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- El Pbro. Rodrigo Durini asume su primera Parroquia
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- Acción misionera en la Diócesis con el acompañamiento de los Obispos de la Región
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- Viaje a la beatificación del Pbro. José Gabriel del Rosario Brochero
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- Beatificación del Cura Brochero: Mensaje al Pueblo de Dios
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- Asistencia a la Vida Naciente
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- Amor pedagógico
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Parroquia Nuestra Señora del Camino
Coraceros 2823, Bº Luna, Hurlingham - 4452-2777

 

El Pbro. Rodrigo Durini asume
su primera Parroquia

 

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Invitamos al inicio del ministerio del P. Rodrigo Adrián Durini como nuevo Párroco de la comunidad de Nuestra Señora del Camino.

 

Debido a la delicada salud del Párroco saliente, Pbro. Juan Carlos Martínez, Monseñor Luis Guillermo Eichhorn pondrá en ejercicio de sus funciones al P. Rodrigo, durante la celebración eucarística que celebrará este sábado 27 de abril, a las 17.00 hs, en el Templo parroquial, sito en Coraceros 2823, de la ciudad de Hurlingham.

 

El P. Rodrigo continuará como Delegado del Obispo para la Pastoral Juvenil Diocesana.

 

En el nombramiento firmado con fecha del 16 de abril, el Sr. Obispo agradece al P. Juan Carlos su generosa entrega a esta comunidad durante los últimos ocho años y medio.

Y recuerda al nuevo Párroco y a sus fieles que: “Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión (Aparecida, 170)”. 

 

 

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Animación Misionera

 

ACCIÓN MISIONERA EN LA DIÓCESIS

CON ACOMPAÑAMIENTO DE LOS
OBISPOS DE LA REGIÓN BUENOS AIRES

 

Fecha confirmada: 27 al 31 de mayo

 

ENCUENTRO FORMATIVO y de INFORMACIÓN
Sábado 27 de abril - l4.20 hs.

SEMINARIO CATEQUÍSTICO SAN PIO X
Ntra. Sra. del Buen Viaje 952

 

Los encuentros formativos no requieren inscripción previa.

 

Para mayor información, dirigirse por email a la PASTORAL DE LA SALUD

 

comisiondiocesanadelacaridad@yahoo.com.ar

 

ó Sra. Haydée: Cél. +5411-6577-8768 (mensaje de texto)

 

Referentes de los distintos decanatos:

MORÓN: Sr. Carlos: 4443-1136 (Lun a vier 20 a 22hs)

MORÓN SUR: Sra. Elsa: 4692-0471 (Lun a vier 10 a 13hs)

HAEDO: Sra. Matilde: 4943-1417 (Lun a vier de 8 a 10hs)

ITUZAINGÓ: Sra. Cristina: 4621-1465 (Lun a vier 10 a 13hs y de 19 a 21hs)

HURLINGHAM: Sra. Isabel: 4662-5386 (Lun a vier 13 a 15hs)

 

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Nuestra Diócesis

 

Viaje a la beatificación del P. José
Gabriel del Rosario Brochero

 

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El Obispado se encuentra organizando el viaje a la Beatificación del Cura Brochero, a realizarse el 14 de septiembre en la ciudad que lleva su nombre y en la que reposan sus restos, en la Provincia de Córdoba.

El cupo es limitado, hasta completar la totalidad de los espacios disponibles.

 

Quienes deseen mayor información o realizar sus reservas, deben comunicarse con la Sra. Ana Di Francesco a la Curia Diocesana: Buen Viaje 936 Morón – de lunes a viernes de 9 a 12 hs.. Tel: 4629-3143.

O por email: anadiff@hotmail.com

 

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Itinerario, costo y formas de pago:                                                                                   

                                                                                                                     

SALIDA
13 de septiembre, 17:00 hs. - LUGAR: Curia Diocesana, Buen Viaje 936, Morón.
Deben estar 15 minutos antes.
Traer algo para la merienda, y comida y bebida para la cena.

 

05:00 hs. - Llegada a la hostería.
Se dejan las pertenencias.
Desayuno en el lugar (incluido en el precio).

           

06:00 hs. - Caminara al lugar de la beatificación.

