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Receso por vacaciones MC900431561[1]
- Calendario Pastoral para febrero 2013 – Cumpleaños del Clero y Aniversarios de Ordenación MC900431561[1]
- Gesto Misionero
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- ¿Cómo orar hoy? MC900431561[1]
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Agradecen por lo recibido y compartido en la Diócesis, y nosotros rezamos por ellos MC900431561[1]
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Construyendo la Comunión para la Misión MC900431561[1]
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Curso de Escucha Contemplativa MC900431561[1]
                                                                                             

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OFICINA DE PRENSA

 

Receso por vacaciones

 

¡Llegó el momento de decirles que haremos un receso en nuestro servicio por vacaciones!

Dios mediante, volveremos a reencontrarnos en los primeros días del mes de febrero publicando una Carta Pastoral de Mons. Luis Guillermo, con motivo del inicio de la Cuaresma en el Año de la Fe.

Para aprovechar estos días en los que hay más tiempo para leer, les dejamos una disertación del P. José María Recondo sobre cómo orar hoy. Se puede escuchar el audio, haciendo clik en la imagen del video.

 

Y con quienes también estén por tomar unos días de descanso, compartimos una

 

Oración para las vacaciones

 

Padre, que nos diste la vida y en tu providencia nos guías y nos enriqueces con tus dones, vela continuamente sobre nosotros. A Ti confiamos este viaje, y el tiempo de nuestras vacaciones. Concédenos vivir estos días alegres y serenos. Ayúdanos a hacerlo todo según tu voluntad y a santificar el domingo participando de la celebración eucarística, estemos donde estemos. A acrecentar los vínculos de amistad y gozar de la intimidad familiar.

Hacenos solícitos en el servicio recíproco, para que podamos regresar enriquecidos de amor y humildad a nuestras casas, a nuestra Parroquia, a nuestro estudio y a nuestro trabajo. Acuérdate también de aquellos que no pueden disfrutar de las vacaciones.

Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, en la luz y en la guía del Espíritu Santo y de Nuestra Señora del Buen Viaje. Amén

 

 

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Nuestra Diócesis

 

CALENDARIO PASTORAL DIOCESANO 2013

 

Febrero

 

11 lun  56º aniversario de la publicación de la Bula de creación de la Diócesis “Quandoquidem Adoranda”

12 mar  Reingreso al Seminario Diocesano San José

13 miér Miércoles de ceniza- Inicio de la Cuaresma

18 lun  22º aniversario del fallecimiento de Mons. Raspanti. Misa en la Catedral a las 19:00 hs

19 mar  Reunión de Jurec para Representantes Legales, Directivos, Coordinadores de Catequesis y Catequistas. En Instituto Virginia Gamba, de 09:00 a 12:30 hs.

 

 

 

Cumpleaños del Clero

Febrero

 

Diác. Horacio Castellano                          05-02

Pbro. Jorge Roberto Alonso                     11-02

Pbro. Silvio Abel Rocha                           12-02

R.P.  Hernán Ustariz, SAC                         15-02

Pbro. Luis De Angelis                               26-02

R.P. José Luis Segarra Sabater, RTC      26-02

 

 

Aniversarios de Ordenación

 

Febrero

 

Pbro. David Isarra                               02-02-08

 

 

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Equipo de Animación Misionera

 

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Gesto misionero


Desde la segunda semana de febrero, a partir del 11 (Fiesta de la Virgen de Lourdes) hasta el domingo 16, en Barrio Libertad, Capilla San Cayetano, Parroquia San Carlos Borromeo, de Villa Club.

 

Próxima reunión: 30 de enero, en Medalla Milagrosa de Villa Tesei, a las 19.30 hs.

 

Los interesados pueden comunicarse y dejar sus datos en la siguiente dirección de email:

ensandaliasporgalilea@yahoo.com.ar

 

O en Facebook:

Congreso Misionero Diócesis Morón

 

 

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Iglesia Catedral de Morón

Centro de Espiritualidad “María, Madre del Buen Viaje”

 

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¿CÓMO ORAR HOY?

 

Pbro. José María Recondo

 

(Agradecemos a Caterina Marotta su transcripción)

 

Invitado por el Centro de Espiritualidad “María, Madre del Buen Viaje”, el Pbro. José María Recondo, actual administrador parroquial de Santa Rosa de Lima, de Castelar y Capellán del Hospital de Morón, respondió a esta pregunta con una disertación que brindó en el salón parroquial de la Catedral, en el mes de octubre pasado. En su desarrollo fue contra la corriente, dejando en claro que no se reza para cargar las pilas, o se va a un retiro a hacerlo. Es una expresión que nunca lo entusiasmó, porque coloca a Dios en el lugar equivocado. “Dios no es un medio en nuestras vidas y la oración, por lo tanto, no es un ‘service’ espiritual. Cargar las pilas, reenergizarse, obtener luz sobre la propia vida, recuperar armonías, todo eso pueden ser frutos y de hecho lo son de la oración, pero no la causa. No vamos a Dios por esto, aunque muchas veces nos vayamos de Dios con ello”.

