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// 23-10-2013 //              

- Decanato de Morón Sur – Peregrinación a la Catedral 1379251_627761723952814_560138978_n.jpg

- Anticipando la Aurora y gestando vida nueva para la Iglesia argentina CdC3.jpg 

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Decanato de Morón Sur

 

Peregrinación a la Catedral

 

Sábado 26 de octubre

 

Salida a las 16.30 hs. desde la Parroquia Sagrada Familia.

16.40 hs. por Parroquia Nuestra Señora de Luján (Morón)

17.00 hs. por Parroquia San José

17.20 hs. por Parroquia Inmaculado Corazón de María

 

Punto de encuentro con las Parroquias Nuestra Señora de Luján de Castelar y Santa Rosa de Lima, en Plaza Presidente Perón, Av. Pierrastegui y P. Juan Castañer (frente al Cementerio) a las 17.30 hs.


Misa a las 19.00 hs.

 

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Decanato de Morón Sur

 

La Iniciación Cristiana, la Comunidad
y la Pastoral Orgánica

 

Encuentro Decanal de Catequistas de Morón Sur

 

Anticipando la Aurora y gestando
vida nueva para la Iglesia argentina


- Agradecemos a Caterina Marotta su desgrabación -

 

Los catequistas de las Parroquias del Decanato de Morón Sur profundizaron lo que propuso el III Congreso Catequístico Nacional, celebrado del 24 al 27 de mayo de 2012, en nuestra Diócesis.

 

Morón Sur hizo memoria agradecida del III Congreso Catequístico Nacional, de la mano de uno de sus organizadores, el Pbro. Osvaldo Napoli, Delegado de Pastoral y al momento del Congreso Catequístico, Director de la Junta Nacional de Catequesis.

 

Cuando comenzó a rezarse la oración del Congreso se decía que estaba creciendo a los cuatro vientos ¿Qué podría decirse hoy?, que sigue creciendo a los cuatro vientos, porque así como se lo revivió en el Decanato de Morón Sur, sus propuestas se palpitan en todo el país.

 

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Y precisamente, el P. Osvaldo se refirió a dichas propuestas, que son muchas más que el resumen de las 50 más votadas:

 

El Congreso tuvo una preparación remota, empezó con una gran consulta al pueblo de Dios y la gran mayoría de los catequistas decían ‘nos sentimos solos’. “Era el año 2008, se notaba tristeza, se notaba desolación desde una punta a la otra, porque la encuesta atravesó todo el país.

 

Le pedimos a aquel que es comunión de amor, amor sin medida, al Padre bendito, que sea un acontecimiento suyo primero, antes que de la Iglesia, que de los catequistas, que de las comunidades. Y necesitados de un abrazo, de consuelo, nos lo dimos. Nos dimos ese abrazo, ese consuelo, ese ánimo y ese espíritu. Y no solamente desde nosotros, sino desde la comunidad, la familia, la comunión, la koinonia que es Dios. Por eso, enseguida se dio el segundo paso de ese itinerario que fueron los Congresos Diocesanos en todo el país.

 

Congresos, Encuentros y nos volvió el alma. Los catequistas renovaron la esperanza y comenzaron a anticiparse a los acontecimientos.

 

Después, los Encuentros Regionales en 7 de las 8 Regiones que tiene el país. Y posteriormente, un Encuentro para tomarle el pulso, para saber cómo está yendo esto, una profundización, un estudio que se hizo en Viedma. Nos abrió la cabeza el utilizar internet y los medios de comunicación. Fuimos para hacer la transmisión a una heladería del centro de Viedma y nos conectamos con un montón de lugares, incluso del exterior del país, como Paraguay y Estados Unidos. Hoy, los Encuentros pueden ser de tantos modos. La tecnología nos ayuda a palpitar con el otro, incluso, si el otro está en la otra punta del planeta.

 

Y finalmente, en 2012 tuvo lugar el III Congreso Catequístico Nacional, cuyas proposiciones no son sólo 50. Las que han sido votadas son 50, pero hay muchas ‘de abajo’ que están sosteniendo este trabajo de 3 o 4 años, de todos los sueños, reuniones y los ‘basta ya’.