 

10:00 hs. - COMIENZA LA CELEBRACIÓN

 

13:30 hs. – Nos encontramos en el Restaurant para almorzar (incluido en el precio).
Luego tarde libre.

 

19:30 hs. Nos encontramos en la hostería para cenar (incluido en el precio).

 

21:00 hs. Volvemos para Morón.

 

ARRIBO A MORÓN
15 de septiembre, 09:00 hs - LUGAR: Curia Diocesana, Buen Viaje 936, Morón.

 

PRECIO TOTAL
$990 (Valor sujeto a variaciones inflacionarias).
  
PARA LA RESERVA SE DEBE ABONAR $ 450,-               

EL RESTO SE PUEDE ABONAR EN CUATRO CUOTAS DE $ 135 C/U
DE MAYO A AGOSTO DE 2013                  

 

 

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Conferencia Episcopal Argentina

 

Beatificación del Cura Brochero:
Mensaje al Pueblo de Dios

 

Mensaje de los Obispos argentinos al santo pueblo de Dios, con ocasión de la Beatificación del Cura Brochero.

 

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Queridos hermanos y hermanas:

Estamos viviendo tiempos muy especiales como Iglesia y como argentinos. El próximo 14 de septiembre, y en el marco del Año de la fe, viviremos la alegría de la beatificación del Padre Brochero. Además, tuvimos la gracia de la beatificación de la Hna. María Crescencia Pérez, religiosa argentina, y el gozo de que un hermano nuestro fuera elegido por Dios como Obispo de Roma y Pastor Universal.

 

José Gabriel del Rosario Brochero, un "Pastor según el corazón de Dios… quien fue… ungido para ungir al pueblo fiel, un verdadero Pastor con olor a oveja1, al decir del Papa Francisco, nació en Santa Rosa de Río Primero en 1840. Se formó en el Seminario de Córdoba y en 1869 fue destinado como cura párroco a Traslasierra. Desde las Altas Cumbres, divisando el valle, vio que estaba todo por hacer. Pastor dotado de gran espíritu de sacrificio y extraordinaria caridad pastoral y social, sirvió a la gente más pobre del campo, compartió su vida y promovió en ella la elevación humana y religiosa, especialmente a través de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola2.

 

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La devoción del cura Brochero a la Virgen María, con el profundo y cálido título de “Mi Purísima”, nos abre a su amor hondo y concreto, muy atento a las necesidades de cada persona. Como la Virgen en las Bodas de Caná3, también Brochero supo decir a Jesús: “no tienen agua”, “no tienen educación”, “no tienen caminos”, “no tienen medios acordes para encontrarse como hermanos y comercializar sus productos...”. Y él hizo lo que Jesús dijo: ayudó a todos sus contemporáneos a escuchar esa misma voz que abre las cataratas del amor de Dios y que se vuelca en el amor concreto al hermano: abrió escuelas, fue pionero en abrir un colegio para niñas, proyectó el ferrocarril, y entre todos hicieron caminos, acequias, diques, telégrafos, y la misma Casa de Ejercicios. Durante su breve período en la ciudad de Córdoba, nombrado capellán de la cárcel, veló con amor de padre por las necesidades físicas y espirituales de sus hermanos privados de libertad.

 

Él no fue un cristiano triste. Sabía de la alegría que da Jesús y la quería contagiar. Por eso al visitar a la gente en sus casas, les decía: “Aquí vengo a darles música”. La música de saberse amados por Dios. Hoy la alegría del cielo que nos transmite la beatificación del Padre Brochero, le permite multiplicar sus brazos, sus pies, su corazón, a través de cada uno de nosotros, y nos invita a ser discípulos misioneros de Jesucristo: “Si en mi corazón no llevo la caridad, ni a cristiano llego”, decía él.

 

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Brochero nos anima, como bautizados, a salir a las fronteras, “de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora”4. A ir hacia los que no conocen el amor de Dios porque no se les ha anunciado o porque la cruda realidad que les toca vivir les habla de que Dios pareciera estar ausente de sus vidas. Nos invita a compartir con ellos que Dios los ama.