 

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¿Cuál es la causa de nuestra búsqueda de Dios?

El motivo fundamental de nuestra oración es, en cambio, que Dios es Dios, es real y rezamos para que lo sea cada vez más en nuestra vida.

 

Un estudioso de las religiones comparadas, confrontando la mentalidad actual con la antigua dice: ‘El hombre antiguo se caracterizaba porque Dios era un ser más cercano que las cosechas, las estaciones, los ríos, los bosques, la tribu misma, mientras que al hombre moderno le cuesta aceptar a Dios como real’.  

 

Cuando nosotros oramos, aceptamos a Dios como real, estamos reconociendo a Dios como real. Y cuando interrumpimos cualquier otra actividad para entregarnos a la oración, estamos diciendo con ese gesto que Dios es más valioso que nuestro tiempo, que nuestros planes, más valioso que nuestras relaciones”.

 

En la obra teatral “Diálogo de Carmelitas”, la Madre Superiora dice en un momento dado: “¿No es una contradicción muy extraña que los hombres crean en Dios y al mismo tiempo recen tan poco y tan mal?”.

El P. José María reformulando, agregó: “¿No es una contradicción muy extraña que nosotros digamos que amamos a Dios por sobre todas las cosas y no busquemos encontrarnos con Él?

 

Sin trato con Jesús no es posible una vida evangélica. Se podrá alcanzar una vida correcta, éticamente integra, virtuosa, pero no evangélica, lo que supone trato con Jesús.

Además, es la oración la que nos lleva, en ese trato que tenemos con Dios, a conocer de verdad a Jesús, a conocer de verdad a Dios, es lo que marca la diferencia entre saber sobre Dios y llegar a conocerlo”.

 

¿Quién fue Mahatma Ghandi? Todos dirán que lo saben, pero si se preguntara si lo conocieron, todos dirán que no. “Porque el conocimiento supone contacto, trato, relación, encuentro, y eso es lo que nos da la oración en relación con Dios, nos permite no solamente saber sobre Él, sino conocerlo.

 

La Universidad de Tel-Aviv había hecho un estudio cuya conclusión fue que el rezar, tenía efectos positivos sobre el cerebro y llegaron a comprobar que podría reducir hasta el 50 % los riesgos de Alzheimer. Más allá de que sea uno de los frutos que alguien puede alcanzar en su vida de oración, tratándose de Dios, cada vez con más frecuencia nos referimos a Él pero sin darle el tú, y lo más probable es que Dios se vaya reduciendo en nuestra vida a una idea, a una mera palabra.

 

La oración no es el único ámbito para el encuentro con Dios, también la liturgia, el servicio, la caridad, el encuentro con el otro, pero donde se da una experiencia sin mediación alguna de trato personal con Dios, es evidentemente en la oración. San Agustín expresaba: ‘Únicamente sabe vivir bien, quien bien sabe rezar’.

De esto tenemos experiencia, porque sólo cuando nos ponemos ante Dios las cosas recuperan su justo valor, su proporción, su relatividad, su sentido, el sentido que viene de Dios”.

 

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Aprender a orar

La mayoría de la gente cree que no es necesario aprender a orar, porque sabe rezar.

Ocurre algo parecido con el amor, la mayoría cree que sabe lo que es amar, pero amar bien es una de las cosas más difíciles de la vida. Esto se aprende a lo largo del camino.

El Sacerdote recordó una frase de “Sobre héroes y tumbas”, de Sabato: Alejandro, uno de los personajes, dice: ¡Uno se pasa la vida aprendiendo a amar y cuando empieza a entender, le llega la hora de irse”. “Podría ser una frase pesimista si no tuviéramos la cosmovisión cristiana de que, en realidad, uno está aquí para aprender a amar. En el Cielo, sólo se sienten cómodos los que saben amar.

 

Es análogo lo que pasa con la oración, la mayor parte de la gente cree que sabe hacerlo y luego fracasa en perseverar en su oración. Esto tiene que ver simplemente con la debilidad de su voluntad, con el no haber sido suficientemente consistente para perseverar.

