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// 28-11-2014 //              

- Vida Consagrada 2015

- Enseñar con coherencia de vida

   

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Objetivo V:

Que en la Diócesis se establezca un sistema fluido y eficaz de comunicación social que favorezca el compartir noticias, la organización y coordinación pastoral, y el intercambio de experiencias entre las comunidades. Tener presencia en los medios de comunicación locales.

 

Anexo I de la Carta Pastoral a todos los fieles de la Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje, presentando las conclusiones de la Asamblea Pastoral del Pueblo de Dios.

 

 

 

 

Vida Consagrada 2015

 

Con gozo en el corazón, daremos inicio al
Año de la Vida Consagrada que el Papa
Francisco dispuso para el 2015

 

El 30 de noviembre nos encontraremos a partir de las 12.00 para compartir el almuerzo a la canasta y vivencias.

 

Mons. Luis Guillermo celebrará a las 16.00 la Eucaristía dando apertura al Año de la Vida Consagrada.

 

Lugar: Hogar de Ciegas. Brown N° 362 (entre Yatay y Abel Costa – Morón)

 

 

 

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PRÓXIMA SALIDAS e INFORMES:

anamaria_crocco@yahoo.com.ar  -  Cel: 15 4494 4904
 

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Junta Regional de Educación Católica (JUREC)

Salta 327, Morón - 4489-5615

 

Encuentro de Fin de Año

 

ENSEÑAR CON COHERENCIA DE VIDA
Testimonio de compromiso docente
del P. Félix Martín, ss.cc.

 

Participamos del Encuentro de Fin de Año de la Junta Regional de Educación Católica y nos fuimos enriquecidos con el testimonio de vida y vida docente del P. Félix Martín. Sus palabras transcritas más abajo, alimentarán no sólo la dimensión profesional de los docentes, sino que especialmente enriquecerán el espíritu de nuestros lectores.

 

Durante el Encuentro, llevado a cabo el 21 de noviembre, el Prof. Hugo Palazzo y la Sra. Stella Maris Núñez presentaron el informe de actividades y logros de la JUREC de este año, y se brindó un reconocimiento a Josefina Romano (Jani), Secretaria de la Institución que se despide de la actividad por motivos jubilatorios.

 

 

- “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Los que escuchan mi Palabra y la ponen en práctica”, señaló Jesús.

- “Felices más bien, los que escuchan la Palabra y la practican”, responderá más adelante, ante otra situación.

 

Fue por estas afirmaciones y tomando como referencia lo expuesto por el P. Félix, que Mons. Luis Guillermo Eichhorn remarcó a los Directivos y Representantes Legales de sus Colegios, la importancia de recuperar en plenitud la identidad católica de las comunidades educativas desde la Palabra de Dios, desde el encuentro con Jesucristo vivo que es la Palabra encarnada, para poder vivir el evangelio y así transmitirlo con el testimonio de vida y el estilo de cada Institución.

 

Para ver el video, clik en la imagen o aquí.

Compartimos nuestra fe por FM Stepinac, 91.9, desde la ciudad de Hurlingham.

 

Testimonio del P. Félix y desafíos para
la Educación Católica según su visión

 

Recordamos que el P. Félix, Sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones y Director de Pastoral del Colegio Emaús, cuenta con una larga y fructífera trayectoria al servicio de la educación ejercida en diferentes ámbitos, y se ha desempeñado por muchos años como Vicario Episcopal de Educación de la Diócesis. Son 48 años dedicados a la docencia que le valieron recientemente, en el mes de septiembre, la Distinción "Divino Maestro 2014" otorgada por el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC). El reconocimiento se concede a educadores que se han destacado por su dedicación a una educación evangelizadora y promotora de valores cristianos.

 

Su testimonio docente y las cosas que lo fueron marcando en la vida educativa, ayudan a entender más el presente y los desafíos que las comunidades deben afrontar, para llevar adelante en los diversos ámbitos la vocación cristiana:

 

“A lo largo de mi vida como educador mi ideal ha sido Jesús, pero fue el texto evangélico de Mc.1, 22 el inspirador de mi actividad docente: “Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y no como los maestros de la Ley”.