 

Por eso, los obispos argentinos expresamos nuestro gozo y gratitud por el don de la vida sacerdotal del Padre Brochero, modelo e intercesor, que reconocemos como una gracia singular para la Iglesia en nuestra Patria. En una carta a su condiscípulo y amigo obispo Yaniz, estando enfermo y con sus fuerzas físicas desgastadas, le decía: “Es un grandísimo favor el que me hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme la ocupación de buscar mi fin, y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo”5. ¡Cómo no acudir a él con confianza!

 

Esta beatificación es una nueva llamada de Dios para responder a la vocación a la santidad que todos recibimos en el bautismo. El beato Juan Pablo II, al comienzo del nuevo milenio, expresó: “Preguntar quieres recibir el bautismo, es lo mismo que preguntar si quieres ser santo”6. Y el Papa Benedicto XVI nos recordaba que “Los santos no son representantes del pasado sino que constituyen el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Son como las caras de un prisma, sobre las cuales con matices distintos, se refleja la única luz que es Cristo” 7.

 

Queridos hermanos, los tiempos nos urgen, para que siguiendo el ejemplo de los santos, experimentemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar8.

 

Los Obispos de la Argentina

105º Asamblea plenaria de la CEA

Pilar, 20 de abril de 2013.

 

_____________

 

1 Papa Francisco: Misa Crismal, 28 de marzo de 2013.

2 Decreto de Venerable. Abril de 2005.

3 Cf. San Juan, 2,1-12.

4 Papa Francisco, Misa Crismal…

5 El Cura Brochero, carta y sermones, CEA, Buenos Aires 1999, pp. 801-802.

6 Novo Millennio Ineunte, 31.

7 Benedicto XVI, Discurso, 22 de diciembre de 2009.

8 Evangelii Nuntiandi, 80.

 

 

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GRÁVIDA MORÓN

gravidamoron@gmail.com

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Asistencia a la Vida Naciente

¿Querés conocer este servicio para ayudar a nacer?

 

El sábado 27 de abril, se realizará una reunión informativa en preparación a las Jornadas de Capacitación para el Servicio a la Vida que ofrecerá Grávida en nuestra Diócesis, el próximo 25 y 26 de mayo.

La reunión se llevará a cabo de 15 a 17 hs., en la Casa del Laico y sede de la JUREC, Salta 327, Morón, a tres cuadras de la estación.

 

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Junta Regional de Educación Católica

 

AMOR PEDAGÓGICO

-Gracias a Caterina Marotta por su colaboración-

 

Reunión de JUREC para Representantes Legales, Directivos,

Coordinadores de Catequesis y Catequistas (Segunda entrega).

 

El 19 de febrero, en las instalaciones del Colegio Virginia Gamba perteneciente a la Parroquia Nuestra Señora de Luján, de Morón Sur, los representantes legales, directivos, coordinadores de catequesis y catequistas de las comunidades educativas diocesanas, participaron del primer encuentro propuesto para este año por la JUREC.

 

Luego de que Mons. Luis Guillermo Eichhorn alentara a las comunidades educativas a reivindicar la fe, para que esa fe anime a cada uno a ponerse en camino siguiendo a Jesús, el Pbro. Mariano Del Río, miembro del Equipo Sacerdotal que lleva adelante la JUREC, presentó al Dr. Alberto Berro, quien fue profesor de filosofía durante muchos años en el Seminario San José de nuestra Diócesis, en tiempos de Mons. Laguna; fue fundador del Colegio De Los Santos Padres, en Bella Vista; es profesor de Filosofía en la Universidad Católica Argentina; y recientemente ha cumplido 30 años como Director en el Colegio Pilgrims’ de San Isidro, institución considerada de educación católica y que junto a sus equipos de trabajo, han tratado de llevar esa “identidad de la escuela católica” a la práctica.


En dicho aspecto, en su exposición resumió la experiencia que han tenido, cuyo balance ha sido extremadamente fecundo como educadores y como personas.

 

Basó su desarrollo en lo que se denomina “el amor pedagógico”, que no es más que la caridad (virtud teologal) llevada a la vida diaria de los educadores.