 

Si no hemos sido iniciados en las reglas de la oración, es probable que las causas de estas deflexiones no residan solamente en nuestra voluntad, sino en nuestra falta de conocimientos de cómo hacerlo. En ocasiones, quien se introduce solo con su voluntad en la aventura y en el misterio de la oración, es probable que se encuentre sin saber cómo seguir y que abandone su empeño. Lo que se adjudica solamente a la falta de voluntad, en este caso tiene que ver más con la falta de conocimiento.

 

Es preciso aprender a rezar, y gracias a Dios, hay muchos que han hecho el camino antes que nosotros y han dejado marcas que nos pueden indicar por dónde andar para ir hacia Dios.

 

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¿Qué es orar?

El punto es muy amplio y el P. Recondo sólo se refirió a una forma particular de oración que es la personal, por la que buscamos un encuentro de intimidad con Dios. Y de está, no habló de la oración vocal, litúrgica, sino de la que los clásicos llamaban “la oración mental”, una expresión que hoy no es completa, porque en aquel tiempo tenía un contenido que hoy ha perdido; integraba lo afectivo, involucraba al corazón. En la actualidad, es una cosa que se limita a un ejercicio meramente racional.

 

En una primera aproximación, subrayó que la oración es un encuentro con Dios. Para especificar qué tipo de encuentro tenemos en la oración y en qué consiste, recurrió a una brillante definición de Carlos de Foucauld, beato y contemplativo francés, beatificado hace poco tiempo, muerto a comienzos de 1900 en el desierto del Sahara. El decía: “Orar es pensar en Dios amándolo”, lo que en muy pocas palabras reúne todo.

 

San Juan de la Cruz tenía una definición muy parecida porque él decía: “Orar consiste en tener la atención amorosa puesta en Dios”. Otra vez están en juego el conocimiento y el amor.

 

La oración supone que simultáneamente el conocimiento y el afecto se concentren en Dios. Lo que quiere decir, que no hay oración si el conocimiento no está acompañado por el amor. Y supone al mismo tiempo, estar conscientemente atento a la realidad de Dios.

 

“Esas dos realidades, facultades superiores que tenemos, las del conocimiento y las del corazón, tienen que aunarse en Dios, directamente en Él”, explicó.

 

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La oración cristiana

Describió algunos principios sin los cuales no hay oración cristiana.

 

Lo primero es que

La oración es un encuentro con Dios que tiene lugar en la fe.

 

Una constante que aparece en los relatos de resurrección en el Evangelio, es la dificultad que tienen los discípulos para reconocer la presencia de Jesús. Por ejemplo, las mujeres en el sepulcro, los discípulos en Emaús; los discípulos en el cenáculo; después Tomas; los discípulos a orillas del lago Tiberíades.

 

“Siempre es así, estos textos muestran que no obstante los signos, los sentidos no bastaban para reconocer a Jesús, a quien sólo alcanzaron a reconocerlo a través de la fe, escuchando su palabra. Es lo propio de la fe, la fe viene de la audición, sólo escuchando su palabra reconocieron su presencia. Y sólo entonces superaron ese estado de confusión, de perplejidad, de incertidumbre que aparece en todos los relatos.

 

Por eso, San Agustín decía: “Los discípulos por lo que veían creyeron en lo que no veían”.

 

Esta convivencia de signo y oscuridad, es propia de la fe. Tenemos signos para creer, pero ninguno basta en orden a creer. Por lo cual, no hay que perder de vista que el encuentro con Dios en la oración se da en la fe, siendo preciso aceptar esa característica que es la semioscuridad. El encuentro con Dios en la oración se da en semioscuridad.

Y esto es porque nosotros no estamos hechos para ver la luz del sol, al sol sólo podemos llegar a mirarlo entrecerrando los ojos, poniéndonos en semioscuridad, como en penumbras. Por eso, los místicos que tuvieron de Dios la experiencia más intensa que se puede tener humanamente en esta vida, hablaban de una noche luminosa.

 

No sólo en la oración ocurre esto, sino también en la trama cotidiana de nuestra vida de fe. De los acontecimientos que vivimos, no vemos habitualmente con total claridad lo que Dios quiere, lo buscamos a tientas en la oscuridad por medio de la fe. Así es el caminar del hombre y de la mujer de fe”, sostuvo.

 

Ejemplificó la experiencia de la persona creyente con lo que ocurre al caminar en el medio de la noche, a la luz de una vela. No caminamos a oscuras, pero vamos rodeados de oscuridad; Jesús dijo: “quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Si no estamos dispuestos a caminar en la noche, no sabremos perseverar en la fe. Incluso, la noche con frecuencia es para Dios un lenguaje, un lugar en el que manifestarse, revelarse.

