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// 05-05-2016 //
- ASAMBLEA DE LA MISERICORDIA
- Misericordiosos como el Padre – Colecta CALDIM 2016
- Fiesta del Señor de los Milagros de Mailín 2016
- Retiro Espiritual sobre la Misericordia
- MISIONEROS DE LA MISERICORDIA

 

 

Nuestra Diócesis

Abramos la Misericordia
con gestos concretos de amor

ASAMBLEA DE LA MISERICORDIA

7 de mayo

14.30 hs. – García Silva 759 – MORÓN

Se acerca la asamblea de la misericordia. Será un ámbito de encuentro y reflexión para toda la comunidad diocesana en este Año de la Misericordia. El Obispo y los ámbitos de comunión y participación de la Diócesis le encargaron a Caritas la organización de este espacio, que está abierto a la participación de todos. Nos acompañará el Obispo auxiliar de San Isidro, Martín Fassi.

Los invitamos a traer mate y algo para compartir.

Cualquier duda, pueden comunicarse a Caritas Diocesana al 4483-3154, lunes y jueves de 9:30 a 11:30 hs. Correo: moron.caritas@speedy.com.ar

 

 

     
 

 


CONTRIBUCIÓN A LA DIÓCESIS DE MORÓN

Diócesis de Morón - Año de la Divina Misericordia

Colecta CALDIM 2016

Colaboremos con el sostenimiento
de la tarea evangelizadora

MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE

Invitamos a participar de la campaña para el sostenimiento de la Iglesia, a través de la COLECTA CALDIM 2016, que tendrá lugar el fin de semana 7 y 8 de mayo en las Parroquias y Capillas del Obispado; y del 9 al 13, en los colegios e institutos religiosos.

¡“Misericordiosos como el Padre”, como nos anima el Papa Francisco!
El total de lo recaudado este año, será concedido a las pastorales de ADICCIONES Y CARCELARIA.


 

Instituto Sagrado Corazón
 

 

Parroquia Sagrada Familia (Morón Sur)
Capilla Asunción de María

FIESTA DEL SEÑOR DE LOS
MILAGROS DE MAILIN 2016

Organizada por la Capilla Asunción de María de la Parroquia Sagrada Familia de Morón Sur, se llevará a cabo durante este fin de semana, 7 y 8 de mayo, Fiesta de la Ascensión del Señor.

Lugar: Plaza Manzanar, Ruiz Días y Santiago del Estero.

“Señor de los Milagros de Mailín,
manantial de misericordia”

Cronograma

Sábado 7 de mayo
Misa 17 hs. en la Capilla. Luego Procesión.
Comienzo del festival folclórico, 19.00 hs.

Domingo 8
Misa 10.30 hs. En la plaza Manzanar. Luego festival.
Procesión de regreso, 18.00 hs.
Fin del festival, 21.00 hs.

¡Nuevamente el pueblo está de Fiesta,
celebrando la ascensión de Nuestro Señor!


 

 

Familia Misionera

RETIRO ESPIRITUAL SOBRE LA MISERICORDIA

Acompañamos con nuestra oración al Retiro que este fin de semana, 7 y 8 de mayo, realizarán los matrimonios de Familia Misionera con estos temas:

Reflexión espiritual sobre el Año de la Misericordia; declaración Año de la Misericordia de Francisco. (explicación y exposición); talleres obras de misericordia (gravidad, caridad); discriminación -integración;
síntesis y testimonio de: Encuentro de familias, filadelfia, ee.uu., sínodo de la familia; taller sobre temáticas actual de matrimonio y familia; exhortación papal y actitudes que se desprenden de ellas.

Para mayor información sobre este tipo de encuentros:

alicia ayoroa: ali.ayo@hotmail.com


 

 

 

 

ANIMACIÓN MISIONERA

MISIONEROS DE LA MISERICORDIA

Compartimos la reflexión de Mons. Luis Armando Collazuol, Obispo de Concordia, para formarnos en la fe y comprender la importancia que tiene la Misericordia en nuestras vidas, sobre todo en este Año de la Divina Misericordia.