Este texto me movilizó e intenté encontrar el significado de “Enseña con autoridad”. Muy pronto descubrí que significaba enseñar con coherencia de vida. Jesús transmite lo que vive, enseña con su vida.

 

Jesús es un educador que se caracteriza por su coherencia. Nadie puede enseñar lo que no vive y, por el contrario, si vive con autenticidad enseña mucho. En Jesús no hay ninguna contradicción entre lo que enseña y su estilo de vida. Por lo tanto, su mensaje es creíble.

 

La coherencia y el ejemplo son las primeras herramientas que tenemos a nuestro alcance como educadores y, probablemente, son las más eficaces y convincentes a la hora de transmitir y enseñar valores o conductas de vida.

 

Es necesario saber distinguir entre una autoridad exclusivamente vinculada a un rol o a una función institucional, de la autoridad que deriva de la credibilidad de un testimonio.

 

El otro texto iluminador de mi vida docente, fue el relato de los discípulos de Emaús (Lc. 24, 13-35). Excelente muestra del proceso pedagógico de Jesús. Se advierten los pasos que Jesús va dando para "enseñar" a sus discípulos:

Jesús
-
se les acercó: Para enseñar hay que acercarse al alumno.
-
se puso a caminar con ellos: Para enseñar hay que caminar con el alumno.
-
les preguntó: Para enseñar hay que escuchar al alumno.
-
les interpretó las Escrituras: Para enseñar como educador cristiano hay que interpretar los acontecimientos de la vida cotidiana y de la historia a la luz de la fe, es decir, a la luz de la Palabra de Dios.

 

 

Desafíos que debe enfrentar la escuela católica

 

La rápida y, en ocasiones, contradictoria evolución de nuestro tiempo suscita desafíos educativos que interpelan al mundo de la escuela. Ellos inducen a encontrar respuestas adecuadas, no sólo a nivel de los contenidos y de los métodos didácticos, sino también a nivel de la experiencia comunitaria que caracteriza la acción educativa. La relevancia de estos desafíos emerge del contexto de complejidad social, cultural y religiosa en el cual crecen, en concreto, las nuevas generaciones, y que influye significativamente en sus vivencias. Se trata de fenómenos ampliamente conocidos, como el desinterés por las verdades fundamentales de la vida humana, el individualismo, el relativismo moral, el indiferentismo frente a lo religioso, así como también el utilitarismo.

 

En una sociedad global y diversificada que alberga modos diversos y contrastantes de interpretar el mundo y la vida, los educandos se encuentran ante diferentes propuestas de valores y contravalores cada vez más atractivos y estimulantes.

 

En este contexto, resulta particularmente urgente ofrecer a los niños, adolescentes y jóvenes un ambiente y un  itinerario de formación educativa que no se reduzca a ofrecer un servicio sólo en vista a conseguir un título académico. Además del aprendizaje de los conocimientos, es necesario que los alumnos hagan una experiencia fuerte de comunidad educadora.

 

Construir un contexto educativo cristiano es uno de los grandes desafíos a enfrentar en el momento actual: La escuela  católica educa, ante todo, a través del testimonio de vida, vivenciado a través de la calidad de las relaciones interpersonales que unen a todos los integrantes de la comunidad educativa, por el cuidado que las autoridades del establecimiento ponen con respecto a las necesidades de los educadores y educandos, por la apertura a la comunidad diocesana y a la comunidad local, por el transparente testimonio de vida ofrecido por los docentes y todo el personal de la institución. Un establecimiento educativo es católico cuando vive, celebra y transmite la fe.

 

Una educación enraizada en las enseñanzas de Jesús se construye sobre el respeto a la dignidad de cada persona y su unicidad y no sobre una instrucción despersonalizada que reduce al educando a un número fácilmente manipulable.

 

El respeto de las ideas, la apertura a la confrontación, la capacidad de discutir y colaborar en un espíritu de libertad y atención por la persona, son actitudes esenciales en la construcción de una comunidad católica.