 

“Un niño estaba junto a su padre y en el medio del día, los dos miran al cielo y el hijo le pregunta: ¿Papá, que está más lejos el sol o las estrellas? Y el padre no responde nada. Cuando se hace de noche, otra vez mirando al cielo, el chico le hace la misma pregunta, y el papá en ese momento si responde: “Las estrellas”. Entonces, replica el chico: “¿Necesitamos de la noche para poder ver más lejos?”

 

Más de una vez en nuestra vida, hemos visto mucho más lejos cuando nos ha tocado atravesar la noche, vivir la oscuridad. No es algo que se desee, pero de hecho, tenemos experiencia de que en más de una oportunidad hubo horizontes que se abrieron, de cosas que nunca hubiéramos aprendido, si no hubiésemos pasado por la experiencia de oscuridad.

 

Otra regla que tiene que ver con la vida de fe, es que siempre lo sensible ha de ser puesto al servicio de hacer una experiencia de fe, y no la fe al servicio de hacer una experiencia sensible.

 

Y si la experiencia religiosa que se busca consiste en estimular la sensibilidad, cuando sobreviene una crisis humana que introduce una noche en el creyente, uno no sabe cómo hacer pie en la fe. Si no estamos dispuestos a caminar en la noche, no sabremos perseverar en la fe.

 

La maduración espiritual del cristiano y su relación con Dios, suele seguir un proceso similar al progreso que tiene toda relación personal (vida matrimonial, una relación de amistad de años, etc.) en que del fervor inicial se pasa a un lento y casi imperceptible desarrollo de la intimidad, que no lleva tanto la marca de fervor como de la hondura. Así también nuestra relación con Dios, si maduramos como creyentes.

 

Recondo subrayó como legítimo y hasta a veces necesario, plantear con gradualidad el camino de la fe, e incluso admitir cierto uso del impacto emotivo para abrir el corazón a través de la sensibilidad. Pero hay que saber que el impacto emotivo en realidad, introduce una impostación a menudo adolescente y narcisista en nuestra experiencia de fe, que ha de ser superada. Tenemos que estar disponible a superarla y la noche es la que nos ayuda a esto, enseñándonos a caminar en la fe. La noche es una gran pedagoga, en orden a seguir madurando en la fe.   

 

Otra afirmación que realizó es que

La oración es una gracia a la que hay que saber disponerse.

 

Al ser una gracia, significa que lo más importante que va a ocurrir en ella, no es lo que nosotros vamos a hacer sino lo que Dios va a hacer en nosotros. Esto supone, por una parte, confiar plenamente en la acción del Espíritu Santo, quien va a hacer posible la oración mucho más que cualquier técnica

Confiar que es un don que vamos a recibir si lo pedimos con fe. “Si ustedes que son malos, dice Jesús, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan”.

 

La oración es una gracia de la relatividad que va a tener cualquier método y técnica, y la relatividad de las técnicas es algo propio de la oración cristiana. Las religiones orientales apuestan todo a la técnica, porque detrás hay una idea impersonal de Dios. Para nosotros, la técnica es algo absolutamente relativo y subordinado, porque delante tenemos a alguien que actúa, que se relaciona con nosotros.

    

La oración es, ante todo, una gracia donde el protagonista es Dios, pero si bien el hecho de gracia no puede ser jamás producido por nosotros, puede y debe sin embargo ser preparado por nosotros y por eso tenemos que saber disponernos.

San Agustín decía: “El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, a Dios no le gusta hacer las cosas solo, él quiere involucrarnos, también en la oración.

 

Un monje trapense decía “Nosotros transpiramos, pero es Dios quien más trabaja”.

 

La Biblia enseña como condición para este encuentro con Dios, que hay que entrar al desierto, lo que quiere decir, saber disponerse; y es imprescindible para hacer una travesía por el desierto, tener claro el rumbo, por dónde y hacia dónde se va.

 

Dicen que el desierto, el mar y la montaña son tres lugares en los que es muy fácil perderse, incluso poner en riesgo la vida. Para entrar al desierto hay que estar bien orientado, de lo contrario, se puede terminar dando vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte.

“Lo que hay que tener en claro cuando entramos al desierto es que no vamos a hacer algo, sino a encontrarnos con alguien; vamos al encuentro con Dios, con la gratuidad y disponibilidad de recibir lo que Él quiera darnos. Nada dificulta tanto el encuentro con Dios, como el tener prefijado lo que queremos encontrar y lograr.