Recibimos en el Estudio al P. Silvio Rocha, Delegado para la Animación Misionera de la Diócesis: “La misericordia está relacionada con la misión que, como cristianos, nos toca cada día en nuestros ambientes dando a conocer a Jesús y su Evangelio, quien hizo misericordia con el mundo entero.


Para ver el video, clic en la imagen o aquí.
Compartimos la fe por FM Stepinac. (descargá la APP)

El presente audio tiene que ver con resaltar aportes para esta misión, con una noción de la Misericordia. Aportes para reflexionar la vida en clave de misión y como misioneros de dicha Misericordia, de la que fuimos partícipes y estamos llamados a compartir para que otros descubran el gran amor que Dios nos tiene; para que descubran que estamos llamados a tener vida en abundancia con Cristo. Una vida como la pensó Dios y que Jesús nos muestra a través de su Evangelio”, explica el P. Silvio.

Nos invita a aprovechar los elementos de esta charla, teniendo en cuenta que la Misericordia está destinada a todos, y todos podemos compartirla. “Quien se siente amado y amado con misericordia, tiene el deseo de compartir ese amor. Es bueno que contagiemos la misericordia de Dios y esto va a ser por gracia del Espíritu”, señala.

En la exposición hay elementos sobre las figuras de Pedro y de Pablo en los que podemos ver en concreto, como actúa la misericordia haciendo que estas personas sean instrumentos, como tantos a lo largo de la historia de la Iglesia. Una historia que no ha terminado y que sigue con nosotros.

Vivir lo que Jesús vivió:
Compartir el amor de su Padre a todos


“Por la creación venimos a la vida con un propósito, con una misión. Como miembros de la Iglesia, todos tenemos la misión en común de manifestar el amor que Dios nos tiene. Amor que muchos no conocen o piensan que por sus situaciones de vida complicada, no pueden vivir otra realidad. Lo importante es descubrir que hay un Dios que tiene un plan para nosotros, que nos trajo a la vida con un propósito, que a través de Jesucristo nos plantea un camino. Que somos personas, que somos hijos de Dios, que tenemos una dignidad y que todos podemos aportar a la construcción de un mundo de acuerdo a ese sueño de Dios.

Salir a compartir esto, es vivir lo que Jesús vivió: Compartir el amor de su Padre a todos, el amor de un Padre que hace salir su sol sobre buenos y malos, que hace llover sobre justos e injustos; que si viste a los lirios del campo y da alimento a los pájaros, cuánto más nos va a acompañar a nosotros y darnos su Espíritu Santo. Este anuncio es para que vivamos como hermanos a pesar de nuestras diferencias. Esto hay que anunciarlo, acercarlo y hacerlo ver en la propia vida”, remarca el P. Silvio.

Actitud misionera

La misión permanente se encarga de animar a las comunidades a salir, a ir al encuentro, a no esperar, a que no piensen que la gente ya conoce el amor que Dios nos tiene, a confirmar esa fe, a ayudar a que perseveren.

“Alguien pasa y siente que alguien le habla del amor de Dios, canta o reza una bendición sobre ellos. Esa persona no vuelve igual a su ambiente. Somos cristianos porque alguien nos anunció a Jesús”, destaca el P. Rocha.

Más allá de las fronteras
Sofía González, una vocación misionera

El P. Silvio nos anima a pedir el don del Espíritu para que nos lleve más allá de cualquier frontera a comunicar la gracia de la fe, la alegría del Evangelio, como es el caso de Sofía González, hermana del P. Matías y miembro del Equipo de Animación Misionera. Sofía partió hacia la Diócesis de Santiago del Estero por un año. Nació en su corazón transmitir lo que vivió de su fe, lo que vivió en la Iglesia, en un lugar que está necesitado de hermanos en la fe, de animadores, de gente que haga que otros puedan vivir lo que ellos vivieron. Sofía lo estudió, meditó y consultó. ¡Como docente y misionera podrá hacer mucho bien! Oramos por su ella y su misión.