 

En Viedma surgieron los ‘basta ya’. Basta de catequistas tristes… Qué lindo, porque ahora lo remarca el Papa Francisco: Iglesia triste, Iglesia muerta; Iglesia quieta, Iglesia que se pudre desde adentro. Basta de catequesis sin Pascua, basta del divorcio entre la catequesis y la liturgia… son algunos de aquellos ‘basta ya’ que resonaron.

 

Las proposiciones ‘de abajo’ son más de cien páginas, casi 190 proposiciones de las cuales había que elegir 50.

 

18 comisiones de trabajo de catequistas de todo el país, que como pudieron, algunos por Facebook, otros por correo electrónico, otros por teléfono, se cruzaban de una punta a la otra las ansias, los trabajos, los sueños, los sudores, las lágrimas, los interrogantes, las dificultades, las peleas, los debates fuertes, intensos.

 

Por eso, el III Congreso Catequístico Nacional no fue de especialistas, que los hay, fue principalmente de catequistas, fue desde las entrañas y se comenzó a gestar una vida nueva para la Iglesia argentina”, subrayó el P. Napoli.

 

De las 18 comisiones, los catequistas se podían anotar en cual quisieran. Entonces hubo comisiones de trabajo de menos personas y otras de más. Una de las más numerosas fue un interrogante profundo: Catequesis – Comunidad.

“Demasiado tiempo hubo una catequesis particular. La catequesis es de la comunidad catequística, es de la Iglesia, de toda la comunidad que se dice, se muestra, se pronuncia en la diversidad de este ministerio.

 

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Propuestas de la Comisión de Iniciación Cristiana y Comunidad

 

- Proponemos propiciar desde la Iniciación Cristiana una comunidad con gestos y rasgos maternales. Basta de nodrizas.

Vemos a una Iglesia madre, es la única que engendra la fe. Iglesia madre y maestra, primero madre y no al revés.

 

Mamá desde el vientre, desde las entrañas, con ternura de mamá. Iglesia que se despierta a ser mamá. Es la primera proposición, la que le da ánimo a todo el resto.

 

Ahora, el Papa Francisco nos dice Iglesia nodriza no, mamá. Por eso, creemos que el Congreso es del Espíritu y de todos los catequistas del País. Nos anticipamos a la aurora, nos anticipamos a los tiempos con gestos y rasgos, no con discursos. Como el Papa Francisco cuyos gestos dicen más que las palabras.

 

- Proponemos formar comunidades que creen vínculos, comunidades que celebren, comunidades que vivan y que anuncien la presencia de Jesús resucitado a través de una liturgia festiva, la oración y la Palabra.  

Al proponer esto, nos estamos jugando la vida porque tenemos experiencia de ceremonias y no liturgia, tenemos experiencia de que hay ritos y no fiesta, tenemos experiencia de palabreros. Proponemos formar comunidades que creen vínculos, la catequesis es gestadora de vínculos. Ya no va que tal catequista tenga clarito el encuentro nº 28, si no hay vínculos nuevos, si no hay abrazo, encuentro. Antes que ninguna otra cosa, somos relación como Dios, quien es tres personas en relación.

 

Como desea vivir, que propone el catequista en el III Congreso Catequístico, vínculos nuevos, vínculos que celebren, vivan y anuncien la presencia de Jesús resucitado. Es Él que vive, que está con nosotros, el Emanuel. Es Jesús resucitado el que está con nosotros, no el que va a estar. La Iglesia dice en su predicación: ‘Cuando el Señor vuelva’, como si ahora no estuviera. ‘Yo estaré con ustedes hasta el final’, dice Jesús ¡Qué maravilla esto de saborear al resucitado!, exclamó el P. Osvaldo.

 

“Hoy, los catequistas son catequistas de la Pascua, hoy está en todo el país la centralidad de la Pascua. Cuántas veces salió la palabra Pascua en el Congreso ¡Cientos! Cuántas veces apareció la palabra Pascua cuando hicimos la consulta al pueblo, a los catequistas en el 2008… ninguna. ¡Cómo no iba a haber tristeza!

 

Hoy, el catequista respira Pascua. Jesús está con nosotros, esta acá, por eso el catequista es testigo de la Pascua.

 

- Proponemos integrar la Catequesis de Iniciación orgánicamente.