 

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La visión cristiana del hombre

Partió desde esta visión, subrayando que el concepto cristiano del hombre es un concepto elevado, audaz. Cada persona humana como decía Juan Pablo II, “es alguien eternamente ideado y amado por su Creador, llamado a la existencia para una plenitud personal y compartida, con un destino trascendente”.

 

Cada persona humana para el cristianismo es muy importante. El cristianismo sobrevalora al hombre y lo pone en un lugar primordial, lo que tiene significancias educativas substanciales, implicadas en el concepto de amor pedagógico:

 

Para exponerlas, comenzó recitando el poema del poeta español León Felipe “Nadie fue ayer...”, que dice así:

 

Nadie fue ayer

ni va hoy,

ni irá mañana

hacia Dios

por este mismo camino

que yo voy.

 

Para cada hombre guarda

un rayo nuevo de luz el sol...

y un camino virgen

Dios”.

 

“Ese camino virgen que cada uno de nosotros y cada alumno tiene que recorrer, es su propia historia personal, su propia vida, su propia existencia. En términos cristianos, es un llamado a la realización plena de su persona en comunión.

 

Entonces, la educación (ex ducere = traer de adentro), tanto la que se da en la familia como su complemento, la educación escolar, consiste en colaborar con ese proceso por el cual cada persona va realizando esa idea eternamente ideada y ese plan eternamente regalado por su Creador.

 

Somos colaboradores en el acto creador divino para cada persona humana, para cada uno de nuestros alumnos.

 

Esto está por encima de la capacitación para el futuro y de la preparación técnica y de enseñar actividades sociales. Es muy importante y trascendente como objetivo por nuestra condición de escuela católica.

 

Somos co-creadores de nuestros alumnos, nunca creadores desde el inicio, sino colaboradores de esta tarea maravillosa que emprendió el Creador con cada uno de nosotros y con cada uno de ellos, que tenemos que ayudar a completar, a perfeccionar, a llevar adelante.

 

El impulso constante a esta acción de ayudar a cada uno a crecer; la actitud básica y permanente del educador de querer ayudar a cada uno de sus alumnos a llegar a ser plenamente quien es, se lo llama ‘amor pedagógico’”.

 

Citó al P. Rossi quien escribió en su libro el consejo que un sacerdote de reconocida trayectoria en la educación: “Quiere mucho a tus alumnos”. Y Rossi completa la frase: “Amen a sus alumnos para que ellos los puedan amar a ustedes, recién entonces empezaran a aprender”.

 

Hablar de amor es difícil porque es una palabra manoseada, sobre utilizada y hasta a veces, bastardeada. Se requieren algunas aclaraciones, sobre todo en el ámbito escolar, porque surgen un montón de objeciones a esta frase tan bella:

¿Cómo se puede amar a tantos chicos distintos?

¿Cómo puedo amarlos, si apenas los conozco y tengo con ellos poco contacto?
¿Cómo puedo amarlos si son a veces muy poco amables?

No puedo sentir por todos lo mismo; no son mis hijos, etc.

 

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Como respuesta a estas y algunas otras objeciones que puedan surgir, el Dr. Berro puntualizó varios ítems que definen este ‘amor pedagógico’:

 

No es una respuesta afectiva ante lo que el alumno suscita

“El amor pedagógico no se refiere a una respuesta afectiva ante lo que el alumno suscita en nosotros por sus actitudes, sus dotes, su aspecto físico, su desempeño, etc.. Es una actitud proactiva: Toma la iniciativa por convicción como decisión de vida, como una actitud previa y fundamental ante todos los alumnos que nos son encargados.

Pase lo que pase después con ese alumno, aun en la hipótesis de tener que expulsarlo. Aun un alumno que termina expulsado es alguien que inicialmente amo”.

 

El amor pedagógico no depende tanto de cómo es el alumno, depende mucho más de cómo es el educador.

  

El amor pedagógico es una actitud de la voluntad
y no solamente un sentimiento

Voluntad, en el doble aspecto inseparable de querer el bien del otro (interior) y de actuar por el bien del otro (exterior).

 

“Ese amor se llama ‘amor de benevolencia’. Y es distinto de un amor meramente sensible, sensual, movido por la belleza como es Eros; no es tampoco amor por concupiscencia, en el cual uno desea algo para sí; en el amor por benevolencia uno quiere el bien para aquel a quien ama.