MISIONEROS DE LA MISERICORDIA

Ponencia de Mons. Luis Armando Collazuol, Obispo de Concordia, para descargar completa en PDF, con el siguiente orden de temas:

1. “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”
2. La Iglesia peregrina es por naturaleza “misionera”. La Iglesia misionera es por naturaleza “misericordiosa”
3. Todo cristiano está llamado a ser misionero de la Misericordia
4. Misionero, “signo de la solicitud materna de la Iglesia”
5. Misionero, “signo vivo de cómo el Padre acoge cuantos están en busca de su perdón”
6. “Artífices de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación”
7. No puedo excusarme. El misionero es un pecador perdonado
8. Algunos caminos para vivir la misión renovada en misericordia
9. María Madre de Misericordia

PARA DESCARGAR CLIC AQUÍ

1. “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”

“En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él, ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (Francisco, Misericordiae vultus, 1).

Jesús es el Amor hecho carne. Dios Hijo se hace Dios niño, humano sin dejar de ser divino. Vive la alegría eterna de proceder del Padre y amar en el Espíritu Santo, y llora en un pesebre cuando siente hambre, para experimentar la ternura de su madre, María. Recibe de José, su padre legal, el nombre de Jesús, porque Él ha venido a salvarnos de nuestros pecados. En José el amor paterno se hace cuidado que fortalece. Jesús, desde niño, creció “en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,52) experimentando la misericordia de su Padre Dios en los gestos, cuidados y palabras de una mamá y un papá humanos.

Las lágrimas de Jesús niño para recibir ternura, se convertirán un día, en Jesús adulto, en lágrimas de dolor que harán estallar su propia ternura. Al contemplarnos alejados de su Padre, en las tinieblas del pecado y en un mundo convulsionado porque no hay amor, Jesús comenzará a anunciarnos que el suyo es también nuestro Padre, que nos ama y espera. Será desde entonces “misionero de la misericordia”, aquella que, conducido por el Espíritu, contempla en el Padre, y que puede comunicar porque Él mismo la aprendió de María y de José en Nazaret.

No le bastarán las palabras; sus gestos expresarán cercanía al que sufre, al enfermo, a la madre que ha perdido un hijo, al hambriento, al que está poseído de un espíritu impuro. Para todos hay una gracia de su Padre misericordioso. También ofrece perdón en abundancia a quien derrocha los bienes que ha recibido del Padre, pero se dispone, arrepentido, a iniciar una vida nueva.

Y llegará hasta el final, hasta el extremo de entregar su vida humana para que tengamos Vida divina. El agua y la sangre de su corazón atravesado por la lanza son fuente de misericordia.

2. La Iglesia peregrina es por naturaleza “misionera”.
La Iglesia misionera es por naturaleza “misericordiosa”

“La Iglesia peregrina es por naturaleza misionera” (AG 2).

La afirmación que encontramos en el documento del Concilio Vaticano II dedicado a la obra misionera, es una afirmación llena de densidad teológica que se irá explicitando paulatinamente con los documentos posconciliares.

Pablo VI, Evangelii Nuntiandi:
“Evangelizar constituye… la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su Muerte y Resurrección gloriosa” (EN, 14)

Juan Pablo II, Redemptoris Missio:
La misión es “un fruto normal de la vida cristiana, un compromiso para todo creyente mediante el testimonio personal y el anuncio explícito” (RM, 27).

Francisco, Evangelii Gaudium:
“La salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia” (EG, 15)

Entre nosotros la conciencia y la acción misionera se han ido iluminando y fortaleciendo con los documentos magisteriales latinoamericanos desde Medellín a Aparecida, y los documentos del Episcopado Argentino desde San Miguel a Navega Mar Adentro. El mundo cambia pero la misión permanece idéntica, aunque reclamando nuevo ardor, nuevas expresiones, nuevos métodos.

En toda su tarea misionera y pastoral, la Iglesia va descubriendo nuevos horizontes de misión.