 

Lo mejor que puede pasarnos en la oración es recibir lo que Dios quiera darnos.

 

La primera actitud, que forma parte de la disposición
con la que vamos al encuentro con Dios, es la del silencio.

 

El silencio, si bien aparenta incomunicación, es en realidad una condición indispensable de toda comunicación verdadera. Sólo saben comunicarse los que saben hacer silencio. Por eso, el sentido primordial del diálogo no es la palabra, sino el oído.

El diálogo no se establece cuando hay dos personas dispuestas a hablar, sino cuando hay dos personas dispuestas a escuchar. Si no, habrá dos monólogos.

En los tiempos que corren, no es raro que tengamos que reeducarnos en el silencio, ya que no sólo no abunda, sino que todo está dispuesto culturalmente para evitarlo y para mantenernos siempre en movimiento, sin parar.

Las casas de comida rápidas son un signo de estos tiempos. Es significativo que ahora haya una corriente contracultural de casas de comidas lentas, slow food, y de viajes lentos, slow travels, como un intento de volver a recuperar el sabor de las cosas, no sólo las que se comen, sino las que se viven”.

 

Como último aspecto respecto al silencio, y que está muy unido a la experiencia de fe, el P. Recondo afirmó que para ser verdaderos creyentes, es preciso saber escuchar.

Lo dice San Pablo: “La fe viene de la audición”. Uno cree lo que le ha sido dicho. Uno tiene que aprender a hacer silencio si quiere ser creyente, para poder escuchar. Al que no sabe escuchar le va a costar mucho la fe, porque la misma viene de la capacidad de acoger una palabra que no es nuestra.

 

Pablo VI decía: “El Espíritu Santo habla en el fondo de las almas que saben ofrecerles el silencio que exige su voz”.

 

La relación entre silencio y fe es indisociable. Silencio para la escucha. Se advierte cómo el no creyente suele huir del silencio, porque este lo pone en una sensación de abismo. Al no creer que en el silencio puede resonar una palabra trascendente, entonces lo vive con una sensación de vértigo. El silencio nos pone como en la nada frente a nuestra radical soledad. No es casual que en una cultura secularizada haya tanto aturdimiento, tanta necesidad de aturdimiento. En cambio, el creyente, y particularmente el contemplativo, no sólo valora el silencio, sino que lo busca, lo necesita. Y esto fundamentalmente porque advierte en la fe, que nunca está solo.

 

Por eso nosotros entramos al desierto, valga la paradoja, en busca de la soledad, pero sabiendo que no vamos a estar solos, vamos al desierto en busca de soledad para experimentar la comunión con Dios.

 

La oración es la que va dando a nuestras vidas el sentido de la presencia de Dios. Es tener en el fondo de nuestras conciencias la certidumbre de vivir bajo la mirada de Dios. La experiencia de la presencia de Dios, es un poco como la del niño que juega en su casa y sabe que su madre está, aunque no esté visible. La sola certeza de que su madre está, hace una experiencia de cobijo, protección, seguridad, que es insustituible y que además lo marca toda la vida.

 

Igual que nosotros, sólo si nos sabemos acompañados no nos asustará la soledad, de lo contrario, siempre trataremos de evitarla teniendo algo encendido, el televisor, la radio. Es la fe la que puebla de sentido el silencio, transformándolo en un silencio habitado

Por eso, cuando en oración hacemos silencio, no es porque no tenemos algo que decir, es porque estamos convencidos de que hay algo que podamos llegar a escuchar, de que hay algo que podamos llegar a recibir.           

 

Cómo disponerse a esta gracia del encuentro
con Dios que se realiza a través del silencio,
pero también a través de un ejercicio de la fe.

 

El silencio no basta para orar, es necesario también un ejercicio de la fe. Pero cuidado, porque esto considerado como obvio, termina siendo obviado. La apuesta metodológica para prepararse en la oración, se carga totalmente en hacer silencio. En realidad, lo determinante y propiamente cristiano en el momento de orar, es actualizar la fe. Encender varias luces en la fe que son las que nos permiten situarnos frente a Dios.

 

Porque estrictamente hablando, el ejercicio de hacer silencio puede hacerlo un ateo. El ponernos en silencio no constituye la oración, es ponernos en la escucha de alguien que en la fe reconocemos presente, que viene a nuestro encuentro, que nos ama y por eso nos busca y nos mira.

 

Este paso a la fe, es lo que nos pone propiamente en actitud orante.