Orgánicamente significa amasados, entrelazados, en comunión, vínculos enamorados. Significa orgánicamente a la actividad de la vida comunitaria, o sea, no es que por un lado va la catequesis, por otro Caritas, y por otro, por ejemplo, los gestos misioneros. De un modo especial, se propone integrar la Catequesis de Iniciación orgánicamente a la actividad y a la vida comunitaria, dejándonos iluminar por el Espíritu para colaborar y generar los espacios que la hagan posible.

 

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Otras proposiciones de los catequistas del III CNC:

 

- Una experiencia profunda de encuentro personal con Jesús.

Los Encuentros personales no son encuentros solitarios, no son encuentros intimistas, son encuentros personales, pero en el seno de una comunidad. Los catequistas proponen una experiencia profunda de encuentro. El fin definitivo de la catequesis es poner a uno, no solo en contacto, sino en intimidad y en comunión con Jesús. La comunidad tiene que promover esta experiencia profunda de encuentro personal con Jesús.

 

- Que los catequistas sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados e incluidos en la comunidad parroquial.

Valorizar la tarea de los catequistas como una vocación primordial. El Espíritu de Dios estructuró a la Iglesia orgánicamente, hay jerarquías según se señala en el Evangelio: En primer lugar, apóstoles, palabra griega que significa ‘enviados lejos’, como dice el Papa Francisco: ‘Vayan lejos, no se queden encerrados’.

 

En segundo lugar, profetas, hombres y mujeres de la palabra. Y en tercer lugar, didáscalos (en griego): Maestros catequistas. Después vienen los que hacen otras cosas, como dice el Apóstol Pablo.

 

- Catequistas y comunidad, agentes de la esperanza centrada en la Sagrada Escritura. Y con un acompañamiento incondicional de los sacerdotes.

En la Diócesis de Morón hay un catequista, el Obispo Luis; en la Parroquia hay un Catequista, se llama el Párroco; después, todos lo demás apretaditos al Obispo y al Párroco, y con la ternura, el estimulo y el apoyo de ellos, que son catequistas de los catequistas, con un apoyo incondicional. Los Pastores nos cuidan en nuestra vocación de ser anunciadores.

 

- Proponemos la implementación de una Pastoral Orgánica cristocéntrica.

Significa Jesús en el centro. La Pastoral Orgánica se centra en Dios, el centro es Dios, es Jesús resucitado. El centro no somos nosotros, el centro no es un librito, el centro no es una estrategia, es Jesús resucitado.

 

- Trabajo en red.

Vinculados unos con otros, no individualmente, en comunión. Por eso, varias veces se propone que la catequesis sea tan orgánica que se note.

 

- Proponemos crear Juntas Parroquiales de Catequesis.

Que es un equipo orgánico, coordinador, que lleve la historia, que haga la memoria de la gente, de los catequistas. Esta propuesta tiene 50 años, porque fue unas de las primeras del Congreso Catequístico Nacional del 15 al 19 de agosto de 1962. La Junta de Catequesis parroquial lleva la memoria y nos trae al presente la vida de la comunidad. Aunque no para hacer lo mismo, vamos detrás de las pisadas de los antepasados, de quienes pasaron antes que nosotros y, sobre todo, de aquellos que nos marcaron a fuego.

 

Una junta de catequesis promueve espacios y ámbitos de reflexión. Nadie por más que haya hecho varios seminarios catequísticos, se recibe de catequista. Hacemos un proceso de formación que no termina nunca, nadie se recibe de licenciado o doctor en catequesis.

 

- El alma de la catequesis es la Palabra de Dios.

No es ninguna estrategia, no es ningún librito de dinámicas, de juegos, el alma de la catequesis es la Palabra viva de Jesús. Dios metió la Palabra, su Palabra en la creación, en la historia, en la vida de la gente y particularmente en las entrañas de su Hijo. Él es la Palabra hecha carne, que se ha hecho palpitar desde las entrañas de una joven judía. El centro de la vida de una comunidad es la Palabra de Dios, y de ahí abreva la catequesis. La catequesis es la resonancia de esta Palabra (cata y eco) ¡Dale que dale, Jesús resucitado, el centro de la Pascua!

 

- “Anticipar la aurora, construir la esperanza”.