La afirmación “la Iglesia peregrina es por naturaleza misionera” tiene sus raíces en el documento conciliar sobre la Iglesia, la Lumen Gentium, que expresa la naturaleza de la Iglesia presente en el mundo como “sacramento universal de salvación” (LG, 48; cf. GS, 45; AG, 1), querida por el Padre que envía al Hijo para salvarnos en la Pascua y al Espíritu Santo para santificarnos y congregarnos en el Pueblo de Dios.

Este Pueblo camina en la historia de los hombres ofreciendo la salvación, la participación en la vida divina. Un Pueblo que testimonia y anuncia, y, desde su identidad, dialoga con las demás confesiones religiosas y con la cultura el mundo en el que vive, para ofrecer la riqueza de la misericordia que se le ha confiado.

La Iglesia misionera es por naturaleza misericordiosa

Lo es porque hace presente la obra de Jesús, que ha venido a traer la misericordia, la salvación del hombre, la participación en la vida divina. No se trata de “copiar” lo que hacía Jesús, sino dejarnos inspirar por su estilo, es decir, sus gestos, vínculos, palabras, acciones, que son la fuente de la que mana una corriente de Vida que va encontrando diversos cauces según los tiempos y lugares.

Benedicto XVI, Deus Caritas est:
“Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (DC, 25).

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium propone una Iglesia no autorreferencial y cerrada sobre sí, sino en permanente salida misionera, particularmente hacia todas las periferias humanas, no sólo las geográficas, sino las del dolor, de la ignorancia y del pecado, con una búsqueda de cercanía a todos los hombres en su situación. La suya es una invitación a crecer en una visión profética y una actitud misericordiosa.

En la obra evangelizadora “el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu”. En el corazón de esta obra está Jesús “el primero y el más grande evangelizador”, quien llama hoy a cada uno de nosotros a participar con Él en la obra de salvación (EG 12). Se trata de un “anuncio renovado”, pero “en realidad, su centro y esencia es siempre el mismo: el Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado” (EG 11).

3. Todo cristiano está llamado a ser
misionero de la Misericordia

La expresión nos viene a decir que el alma de nuestro ser y actuar misionero es testimoniar la cercanía de Dios y de su modo de amar.

En Misericordiae Vultus, n° 18, la expresión Misioneros de la Misericordia tiene un significado concreto, concerniente a una propuesta del Papa para el Año de la Misericordia. Se refiere a los sacerdotes con potestad de perdonar algunos pecados reservados a la Sede Apostólica y con misión de predicar de manera especial el perdón y el amor de Dios. Efectivamente, más de 1000 sacerdotes misioneros de la misericordia, seleccionados en todo el mundo, fueron enviados por el Papa Francisco el pasado Miércoles de Cenizas. De ellos dice:

- “Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios”.

- “Serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge a cuantos están en busca de su perdón”.

- “Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo”… para “celebrar el sacramento de la Reconciliación para los fieles, para que el tiempo de gracia donado en el Año jubilar permita a tantos hijos alejados encontrar el camino de regreso hacia la casa paterna”.

¿Puede incluirnos esta expresión: “Misioneros de la misericordia”, aún desde el lugar de laicos? ¡Sí! Cuando Jesús confiere su potestad a los Apóstoles, ésta es expresión ministerial de la misión de toda la Iglesia. De modo análogo podemos encontrar en las expresiones de Papa Francisco los rasgos de todo discípulo misionero, laico, sacerdote ordenado, consagrado, en toda la obra misionera de la que participen, saliendo ad gentes, afrontando los desafíos de la Nueva Evangelización, colaborando en la acción pastoral de su comunidad, o fermentando de Evangelio los ambientes, los sectores y las estructuras humanas en la vida cotidiana ordinaria. La misericordia siempre será el alma de la misión.

El Papa, como vemos, expresa la misión de la misericordia con dos imágenes, de honda raíz bíblica: el amor materno y el amor paterno, de Dios y de la Iglesia, que debe “sacramentalizar” (significar y comunicar) el cristiano en su compromiso misionero. Para testimoniar y anunciar esta misericordia, también nosotros debemos pasar por la escuela de Nazaret. La misericordia es la experiencia de amor que indica la presencia de Dios entre nosotros; la misión es contagiar esa experiencia para que otros se sientan amados por el Padre y miembros de su familia, la Iglesia.