 

Se trata de realizar el paso de lo meramente psicológico, a lo propiamente religioso. De la mística natural del encuentro con nosotros mismos (que hoy busca mucha gente, cierta experiencia de mística natural, de búsqueda de armonía interior, equilibrio personal, relajación, serenidad, concentración, todas técnicas psicológicas), a auto-trascendernos, a salir de uno mismo para ir al encuentro de otro con mayúsculas, ahí sí ya nos metemos en la experiencia de fe, es un paso que hay que dar en la fe”.

 

Puntualizó las luces que hay que ir encendiendo en la fe,
desde el momento en que se entra en la oración.

 

“Entramos al desierto, no para hacer algo sino para encontrarnos con alguien con mayúsculas. Si perdemos de vista esto, Dios se reduce a un mero espectador de nuestro ensimismamiento, de nuestra reflexión, introspección sin que vayamos más allá de nosotros mismos hacia el otro. Si este paso hacia fuera de nosotros no se da, puede que haya monólogos y no diálogos en la oración.

 

Esto marca la diferencia entre un ejercicio de mera meditación y uno de oración.

 

Ese alguien a cuyo encuentro vamos, advertimos desde la fe que está presente; y no es una presencia que nosotros traemos a nuestro interior a través de la memoria, de la imaginación, como podemos traer la presencia de un ser querido que está lejano o que falleció; no es una presencia virtual, es real; y no sólo la traemos, sino que la reconocemos como quien entra en una habitación oscura, prende la luz y descubre lo que ya estaba. Así es con la fe, al hacer un acto de fe en la presencia de Dios, descubro que Él ya está, entonces penetramos en un silencio habitado por la presencia de alguien que nos ama, nos busca, nos espera y nos mira”.   

 

Alguien que nos ama.

 

A menudo, nos da trabajo sentirnos y reconocernos amados por Dios, a veces por razones de índole afectiva-psicológica o a veces, por razones de moral. La primera tiene que ver con la autoestima, la propia autovaloración: ¿Cómo voy a pensar que Dios me ama si yo no me siento demasiado querible?

La segunda, con que regularmente nuestras incoherencias, nuestras mezquindades, nuestras caídas y miserias nos llevan a pensar que es difícil que Dios pueda estar a gusto con nosotros. Reforzado por la arraigada sensación de que es necesario complacer para ser querido, esto supone una falsa imagen de Dios.

 

Hay que caer en la cuenta de que Dios no nos ama cuando somos buenos o porque somos buenos, Él nos ama porque Él es bueno, y esta es la buena noticia.

 

Lo otro, representa a la mentalidad farisaica por la cual hay que ser bueno para que Dios te ame. Es como en el fondo proyectar sobre Dios una perspectiva moralista, no teologal de nuestra relación con él, y en realidad, Dios sigue amándonos con todo su ser, sin correspondencia ni con nuestra valía personal ni con nuestra condición moral. Se puede decir, que Dios no puede hacerlo de otra manera.

 

Esta es la convicción que tiene que acompañarnos cuando vamos al encuentro de Dios, el ser amados por Él.

 

Santa Teresa de Jesús cuando define la oración, dice: “No es otra cosa, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.

 

No es errado pensar como lo hacían los santos, que cuando rezamos Dios está todo con nosotros, porque en realidad eso responde a una idea teológica muy precisa y acertada que los santos tenían: Dios es simple y no puede hacer ni estar más que con todo su ser.

 

Somos amados, somos buscados, el motivo por el cual tú lector llegaste hasta aquí, es porque evidentemente hay alguien que también llama. 

Jesús dice: “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envía no lo atrae”, entonces somos buscados y no hay que perder de vista que la manera más sutil que Dios tiene de llamarnos, es poniendo en nuestro corazón el deseo de buscarlo.

Hay que caer en la cuenta de que Él siempre está infinitamente más interesado en encontrarse con nosotros cuando vamos a la oración, de lo que nosotros estamos en encontrarnos con Él.

 

Esto no es más que una traducción al tema de la oración de lo que dice la revelación, por eso tenemos que estar convencidos en la fe. Y obviamente, cambia totalmente la perspectiva de quien busca a Dios.

A veces, quien busca a Dios está resignado a pensar que tiene que hacer piruetas para ver de qué manera logra atraer la atención de Dios, y es todo lo contrario, el problema es acercarse a Él.

 

Además de ser buscados, cambia totalmente la actitud de quien busca el saberse esperado. Es como nos determina psicológicamente ir a tocar el timbre de alguien que nos espera, a otro que sabemos que no nos espera. La confianza con la que uno va cuando se sabe esperado, es totalmente distinta.

 

Debemos ser capaces, como decía Guardini, “de pensar que somos interesantes para Dios”.