Hoy, el tema es construir la esperanza, por eso el lema del Congreso fue “Anticipar la aurora, construir la esperanza”, señaló el Delegado de Pastoral, ejemplificando con una rama de almendro que siendo invierno, florece anticipando la primavera; y con el girasol, que se mueve de noche y lo espera al sol antes de que este salga.

 

“No a la Iglesia del atraso, no detrás de los acontecimientos, sino antes de los acontecimientos. Catequistas que se anticipan al sol, que se anticipan a la aurora, que zamarrean y dicen no te duermas, como un girasol dice a otro, no te duermas viene el sol date vuelta, mira para allá, para anticipar”.

 

El P. Osvaldo finalizó maravillándose al observar el tránsito del 2008 al 2012, en que se  pasó de la desesperanza a la fiesta; de aquella tristeza, al desborde del gozo, porque el Espíritu hizo grandes maravillas con nosotros.

 

 

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Catequesis Urbana

 

Conclusiones del Congreso
Internacional de Catequesis

 

El Congreso Internacional de Catequesis, promovido en ocasión del Año de la Fe, se desarrolló en Roma del 26 al 28 de septiembre. Trató sobre el tema "El catequista, testigo de la fe" y participaron 1600 personas, entre catequistas, agentes pastorales, profesores y expertos de diferentes realidades.

 

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El Catequista, testigo de la fe
con un lenguaje que llegue al
corazón de la gente


- Por Mons. Octavio Ruiz Arenas

Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización -

 

El Catecismo de la Iglesia Católica, fruto maduro del Concilio Vaticano II, insiste acerca de la necesidad de un verdadero itinerario de Iniciación Cristiana para la transmisión de la fe que, de manera análoga a la vida natural, permita después del primer anuncio y la escucha de la Palabra una acogida del Evangelio que lleve a la conversión, a la profesión de fe y a su maduración. En las actuales circunstancias se requiere una inspiración catecumenal de la catequesis y el saber articular el primer anuncio y la etapa catequística, lo cual en la práctica constituye un presupuesto para poder llevar a cabo la nueva evangelización.

 

El Motu proprio Fides per doctrinam, con el cual S.S. Benedicto XVI transfirió la competencia de la Catequesis de la Congregación para el Clero al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, subraya que la fe necesita ser sostenida por medio de una doctrina capaz de iluminar la mente y el corazón de los creyentes. Para tal fin la catequesis es una etapa que la Iglesia ha desarrollado, desde los primeros tiempos, para transmitir el contenido de la verdad que Dios ha querido comunicarnos, y ha buscado siempre la manera de expresarse con un lenguaje que no solo sea apto para los tiempos, sino que llegue al corazón de la gente para que pueda conocer el misterio revelado por Jesús.

 

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"Prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma",
les dijo el Papa Francisco en la en la Audiencia a los participantes del
Congreso Internacional de  Catequesis. Francisco además expresó:
"No tengan miedo de ir con Jesús a las periferias".

 

El Catecismo, antes de iniciar con el prólogo, presenta algunas breves citas de la Sagrada Escritura en las cuales muestra el contenido fundamental de la enseñanza de la Iglesia, o sea la maravillosa unidad del misterio de Dios, su voluntad salvífica y la centralidad de Jesucristo. La catequesis, entonces, quiere enseñar de modo orgánico y sistemático esta verdad, para ayudar a los hombres que crean que Jesús es el Hijo de Dios y que en Él encuentran la verdadera Vida. Conocer y encontrar a Jesús, para amarlo, seguirlo y vivir como Él, es la vocación de los discípulos, que forman en la Iglesia una gran familia, cuerpo de Cristo. Por esto la educación en la fe es la mejor herencia que un catequista puede dejar a los demás.

 

Al establecer el Año de la Fe el Papa ha querido que uno de los principales objetivos fuera recuperar “la unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento” (Pf 10). La fe, por consiguiente, por ser también una respuesta al Dios que nos habla no puede ser ciega, sino que necesita conocer su contenido para que el creyente pueda luego descubrir y profundizar su identidad cristiana.