4. Misionero, “Signo de la solicitud materna de la Iglesia”

Todos estamos llamados a expresar el rostro materno de la Iglesia. La Iglesia es Madre porque nos engendra como hijos en el Bautismo, nos educa en la fe, nos alimenta en los sacramentos, nos hace experimentar la alegría de ser familia de Dios, nos consuela en el dolor, nos anima a servir, amar, testimoniar, anunciar. La Iglesia es Madre también porque ofrece el perdón de Dios, regenerando a una nueva vida, fruto de la conversión.

El mandato misionero que hemos recibido en el Bautismo y en la Confirmación puede ser realizado de manera concreta en la cercanía a tantas personas que, quizás sin clara conciencia de ello, anhelan interiormente salir del anonimato de una sociedad que los ignora, o los “usa”… o los descarta, para vivir una fuerte experiencia de vínculos solidarios. Ser para ellos brazos y corazón de una Madre que busca y acoge, es misión de misericordia.

Deseamos que cada cristiano se haga misionero de la misericordia con sentimientos de madre y de padre hacia el hermano que sufre, que está lejos, que no busca ni encuentra el amor de Dios. También nosotros, en este Año de la Misericordia y siempre, hasta que el Buen Pastor nos llame para ser juzgados en el amor (Mt 25,31-46), podemos hacer este trabajo de ser mediadores de misericordia para acercar, para dar alivio, para crear unidad, para mostrar el rostro de Jesús mediante las obras corporales y espirituales de misericordia.

“Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos” (MV 15).

 


5. Misionero, “signo vivo de cómo el Padre
acoge cuantos están en busca de su perdón”

El Papa Francisco dice de los sacerdotes misioneros de la misericordia: serán “anunciadores de la alegría del perdón… predicadores convincentes de la misericordia”.

Pero no sólo ellos. Todo sacerdote ordenado es ministro de la misericordia, enviado a “celebrar el sacramento de la Reconciliación para los fieles, para que el tiempo de gracia donado en el Año jubilar permita a tantos hijos alejados encontrar el camino de regreso hacia la casa paterna” (MV, 18).

Es también misión de cada cristiano: abrir caminos hacia la casa del Padre, ayudar a los hermanos a encontrar luz, andar con ellos hacia la alegría del perdón.

La peregrinación anual hacia el Templo de Jerusalén no era sólo memoria de la liberación en el pasado; expresaba para los israelitas el camino hacia una pascua nueva: perdón como liberación, Alianza que Dios hace nueva con su pueblo.

En la imagen del hijo que vuelve (Lc 15,20) podemos contemplar no sólo a uno, sino a muchos “hijos pródigos” en peregrinación, que como hermanos vuelven juntos, sosteniéndose y animándose mutuamente en el caminar, como aquel antiguo pueblo, sabiendo que aguarda el Padre con sus brazos extendidos para decirles: mi Casa es tu casa. Ése es el lugar del misionero: peregrino hacia el perdón, perdonado que acompaña a otros hacia el encuentro con la Misericordia.

 

6. “Artífices de un encuentro cargado
de humanidad, fuente de liberación”

Este Año Jubilar de la Misericordia, es un tiempo de gracia para celebrar y experimentar la misericordia de Dios muy especialmente a través del sacramento del Perdón, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Es el sacramento de la reconciliación, del encuentro con el Padre que nos hace libres porque nos vuelve a introducir en su Casa como hijos en un clima de fiesta, para gozar de “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom 8,21).

Dejar que el Señor transforme nuestro corazón con su perdón…

Y una misión especial para los sacerdotes:

“Nunca me cansaré de insistir en que los confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre. Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva. Cada uno de nosotros ha recibido el don del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables. Ninguno de nosotros es dueño del Sacramento, sino fiel servidor del perdón de Dios. Cada confesor deberá acoger a los fieles como el padre en la parábola del hijo pródigo: un padre que corre al encuentro del hijo no obstante hubiese dilapidado sus bienes. Los confesores están llamados a abrazar ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría por haberlo encontrado. No se cansarán de salir al encuentro también del otro hijo que se quedó afuera, incapaz de alegrarse, para explicarle que su juicio severo es injusto y no tiene ningún sentido ante la misericordia del Padre que no conoce confines” (MV 17).