 

Buscar la mirada de Dios.

 

Sabernos mirados. Es muy interesante lo que cuenta el Cura de Ars de un campesino que rezaba en su Iglesia y que siempre lo sorprendía su modo de oración. Cuando le preguntó cómo hacía, el campesino le respondió: “Yo miro al Señor y el Señor me mira”.

 

Excelente definición de lo que es la oración. “Mirame para que pueda amarte”, decía San Agustín. Cuando uno va a la oración, tiene que saberse mirado. Santa Teresa o Pablo VI ejemplifican el sentido de la presencia de Dios en la oración, con alguien ciego. El ciego no ve y sin embargo, se sabe mirado. Y, a pesar de que no ve, el ciego mira.

 

Ninguno, por más santo o místico que sea ve a Dios, porque no tenemos ojos para verlo, pero sí tenemos oído para escucharlo. La experiencia de fe hace que podamos buscar su mirada, que nos sepamos mirados y que miremos a Dios en el encuentro con Él. En este sentido, en la oración, más determinante que nuestra mirada sobre Dios es el sabernos mirados por Él, el estar convencidos en la fe que somos mirados por Él.

 

La oración es pensar en Dios amándolo. Esta preparación que uno hace en la fe para entrar en oración, pensando en Dios amándolo, la realizamos con la certeza de que mientras nosotros buscamos pensar en Dios amándolo, él piensa en nosotros amándonos.

 

 

Para permanecer en oración

Lo planteado hasta ahora es la preparación: Saber que orar es una gracia y que hay que disponerse por medio del silencio y de un ejercicio de la fe, en el momento en que entramos en oración.

 

La estructura fundamental que debe tener un momento de oración tiene que ver con dicha preparación, que es la que nos permite entrar; y junto con la lectura de un texto de la Palabra de Dios, son las dos puertas que hay que pasar para después permanecer en oración.

 

El P. Recondo recomendó hacer la lectura luego de una buena preparación. “Que es lo contrario a decir en un rato me pongo a rezar y abro la Biblia. Lo más probable es que el resultado sea chapotear sobre la superficie, sin haber logrado la mínima profundidad que nos va a permitir más que entrar en oración, permanecer en oración.

 

Es mucho más fácil entrar en oración, que permanecer. Para permanecer, hay que hacer una buena preparación, hay que haberse sumergido lo suficiente para luego poder perseverar. Cuando uno se encuentra flotando sobre la superficie, lo que debe hacer es volver a hacer silencio en el corazón, disponerse en la fe, volver a leer la palabra de Dios, y a través de lo leído, pensar en Dios amándolo”. 

 

Lectura recomendada


“El camino de la oración”,
de René Voillaume.

 

“La esperanza es un camino”, de José María Recondo.

 

 

 

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Vida Consagrada

 

Agradecen por lo recibido y compartido en la Diócesis, y nosotros rezamos por ellos

 

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“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

 

Los Religiosos Terciarios Capuchinos, bajo la protección de Nuestra Señora de los Dolores y del Padre Fundador, Fray Luis Amigó, invitan a la Primera Profesión Religiosa de los novicios:


Fray José Armengol Córdobas Jarquín

Fray Luis Gonzalo Ruiz Delgado

Fray David Solano Duarte

 

El día 2 de febrero de 2013, a las 10.30 hs. en el Colegio Mons. Tomás Solari,
Av. Don Bosco 4817, Morón.

 

 

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Hemos conocido el amor que Dios nos
tiene y hemos creído en Él”
 (1Jn 2,16)

 

“La experiencia del amor de Dios genera en nosotras
la capacidad de amar”.
Eugenia Ravasco.

 

La Congregación Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María invita a la Profesión Religiosa de:

 

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Caccia Lorena Miranda

 

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Valdilene do Nascimento

 

Se realizará en el día 02 de febrero de 2013, a las 10.00 hs.

en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús,
Obispo Miguel Raspanti 649, Haedo.

 

 

 

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Celebración y despedida del Año

 

A fines de 2012, el Hno. Luis Santander, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (en la foto abajo a la der.), partió de la Diócesis para asumir su nuevo destino pastoral. Comparte con nosotros la celebración y despedida del año, que se llevó a cabo en la casa de las Hnas. Ursulinas.

 

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“El 21 de diciembre de 2012, realizamos la celebración de la Novena de Navidad con la participación de las distintas comunidades Religiosas del Decanato de Hurlirgham, comenzando con la Eucaristía celebrada por el Padre Silvio Rocha.

A continuación hubo un compartir, se cantaron villancicos, teatro, amigo invisible.