 

Una escuela será católica, según mi opinión, cuando revista las siguientes características:

Sea una comunidad educadora de Iglesia, en busca de una fe vivida, celebrada y transmitida comunitariamente con coherencia, respetando y valorando el aporte de cada uno de sus integrantes desde sus talentos personales al servicio de una sociedad diversa; promoviendo la excelencia académica; aprendiendo a ser agentes de cambio en un mundo globalizado, fomentando el espíritu de familia en fidelidad a las enseñanzas del Maestro que nos dice quiénes son su madre y sus hermanos: “Los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Mt.12,50)

 

La escuela católica participa de la misión de la Iglesia, por medio del servicio educativo. Se presenta «como lugar de educación integral de la persona humana a través de un claro proyecto educativo que tiene su fundamento en Cristo, orientado a obrar una síntesis entre fe, cultura y vida.

 

La educación se encuentra hoy en un contexto de rápidos cambios. También la generación a la que ella se dirige cambia velozmente, por lo tanto, cada educador se afronta continuamente a situaciones que, como afirmó el Papa Francisco, “ponen desafíos nuevos que a veces hasta son difíciles de comprender”.

 

En el corazón de los cambios del mundo que estamos llamados a aceptar, amar, descifrar y evangelizar, la educación católica tiene que contribuir al descubrimiento del sentido de la vida y hacer nacer nuevas esperanzas para hoy y el futuro. Por eso, coincido plenamente con lo expresado en el último documento del CELAM (2011) sobre educación titulado: “Vayan y enseñen” que dice:

“….en esta nueva época se necesita actualizar, reforzar o rescatar la identidad de la escuela católica, en la que, a través de la transmisión sistemática y crítica de las ciencias, el saber y las culturas, Jesucristo sea conocido, amado, seguido y anunciado con ardor, como el hombre perfecto y fundamento de todo, en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización para promover y transformar el sentido de la existencia, para pensar, querer y actuar según el evangelio.” (03)

 

Otro de los grandes desafíos es por lo tanto:
Actualizar, reforzar y rescatar la identidad de la escuela católica
.

 

La pobreza espiritual y la disminución del nivel cultural comienzan a pesar, inclusive dentro de las escuelas católicas. Si se quiere evitar un progresivo empobrecimiento es necesario que las escuelas católicas sean dirigidas por equipos inspirados en el Evangelio, formados en la pedagogía cristiana, unidos al proyecto educativo de la escuela católica; y no sometidos a la seducción de lo que está de moda, de lo que viene, por así decir, vendido mejor.

 

El hecho de que los alumnos de numerosas escuelas católicas pertenezcan a una pluralidad de culturas exige a nuestras instituciones que sus educadores enseñen no sólo con palabras, sino con la fuerza de la coherencia de vida. Equipos de conducción, docentes, personal administrativo, toda la comunidad profesional y educativa están llamados a ofrecer, con humildad y cercanía, un testimonio creíble de la fe.

 

Una de las características distintivas de la escuela católica del mañana como también del hoy, será el servicio y la entrega generosa y gratuita de sus directivos y docentes, así como también de sus alumnos.

 

La realidad social tan marcada por la marginación y la pobreza nos interpela como discípulos de Jesús, por lo tanto, una institución educativa católica debe ofrecer a sus integrantes propuestas concretas de ayuda solidaria a los más necesitados. Sería bueno que los alumnos de los diferentes niveles puedan realizar experiencias de colaboración con aquellas personas o familias que se encuentran en situaciones de pobreza o marginación, acompañados por sus educadores, así como también, dentro de lo posible, por sus familias.

 

Se hace cada vez más urgente que la escuela católica sea una comunidad de fe y de vida comprometida en la construcción de una sociedad más honesta y transparente, guiada por un equipo de conducción que funciona armoniosamente sin que ninguno de sus integrantes busque su propia promoción o beneficio. Equipos de conducción que practiquen lo que Jesús dice en el Evangelio: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” (Mc. 9,35).

 

Se corre el riesgo de sentirse propietario de los servicios y de los compromisos que aceptamos. No soportamos que otros puedan tener responsabilidades tan importantes como las nuestras o que nos reemplacen en las que tenemos. Nos atribuimos con gran facilidad el mérito de nuestras cualidades o de nuestros conocimientos. Es preciso estar siempre atentos al bien del conjunto, pasando del horizonte de unos al horizonte de todos. Los directivos tienen que ser los líderes que hacen vivir la educación como una misión compartida.