7. No puedo excusarme.
El misionero es un pecador perdonado

“El verdadero misionero es el santo” (RM 90). Ser santo es ser misericordioso, el misericordioso abre su corazón al dolor del hermano, sale, conforta, hace Iglesia, hace comunión, hace familia de Dios.

«Pero entonces, esto de ser misionero de la misericordia no es para mí».

«Me dicen que la Misericordia es el atributo que más hermosamente muestra la Santidad de Dios hacia nosotros; ¿Cómo puedo yo manifestarlo con mi vida ensombrecida por debilidades, tentaciones y pecados?».

La excusa podría valer si se tratase de una obra humana… pero veamos…

La Biblia no es una colección de “vidas ejemplares”. Es, desde el principio al final, la historia de pecadores, pero que han experimentado la misericordia de Dios, y con la gracia divina se han convertido en testigos de ese amor que perdona y salva.

Los llamados tienen en común una profunda experiencia de la trascendencia y el poder de Dios, que primero atemoriza y desconcierta, pero luego sana, dispone a recibir la llamada y el envío, y fortalece para responder con disponibilidad generosa. Nos basta mirar, al menos, a dos grandes misioneros llamados y enviados, casos por así decir “emblemáticos”, uno del Antiguo y otro del Nuevo Testamento.

Isaías (Is 6,1-8)

Año 740 a.C. Un sacerdote de Jerusalén, de nombre Isaías (“El Señor salva”), está por iniciar el culto en el templo salomónico con la ofrenda del incienso.

Isaías percibe la manifestación divina entre el humo del incienso y la aclamación angélica de la santidad de Dios, y con temor percibe también su propia impureza y la del pueblo: “¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!”

Purificado por el fuego, la pregunta de Dios es explícita: “¿A quién enviaré…?” El profeta de los labios purificados da una respuesta generosa y sin titubeos: “¡Aquí estoy: envíame!” La respuesta es decidida, segura, inmediata.

Diversa había sido la experiencia de Moisés y la de Jeremías, que a la pregunta opusieron excusas antes de la respuesta. Moisés: “Perdóname, Señor, pero yo nunca he sido una persona elocuente… Yo soy torpe para hablar y me expreso con dificultad” (Ex 4,10).

Jeremías: “¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven” (Jer 1,6).

Isaías, en cambio, sabe que ha sido purificado, y por tanto, preparado para la misión. Con decisión rompe con su pasado sacerdotal y social, y se lanza más allá, al territorio misterioso de la profecía, acompañado sólo de la Palabra del Señor.

Simón Pedro (Lc 5,1-11)

El horizonte es sensiblemente diferente. Estamos a orillas de un lago en Galilea, en medio del rumoreo de gente simple, envueltos en el olor fuerte del pescado, bien diferente de aquel del incienso sagrado.

Es la historia de la vocación de Simón Pedro, pescador en Betsaida (en arameo: “casa del pescado”). La experiencia del poder de Dios es una pesca sobreabundante e inesperada. La experiencia interior de Simón es similar a la de Isaías: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador” (v.8).

La llamada se transforma en un imperativo: “De ahora en adelante serás pescador de hombres” (v.10). La purificación ya había llegado: “No temas”. Ahora es necesaria la respuesta, la decisión dura y exclusiva que comporta una ruptura con el pasado. “Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan”.

“Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron” (v.11). Es un “abandonar todo” que vendrá exigido a todo discípulo de Cristo: “Cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lc 14,33).

El último “sígueme” de Jesús a Simón Pedro, también junto al lago, es el del martirio, supremo testimonio (Jn 21,18-19). El Resucitado hace el llamado, nuevamente, a un pecador perdonado (v.15-17).