 

Benevolencia = Querer el bien, expresa este amor de querer el bien para el otro y esto llevarlo a cabo en la acción. Si separamos y nos quedamos sólo con el desear el bien y no lo transformamos en acción, no le serviría al joven; y si solamente actuáramos diciendo que es por el bien del otro, pero internamente no quisiéramos su bien, nos estaríamos “trampeando” y el alumno lo percibiría”.

 

“A nadie se le puede hacer el bien, si antes no se lo quiere bien”, Juan Pablo II.

 

El amor pedagógico exige madurez afectiva

Esto es tanto para educadores, como para padres de familia. “No me busco a mí mismo, no busco mi propia satisfacción, ni del alumno, no busco que él o ella llenen mi ego, y por ende, no soy selectivo en mi amor hacia los alumnos porque algunos llenan mas mi ego y otros lo llenan menos. Hay que erradicar esta selectividad, por más fundamentada, argumentada racionalmente que parezca.

 

El amor pedagógico es previo e independiente de cualquier satisfacción que el alumno nos pueda brindar, de lo que suscita en nosotros; de sus logros o de las macanas que pueda hacer”.

 

El Dr. Berro sostuvo con firmeza que hay que querer aun, hasta al alumno que debe ser expulsado. Ejemplifico con un alumno que pasó por esta circunstancia y luego agradeció al colegio y después mandó a sus hijos a estudiar, porque él supo que lo quisieron, aún cuando hubo que expulsarlo. “Cada uno debe hacer bien su parte, que es buscar siempre el bien del grupo y del alumno, aún en los casos más dolorosos”.

 

Es un amor incondicional

El amor pedagógico en este sentido, es un amor incondicional, confirmador, aprobador, no de lo que hace el alumno, sino de su ser. “Hay que diferenciar el obrar de una persona, de su ser. Podemos aprobar o no su obrar y está bien que hagamos este discernimiento y tomemos las decisiones en consecuencia, pero el ser de una persona siempre tiene que ser confirmado, apreciado, valorado, respaldado”.

 

El filósofo Pieper señala que “amar a alguien es decirle: ‘Es bueno que existas’”. Pero no expresarlo con palabras, sino decirlo con el corazón, en un mensaje que llega al corazón y que confirma al otro el valor de su existencia: “Tu ser esta más allá de tu actuar y obrar, y vale por sí. Qué bueno es que vos existas, el valor de tu persona está fuera de discusión”.

 

El educador que tiene amor pedagógico, lo tiene con la totalidad de sus alumnos, en algún sentido igual a todos, y lo trasmite a cada uno de sus alumnos de manera tal, que el otro lo registra y se siente valorado como persona, entonces, florece, crece y puede dar lo mejor de sí

 

Para el que siente amor pedagógico, cada uno de sus alumnos es único, irrepetible, no lo compara con el otro que puede saber más. El que tiene amor pedagógico no solamente lo siente, sino que sabe cómo hacérselo sentir al alumno, sabe como comunicarlo.

 

“Y esto no significa un exceso de melosidad en el trato. A veces, nos confundimos y pensamos que amar a alguien es estar ‘franeleándolo’ todo el tiempo (esto vale también para los hijos), no es así, hay una medida justa de la expresión física del amor, y el exceso no solamente molesta, sino que es sospechoso de desamor. La persona que realmente quiere es austera en la comunicación de ese amor, lo trasmite siempre con palabras y con gestos, a veces imperceptibles, siempre con atención, siempre con presencia, con estado de alerta hacia el otro y lo que le pasa y cómo está. Registra la persona del otro, está atento, se conecta y el otro sabe que es buenamente registrado, entonces hay vínculo, hay comunicación”.

 

El verdadero amor es exigente

La palabra exigente viene de exigere, que significa sacar fuera. Etimológicamente, casi significa es lo mismo exigir que educar.

 

Por qué hay que ser exigentes en el amor, porque siempre es amor al bien del otro. Bien que consiste en su crecimiento, en el desarrollar plenamente su identidad, sus capacidades, sus talentos, su esencia que ha sido ideada y amada por su Creador.

