en las salas,  hablar con los niños, con sus padres, alentarlos, vendar sus muñones, fortalecer sus músculos para prepararlos para sostener una prótesis, enseñarles a caminar en un solo pie, aliviar su dolor del cuerpo y de la perdida.

 

Pasó un mes del terremoto y muchos pacientes fueron dados de alta, continuábamos con nuestro programa de tratamiento para niños, pero ahora se sumaban estos otros pacientes con diversos traumatismos a causa del terremoto. Empezamos a vislumbrar un nuevo programa de rehabilitación. Se fue gestando Kay Gabriel, un nombre elegido en agradecimiento a ese sacerdote que intercedió ante Dios. El Dios de la vida, el Dios de la esperanza. Ese Dios que nos daba la certeza de creer que estos niños, jóvenes, padres, madres, ancianos  amputados volverían a caminar y a reintegrarse a la vida, aún con sus limitaciones.

 

Momentos intensos, momentos para CELEBRAR LA VIDA. Momentos para agradecer estar vivos, aún a pesar del dolor, de la pérdida, del sufrimiento.

 

Ejemplos de la  lucha por vivir, desde lo imposible, la vida construyéndose día a día, como la vida de Johane, desde el coma, hasta la posibilidad de comer por sí sola, de decir “hola” por teléfono, de asir un juguete, de sonreír, quien sabe si de caminar, pero como este pueblo que despacito construye su esperanza, quizás algún día o de alguna manera… será posible.

 

Nace Kay Gabriel, un programa que germinó en la esperanza de creer, que a pesar de todo, estos seres humanos que quedaron con sus cuerpos mutilados, pudieran pararse ante la vida, caminarla  y transitarla otra vez. Un programa que con el tiempo fue cambiando su rumbo, los pacientes víctimas del terremoto, pudieron pararse y caminar con sus piernas ortopédicas, aprendieron a mover y a independizarse con los muñones de sus brazos, los niños volvieron a jugar y a compartir sus diálogos, sin importarles lo que perdieron, solo mirando quienes eran.

 

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Hoy, Kay Gabriel atiende a pacientes jóvenes y adultos que tienen diferentes condiciones neurológicas, principalmente secuelas de accidente cerebro vascular. La población haitiana tiene una gran predisposición a tener hipertensión arterial, no hay cuidados preventivos, la alimentación  es rica en grasas, las campañas de concientización son escasas, así como los controles médicos periódicos. En Kay Gabriel recibimos a pacientes derivados del Hospital Saint Luke, en un estadio agudo. Hombres y mujeres jóvenes, padres y madres que quedan sin trabajar, madres jóvenes a quienes les resulta muy difícil cuidar a sus hijos por sus limitaciones físicas, ancianos que quedarían postrados en la cama sino tuvieran la posibilidad de tener su tratamiento de rehabilitación.

 

La plegaria escuchada, las manos abiertas escuchando el dolor, la fe y la esperanza en las lágrimas de los cuerpos rotos, la convicción del querer, la mirada de Dios en los ojos compasivos.

 

Una casa que recibe a los que quedan sin caminar, sin poder hablar, sin mover alguno de sus brazos, un centro que da un tratamiento especializado a pacientes con condiciones neurológicas, donde nos formamos humana y profesionalmente para dar un abordaje íntegro, que contemple las necesidades de estas personas con impedimentos neurológicos.

 

Un nombre, Gabriel, sacerdote argentino que será beatificado, por su intercesión en salvar la vida de un niño.

 

Un país, Haití. Kay Gabriel, la casa de Gabriel.

 

Gracias a Dios, por la vida a cada instante.

 

Gracias al padre Brochero por estar con Dios, escuchar mi oración confiada y decirle a Dios al oído, están pidiéndome ayuda, hay que tenderles una mano  y por esa mano gaucha, como decimos los argentinos, que se extiende cada día al pedir por el más pobre entre los pobres.

 

Acompaño a mi pueblo, a Nicolás, a sus padres y toda su familia, a mi familia, a mis colegas y amigas, en esta alegría compartida de que nuestro amigo, el cura Gaucho sea beatificado el 14 de Setiembre próximo. Celebraré y compartiré este momento de agradecimiento en la inauguración de Kay Gabriel el 4 de octubre de este año, en Haití.

 

Un abrazo del alma a todos y ¡Viva el cura Brochero, nuestro cura Gaucho!”

 

Norma Isabel López

 

"La gracia de Dios es como la lluvia que a todos moja."

                                                         (Cura Brochero)

 

 

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Partieron a la Casa del Padre

Pastoral Scout

 

Una triste noticia del Grupo Padre Bode

 

El 6 de septiembre, tras un accidente automovilístico a la altura de la localidad de Azul, en situación en que se encontraban viajando hacia la localidad de Tandil, partieron al Campamento Eterno los scouts Gabriel Castillo, Dirigente; Tahiel Massad, Lobato; y Nahuel Massad, Dirigente, junto con su papá Carlos; todos miembros del Grupo Padre Francisco Bode, que funciona en la Parroquia Cristo Rey.

 

Como comentó el Sr. Miguel Rodríguez, ahora están junto a Jesús para quien estuvieron ¡Siempre listos!

 

Nos unimos en oración por ellos, por sus seres queridos y por la comunidad de Cristo Rey.

 

 

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Padre Pepe Zamorano

 

Feligreses de la Comunidad de Virgen de la Esperanza, de Hurlingham, recuerdan al Padre Pepe Zamorano al cumplirse un año de su Pascua, el pasado 9 de septiembre. Comparten sus últimas palabras en la siguiente imagen:

 

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PASTORAL DE COMUNICACIÓN SOCIAL - DIÓCESIS DE MORÓN

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Oficina de Prensa del Obispado de Morón

Sr. Fabián Parodi

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

Buen Viaje 936 - Morón     

Teléfono: 4629-3143

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