 

Les damos gracias al señor por este compartir fraterno alegrándonos muchísimo por la venida de Jesús a nuestros corazones”.

 

 

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Junta de Vida Consagrada

 

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Construyendo la “COMUNIÓN PARA LA MISIÓN”

 

Como cierre del año 2012, la Junta para la Vida Consagrada revivió el Gesto de Adviento en el que en cada Decanato, las comunidades son visitadas por una imagen del Niño Jesús con un cuaderno de intensiones. Así, de una a otra se estrechan lazos de unidad y comunicación, y se ora por las propias comunidades y por las vocaciones de especial consagración.

 

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Luego de que las imágenes y los cuadernos recorrieron los Decanatos, los religiosos junto a quienes desearon acompañarlos se dieron cita el 22 de diciembre en la Catedral, para compartir la Eucaristía que presidió Mons. Luis Guillermo Eichhorn.

 

Como cierre del Gesto, durante la Misa se presentaron las imágenes y los cuadernos que han peregrinado por las comunidades.

                                                                 

 

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Centro de Espiritualidad Santa María – Filial Hurlingham
www.cesm.org.ar

 

Curso de Escucha Contemplativa (CEC)

 

Una formación integral para “escucharse y escuchar” de manera contemplativa.

 

Debido al éxito del Curso, la Filial Hurlingham del CESM informa que comenzó la inscripción para el ciclo 2013, con la posibilidad de un horario vespertino.

 

Objetivos:

-        Formar personas para el servicio de escuchar contemplativamente a los otros, pudiendo realizar dicho servicio en el Ministerio de la Escucha en parroquias, hospitales, centros comunitarios, o en sus propias familias y círculo de amigos o compañeros de trabajo.

-        Ofrecer un camino de crecimiento integral que favorezca el desarrollo personal de los alumnos.

-        Desarrollar en los alumnos una vida contemplativa, que los ayude a crecer en una espiritualidad mística de la vida cotidiana.

-        Ayudar a los alumnos a escuchar al Espíritu que los habita a ellos mismos, para ser capaces de escuchar al Espíritu que vive en cada una de las personas que se les acerquen pidiendo ayuda.

 

Desarrollo:

El curso comienza en marzo y tiene una duración de 2 años.

Las clases se dictan una vez por semana

 

Programa:

1-     Acompañamiento Espiritual: FE, VIDA y ORACIÓN

2-     Acompañamiento Espiritual: YO SOY, Identidad

3-     Acompañamiento Espiritual: YO ESTOY, vocación

4-     Acompañamiento Espiritual: Metodología

5-     Acompañamiento Espiritual: Acompañamiento con la Palabra del día

6-     Introducción al Antiguo Testamento

7-     Introducción al Nuevo Testamento

8-     Introducción a la Antropología Cristiana

9-     Introducción a la Psicología

10-  Psicología Evolutiva

11-  Vivir en Cristo, desde la Cristología de San Pablo

12-  Discernimiento, Casos

13-  Taller de Autoconocimiento

14-  Taller de Comunicación corporal

15-  Taller de la Escucha

16-  Taller Nuestra vida a la luz de María

17-  Oración Contemplativa

 

 

Por informes e inscripción:

Vía mail a moron@cesm.org.ar
o telefónicamente al 15 4989-1355 (Cristina) / 15-5856-4772 (Susi).

 

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El Centro de Espiritualidad Santa María es una comunidad de nuestra Iglesia, fundada en 1972 por Inés Ordóñez de Lanús. Su propuesta es de una espiritualidad para la vida cotidiana, arraigada en la mística cristiana, que invita a las personas a vivir en plenitud integrando fe, vida y oración.

Su misión es acompañar a las personas en el camino hacia su propio corazón, para descubrir el sentido y finalidad de sus vidas. Lo hacen a través de distintos itinerarios de formación, talleres de oración y de integración psicológica – espiritual”.

 

El Centro está a disposición de las todas las Parroquias, para colaborar con las necesidades de cada comunidad.

 

 

 

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PASTORAL DE COMUNICACIÓN SOCIAL - DIÓCESIS DE MORÓN

000501c7fea3$cb6337b0$2401a8c0@FABIANPARODI

Oficina de Prensa del Obispado de Morón

Sr. Fabián Parodi

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

Buen Viaje 936 - Morón     

Teléfono: 4629-3143

E-mail: obmoronprensa@speedy.com.ar

 

Se autoriza la reproducción total o parcial de la información que ponemos al servicio de nuestros lectores, citando la fuente (Koinonia, newsletter de la Oficina de Prensa del Obispado de Morón).
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