 

Exigiéndole, lo estamos ayudando a crecer, lo estamos amando verdaderamente. No vamos a exigirle que sea lo que no es, lo que no está en su esencia. No le vamos a imponer una imagen “quiero que seas esto”. Vamos a exigirle que dé lo que él es, que a partir de sus capacidades se desarrolle lo más posible, siempre alentando y con confianza en la capacidad del otro de poder alcanzar lo propuesto.

 

El amor pedagógico exige según las posibilidades reales del alumno, según sus virtudes y lo ayuda a “sacar afuera”. No le impone un molde, tampoco es complaciente y deja al alumno tal como está, o lo mima dejándolo ser lo que salga.

 

La necesidad de exigencia surge como consecuencia natural del amor pedagógico y no como una actitud subjetiva de nuestra manera de ser: Yo soy exigente, por ende, exijo a todos. No, soy exigente porque quiero a mis alumnos y exijo a cada uno lo que puede dar”.

 

También es creador

En el sentido de co-creador en la expresión de la autoridad del educador, porque autoridad viene del verbo augere que quiere decir hacer crecer, aumentar. De ahí viene el sustantivo auctor de donde viene autor, y la auctoritas es la cualidad de quien es autor, etimológicamente. Entonces, la autoridad es la condición de aquel que es capaz de hacer crecer. No se puede ejercer el amor pedagógico sin ejercer a la vez, la autoridad. Y no ejerce buena autoridad, quien no la ejerce al mismo tiempo como un acto de amor pedagógico.

 

“Hay que unir íntimamente la verdadera autoridad educativa con el verdadero amor. No son buenos esos contrastes habituales en los colegios, entre el profesor que quiere mucho a los chicos y el otro que tiene mucha autoridad.

 

Lo normal en nuestra vida humana, es amar las cosas porque su belleza o su bondad nos atraen. En este sentido, el amor creador es algo propio de Dios, quien no ama a las cosas porque ellas son buenas, sino al revés, las cosas son buenas porque Dios las ama. Dios no conoce las cosas porque ellas existen, sino que ellas existen porque Dios las conoce. Es el amor del Creador el que le da a las cosas su bondad.

 

Como educadores participamos en una forma distinta de esta condición divina creadora, porque por nuestro amor vamos a acrecentar la bondad de nuestros alumnos, vamos a colaborar en ese acto inicial por el cual recibió una bondad originaria. Nosotros actuando, vamos a ayudar a que desarrolle esa bondad que él ya tiene. En algún punto, los padres y los educadores nos parecemos un poquito a Dios en el modo de amar. Es un poder muy grande, que nos llena de responsabilidad.

 

Nuestro amor pedagógico va a contribuir a aumentar la bondad y belleza interior de nuestros alumnos, que ya existe antes de que nosotros intervengamos, aunque no siempre se note, para que ellos puedan mostrar ante otros y ante nosotros mismos, esa bondad que estamos contribuyendo a desplegar, florecer. etc.”.   

 

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Este amor es anterior al conocimiento del alumno

Un profesor recibe la lista de alumnos. No los conoce, pero ya los quiere. No sabe si son buenos o malos, si estudian más o menos. Ya los quiere, son suyos, le han sido encargados.

 

“El amor pedagógico es una predisposición universal del verdadero educador hacia todos sus alumnos, pero se va haciendo personal a medida que se vincula con cada uno y los va conociendo”.

 

Busca el conocimiento del chico como consecuencia del amor, busca conocer a aquel a quien quiere ayudar, porque si no lo conoce, no lo puede ayudar, no puede transformar ese amor inicial.

 

“El amor pedagógico es un amor que busca el conocimiento como consecuencia del interés por ese alumno, le importa. Esto no es constatable en lo externo, está en el corazón. 

 

Santo Tomás de Aquino dice: “Allí donde está el amor, allí es donde se pone el ojo”. Si algo nos importa, vamos a estar atentos, vamos a mirarlo, vamos a tratar de entender, de comprenderlo, de conocer. El amor impulsa la mirada a dirigirse, a depositarse y profundizarse en el ser. Después está el edificar la acción positiva, acertada, que ayuda y permite al otro a crecer, a llegar a ser él mismo”.