Pedro, que había negado tres veces a Jesús, es llamado a profesar su amor tres veces. El pescador es ahora instituido pastor del rebaño. El diálogo en el que Jesús confía a Pedro esta misión apela al amor como única justificación de la misma: “¿me amas?”
“Apacienta mis corderos… mis ovejas”. El rebaño no pertenece a Pedro; él tiene la responsabilidad de conducirlo, pero ellos pertenecen al único Buen Pastor que da su vida y llama a cada uno por su nombre (Jn 10,3).

Cuando Simón Pedro se confesó pecador, Jesús le confió la misión de ser pescador de hombres; cuando con lágrimas de arrepentimiento por sus negaciones dijo tímidamente: “Señor, tú sabes que te quiero”, Jesús le entregó su propio rebaño para apacentarlo. Ahora podrá ser misericordioso, porque ha encontrado la mirada tierna del Maestro, la palabra del perdón, y la confianza de quien lo hace parte de su propia obra.

 

8. Algunos caminos para vivir la
misión renovada en misericordia

En la publicación de la Conferencia Episcopal Argentina, Misericordiosos como el Padre, 2015, que presenta reflexiones y sugerencias para preparar y vivir el Jubileo de la Misericordia, la Comisión Episcopal de Misiones ofrece algunas propuestas concretas (p. 191-199) que me limito a enumerar, y que pueden orientar nuestro trabajo:

- Multiplicar “las misiones” en los lugares más abandonados.
- Proponer a los grupos misioneros ofrecerse para llevar adelante “misiones” en aquellos lugares en que más se necesite “extraer el bien” en todas sus formas.
- Convocar a un “Octubre Misionero de la Misericordia”, en donde haya en común en todas las comunidades o grupos una semana de la Misericordia.
- Convocar, de ser posible, todos los meses, en las comunidades parroquiales o diocesanamente, a “Voluntarios de la Misericordia”.
- Centrar la temática de formación de los grupos misioneros en un anuncio kerygmático de la misericordia de Dios.
- Pensar en la IAM con proyectos concretos para niños y adolescentes.
- Promover la “Unión de enfermos y ancianos misioneros” (UEAM).
- Sensibilizar en la misión ad gentes.
- María, los santos misioneros y los que nos precedieron.

 

9. María Madre de Misericordia

Cuando celebramos la Inmaculada Concepción, contemplamos a María, la Madre Santa del Amor Puro, como el fruto más excelente de la misericordia de Dios. Es privilegiada y excepcionalmente redimida. Es la “llena de gracia”, de la plenitud de gracia para ser la Madre de Dios.

“Además María es la que de manera singular y excepcional ha experimentado - como nadie - la misericordia y, también de manera excepcional, ha hecho posible con el sacrificio de su corazón la propia participación en la revelación de la misericordia divina. Tal sacrificio está estrechamente vinculado con la cruz de su Hijo, a cuyos pies ella se encontraría en el Calvario… Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado, el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el "beso" dado por la misericordia a la justicia. Nadie como ella, María, ha acogido de corazón ese misterio… María, pues, es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la misericordia” (Juan Pablo II, Dives in Misericordia, 9).

María es para los creyentes signo luminoso de la Misericordia divina y guía segura hacia las altas metas de la perfección evangélica y la santidad. María es Madre de Misericordia porque Jesucristo, su Hijo, es enviado por el Padre como revelación de la Misericordia de Dios. Junto a la cruz, ella repite con su Hijo: “Padre, perdónalos…”. María es camino del perdón. Por eso, nos conduce al Confesionario, a la Eucaristía y a la misión. María nos ofrece la Misericordia de Cristo y nos orienta hacia Él. Nos acogemos a la misericordia maternal de María en nuestra debilidad, repitiendo con ella: “Mi alma canta la grandeza del Señor… Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen”.

+ Luis Armando Collazuol
Obispo de Concordia


 

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DELEGACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL - DIÓCESIS DE MORÓN

 

Oficina de Prensa del Obispado de Morón

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

Buen Viaje 936 - Morón     

Teléfono: 4629-3143

Sr. Fabián Parodi

E-mail: obmoronprensa@speedy.com.ar

 

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