 

Este Congreso de Catequesis ha pretendido ayudarnos a comprender la urgencia de sostener, promover y formar catequistas capaces de afrontar los desafíos del tiempo presente, que sean conscientes del gran don de la fe y, al mismo tiempo, propongan el mensaje evangélico con un lenguaje que llegue al corazón del hombre y de la mujer de hoy, para que puedan convertirse en auténticos discípulos misioneros de Cristo. La Iglesia, por lo tanto, tiene necesidad de proponer itinerarios de iniciación cristiana, que a partir del anuncio del kerigma conduzcan a una verdadera conversión del corazón. El apóstol Pablo nos ayuda a entender esta realidad cuando dice: “Con el corazón se cree y con la boca se profesa” (Rm 10,10). El corazón indica que el primer acto con el cual se llega a la fe es un don de Dios y una acción de la gracia que actúa y transforma de manera profunda a la persona, y de ahí brota la necesidad de que coincida la verdad que se acepta en el corazón y la profesión de fe.

 

Las conferencias y las pequeñas relaciones que hemos escuchado en estos días, incluso a la luz del episodio de Emaús, nos han presentado el deseo de Dios que cada ser humano tiene en lo más profundo de sí mismo, como bien lo expresa San Agustín: “Nos has creado para ti y nuestro corazón no descansa hasta que repose en ti”. Dios se acerca a nosotros y nos revela su misterio de amor y la Iglesia nos transmite fielmente lo que ha recibido de su Señor y nos acoge y nos inserta en esa cadena de transmisión de la fe. En efecto, nosotros creemos porque hemos recibido la memoria que, por gracia del Espíritu Santo, la Iglesia ha conservado acerca de lo que Jesús anunció y vivió, y todos los bautizados estamos llamados a dar testimonio de la verdad de fe con nuestra vida y a comunicar a nuestros coetáneos el mismo Evangelio, con gran fidelidad pero al mismo tiempo esforzándonos para realizar una “inculturación teológica” que lo haga comprensible a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y en las diversas culturas.

 

Como síntesis de lo que hemos reflexionado en estos días,
indicamos algunos aspectos que pueden servir de conclusión
:

 

1. La Iglesia es el sujeto primario de la evangelización, que se preocupa por anunciar el Evangelio a los no creyentes, como también a los bautizados que viven en una indiferencia religiosa. La comunidad cristiana, por lo tanto, es el origen, el lugar y la meta de la catequesis. Ella anuncia el Evangelio, invita a la conversión y al seguimiento de Cristo y acompaña no solo a los catecúmenos, sino que forma y acompaña a aquellos que sirven en la Iglesia como catequistas.

 

2. Ser catequista es una vocación, no un trabajo, que exige dar permanente testimonio de la fe, del amor a Cristo, y entregarse por completo al pueblo de Dios. El catequista, por consiguiente, debe siempre tener como punto de partida a Cristo, mantener una gran familiaridad con Él y dejarse mirar del Señor frente al sagrario. Ha de imitarlo también en el ir a buscar a los demás y ofrecerles el don de la fe, sin temor de andar a las periferias existenciales, porque el Señor siempre va adelante, fortalece y acompaña.

 

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3. El mundo actual exige a los catequistas una gran creatividad, simplicidad de vida, espíritu de oración, obediencia y humildad, renuncia de sí mismos, mucha generosidad y auténtica caridad hacia todos, especialmente hacia los pobres; en otras palabras, pide que en todo momento den un testimonio alegre de la santidad de vida.

 

4. La catequesis, que es una etapa privilegiada de la evangelización que está insertada dentro del servicio debido en primer lugar a la Palabra de Dios, debe encontrar las formas adecuadas para que el Evangelio se perciba siempre como Palabra de Dios que salva. El catequista, en efecto, no transmite un saber humano, aunque sea el más elevado, sino que comunica en su integridad la Revelación de Dios.

 

5. Si la Iglesia ha emprendido un camino de nueva evangelización, la catequesis no puede permanecer con las mismas características del pasado, sino que debe renovar sus formas de transmisión de la fe con nuevos métodos educativos, después de haber realizado un serio diagnóstico acerca de la situación actual de la fe y sobre el modo como se educa en ella y en el que se tengan en cuenta los lugares y los ambientes en donde se realiza.