 

De este amor, nace el interés por conocer cualquier otra información válida que podamos obtener sobre ese alumno, para poder ayudarlo mejor.

 

Este conocimiento nunca tiene que ser unidireccional, no debe interesar del alumno solamente su dimensión académica o su dimensión de conducta, debe estar abierto a todas sus dimensiones.

 

Por eso, el Dr. Berro recomendó los campamentos con los chicos, “porque el profesor, el maestro o el mismo director pueden hacerse un rato y ver a ese alumno en otro escenario. El estudiante brillante de matemáticas en el campamento resulta que es egoísta, incapaz de ayudar a quien tiene al lado y está encerrado en sí mismo; por otro lado, el que va mal en matemáticas es un tipo bárbaro, que es muy buen compañero. Por ahí, en el aula eso no se ve. El aula es muy reducida para la persona humana y muy condicionada. Hay que ampliar nuestro espacio de mirar; hay que mirar a los chicos en diversas dimensiones; hay que verlos en los recreos cómo juegan a la pelota, o cómo las chicas juegan entre ellas; hay que mirar más que en el aula para conocer una persona. Parte del odio que hoy tienen los chicos en los colegios, es porque solo se miran a los alumnos en el aula, como miembro de un aula, y guarda con dichos odios de los alumnos”.

 

Debe ser un amor necesariamente atento

El educador necesita conocer a su alumno para poder ayudarlo a crecer, para combatir sus defectos, profundizar sus virtudes, etc.. Por eso, debe estar siempre muy atento y presente con cada uno de sus alumnos, estar ahí, registrar, estar alerta.

 

“!Los alumnos son el tema! Es hacerlos presentes porque nos importan, y si tienen dificultades, esto nos preocupa; y si observamos logros, esto nos alegra; y no queremos que mejore para sentirnos mejor como profesores o directivos, para que la escuela tenga mejor prestigio; no queremos lograr la excelencia de la institución, queremos lograr la excelencia del alumno, de su desarrollo personal”.

            

Se trata de un amor desinteresado que da sin esperar recibir

Siembra sin estar apresurado por recoger la cosecha, que vendrá a su debido tiempo.

 

Es un amor muy amplio

Que supone una amplitud de corazón para superar la extrañeza natural que se da hacia un alumno que no es un hijo propio, y sin embargo, cada educador se entrega plenamente a él.  

 

“El amor del educador es muy amplio y exige un corazón que se dilate, que se supere a sí mismo y amplié su espacio interior; que haga lugar a muchas personas que van pasando y desfilando a través de los años. Va más allá del círculo estrecho de los más entrañables. Al decir que todos los alumnos de nuestro colegio son nuestros alumnos, estamos tratando de dejar libre el corazón a quinientos, miles… tenemos que tener un corazón muy grande”, resaltó el Dr. Berro, y citó a Pedro Casaldáliga cuando dice: “al final del camino solo me dirán: ¿Has amado? Yo no diré nada, abriré mis manos vacías y el corazón lleno de nombres”.

 

“Si realmente queremos marcar y dejar una huella en la sociedad en la que trabajamos, no hay otra forma de lograrlo, que hacer que nuestra escuela ejerza un sano liderazgo que tenga que ver con el amor pedagógico.

 

El amor pedagógico es absolutamente infalible, aunque muchas veces no se ve, por el contrario, se ven frustraciones. Pero cuando ese alumno con el que creemos no haberlo logrado, o que se fue del colegio muy mal, o que se fue antes de tiempo, si dentro de unos años lo volvemos a ver, ahí vamos a saber qué representamos para él. Y va a depender de lo que hayamos hecho y no tanto de cómo seamos. Hay chicos más receptivos que otros, pero hasta el más duro de corazón es incapaz de no registrar el amor pedagógico”, subrayó al concluir.  

 

 

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PASTORAL DE COMUNICACIÓN SOCIAL - DIÓCESIS DE MORÓN

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Oficina de Prensa del Obispado de Morón

Sr. Fabián Parodi

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

Buen Viaje 936 - Morón     

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