 

Educar cristianamente implica conformar “comunidades educadoras” en las que todos los que forman parte aporten lo propio: La comunidad entera constituye una verdadera familia educadora, en continuidad y colaboración con la familia de cada alumno, ya que la familia es el primer núcleo educativo y cristiano.

 

Comunidades educadoras que posibilitan el descubrimiento en los educandos de sus responsabilidades en el propio proceso educativo, pero también que “Jesucristo sea conocido, amado, seguido y anunciado con ardor”

La red compleja de las relaciones interpersonales constituye la fuerza de la escuela cuando expresa el amor a la verdad y muestra el camino que conduce a una vida en plenitud, es decir, a “Cristo camino, verdad y vida” (Jn.14,6).

 

La comunidad escolar es una comunidad que aprende a mejorarse, gracias al diálogo permanente en todos los niveles, pero muy en especial entre los educadores y los educandos entre sí.

 

Cuando la identidad de las escuelas se debilita, emergen numerosos problemas, relacionados a la incapacidad de interactuar con los nuevos fenómenos.

 

No menos importante es el desafío de la educación integral

 

Dicen los Obispos del Episcopado Latinoamericano en el Documento de Aparecida (año 2007):

“América Latina vive una particular y delicada emergencia educativa. En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y de habilidades, y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado…” (328)

 

Educar es mucho más que instruir. La escuela católica no debería ceder a la presión tecnocrática y economicista. No se trata de minimizar las solicitudes de la economía o la demanda laboral, sino más bien de respetar a los educandos en su integridad personal, desarrollando las aptitudes y los hábitos que les enriquecen como personas: La creatividad, la imaginación, la capacidad de asumir responsabilidades, la capacidad de descubrir el mundo, de cultivar la justicia y la compasión, la búsqueda de Dios y la maduración en la fe.

 

La propuesta de la educación integral, en una sociedad que cambia tan rápidamente, exige una reflexión continua capaz de renovarla y de hacerla cada vez más rica en calidad. La educación católica no tiene como objetivo la mera capacitación de futuros técnicos y profesionales.

 

Hoy se nos pide a través de nuestras instituciones escolares católicas promover el desarrollo integral  de las personas, no sólo transmitir conocimientos. El paradigma de desarrollo interpretado según una visión humanística, va más allá de la adquisición de conocimientos específicos o habilidades. Apunta a todo el desarrollo de los recursos personales del educando y a crear un vínculo significativo entre la escuela y la vida. Es importante que la educación escolar valorice no sólo las aptitudes relativas a los ámbitos del saber y del saber hacer, sino también aquellas del vivir junto a los demás y del crecer en humanidad.

 

La educación integral consiste en que los alumnos “aprendan a aprender”, y en ese proceso integren equilibradamente contenidos y experiencias; sentimientos, rigor intelectual y fortaleza moral, a fin de poder armonizar  fe, cultura y vida.

 

La especialización de la ciencia y la parcialización del ser humano, propias de nuestra cultura, tientan a transmitir conocimientos monotemáticos y a descuidar experiencias importantes para la formación integral de los alumnos. 

 

Frente a esta realidad la formación permanente de los docentes es urgente, si queremos poder contar, en un futuro, con docentes comprometidos y preocupados por la identidad evangélica del Proyecto Educativo y de su realización. En efecto, no es deseable que en las escuelas católicas exista “una doble población” de docentes; se necesita, en cambio, que trabaje un cuerpo docente homogéneo, dispuesto  a aceptar y a compartir una definida identidad evangélica y un coherente estilo de vida.

 

Es fundamental actualizar la formación docente para que tengan una gran apertura cultural y puedan  asumir con decisión y coraje los desafíos que el mundo actual presenta a la educación. Así los educadores enseñarán lo que saben y testimoniarán lo que creen.

 

 

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EQUIPO DE COMUNICACIÓN SOCIAL - DIÓCESIS DE MORÓN

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