La adaptación de las enseñanzas inmutables de la Iglesia a las condiciones actuales de la gente debe mantener, sin embargo, un equilibrio entre los términos bíblicos y doctrinales y las reformulaciones y las adaptaciones de este lenguaje a la poblaciones que son catequizadas, sin traicionar su sentido verdadero y profundo.

 

6. Ya que en el mundo contemporáneo existen muchas personas que dicen ser creyentes, pero no conocen el contenido de la fe y no tienen una verdadera pertenencia a la Iglesia, incluso porque no hicieron la opción de fe, es muy importante tomar en serio el catecumenado, no solo como una preparación para el bautismo, sino como un instrumento que ayude a transformar en Cristo toda la existencia.

 

7. En medio de una sociedad marcada por el relativismo, en el que la pregunta acerca de Dios ya no interesa y la verdad se mira con sospecha, tenemos que presentar la persona de Cristo tal como nos enseña la Iglesia, es decir, como aquella Verdad que ilumina el misterio total del hombre. Es necesario, sin embargo, que lo hagamos con parresia, o sea con confianza filial, con gozosa seguridad, con gran ardor y con humilde audacia, dejándonos guiar por el Espíritu Santo, con la certeza de que es Cristo quien nos instruye a través de la Iglesia.

 

8. Hoy más que nunca es necesario resaltar la dimensión misionera de la catequesis, lo cual comporta una seria formación de los catequistas. Una formación que logre conjugar el conocimiento de los contenidos de la fe y el testimonio de vida. Esta formación debe tomar en consideración a la familia, porque los padres de familia no solo transmiten la vida natural a sus hijos, sino que han de ser los primeros responsables de la transmisión de la fe con un testimonio de vida cristiana. Este testimonio en el seno familiar tiene un carácter insustituible.

 

9. Para transmitir y dar testimonio de la verdad revelada es necesario dejar que sea el Señor quien abra nuestros ojos a la luz de la fe, como sucedió a los discípulos de Emaús. La catequesis, por lo tanto, debe estar muy cercana, incluso profundamente unida a la liturgia, que constituye el espacio más adecuado para hacer hablar al misterio mismo y en el cual se hace presente la plenitud del proyecto de amor del Padre.

 

10. Hay que hacer entender a los fieles que la fe es un don de Dios, e igualmente una respuesta libre de cada uno de nosotros. Pero no se trata de una acción aislada e individual, sino de un acto personal y eclesial. Por esto la catequesis recibe de la Iglesia su objeto, es decir, el misterio de Cristo; su ambiente vital, es decir, la comunidad cristiana, y su objeto que consiste en hacer del creyente un miembro activo de la vida y de la misión de la Iglesia.

 

11. La comunicación de la fe cristiana en Dios es necesario vincularla a la memoria evangélica de Jesús y a la memoria de la fe en él. La memoria Jesu como principio y norma que deja ver el sentido universal del común origen y destino, cuya testificación del evento se encuentra en el Credo; la memoria fidei como argumento de la coherencia teológica de la didaskalia. El Evangelio escrito nos permite entender la correlación entre la historia de Jesús y el acceso a la fe y nos muestra con qué fuerza el acontecimiento del Señor sostiene nuestra fe en la historia de la Iglesia y de la evangelización. Sin embargo no se puede olvidar que la Escritura sin la Tradición es letra muerta y que la Tradición sin la Escritura pierde su raíz en la inspiración divina y corre el riesgo de convertirse en una simple obra humana.

 

12. Al transmitir la fe siempre se debe conservar pura la memoria apostólica, pero buscando un modo de hablar que no se quede en expresiones lingüísticas que solo nosotros los creyentes podemos conocer y que, a veces, se convierten en una jerga de simple supervivencia; por esto debemos encontrar palabras de vida eterna capaces de despertar el deseo del encuentro personal con Jesús.

 

13. Los modernos medios de comunicación intentan tergiversar y manipular el mensaje cristiano; por este motivo se necesita conocer sus técnicas de comunicación para poder encontrar un lenguaje apto, para presentar las enseñanzas de la Iglesia, que pueda comunicar con éxito el verdadero rostro de Dios lleno de amor y misericordia. El mundo digital y las redes sociales, no obstante los peligros que puedan comportar, son instrumentos que debemos utilizar para transmitir el mensaje del Evangelio al hombre de hoy.

 

 

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